Con el Estado del disimulo denominó su estudio sobre el Estado Venezolano y su reforma el escritor, dramaturgo y periodista José Ignacio Cabrujas, una de las plumas punzantes más importantes de la sociedad venezolana del último siglo.
Es que Cabrujas estuvo bien claro sobre las reformas del Estado y la politiquería como bandera para transformar el país y sus críticas lacerantes dejaron heridas profundas en los políticos de sus tiempos porque lanzo muchos dardos envenenados contra Lusinchi, Herrera Campins, Caldera y Carlos Andrés, pero Dios no le dio vida para que viera con sus propios ojos como la revolución de su misma corriente política destruyó a Venezuela en tres décadas.
Ese Estado del disimulo del cual hemos formado parte en el último cuarto de siglo nos ha permitido visualizar de cerca como bastaron solo 27 años para convertir en ruinas un país que llegó a ser el modelo democrático del Continente.
De esas críticas de Cabrujas sacamos grandes aprendizajes que nos permiten ver los dos ángulos de la democracia y la dictadura en un país que vivió las sangrientas carnicerías de los tiempos de Juan Vicente Gómez, Cipriano Castro, Medina Angarita y Marcos Pérez Jiménez.
Nunca llegaron a pensar los venezolanos que regresaríamos a la Venezuela de las encarnizadas dictaduras donde el hambre y la prisión serían los elementos fundamentales para preservar el poder.
Nada comparable con los exilios obligados a que sometieron a Jóvito Villalba para que no ejerciera su liderazgo en el país y que luego de tenerlo en cautiverio en distintas prisiones lo mandaron al exterior en muchas oportunidades para que no entorpeciera el libre tránsito del gobierno militar.
Eran los intelectuales los más castigados en tiempos de dictadura porque eran los voceros y los estandartes de la libertad que con la palabra enardecían las masas y formaban las protestas que la sociedad realizaba bajo un clima de terror único e irrepetible que con el miedo como compañero de viaje condenaba a la sociedad a la mudez y el silencio.
La sociedad del disimulo nunca terminó de ver las reformas del Estado porque todo lo que hacía el gobierno era aceptado como una gran verdad y nadie protestaba las decisiones tomadas por la dictadura de turno. Todo el mundo veía la felicidad disfrazada de samaritanos en los rostros de los niños macilentos de nuestra patria.
Con trucos legales los dictadores imponían su juego autoritario por encima de la voluntad popular y hacían lo que querían con la gente al impulsar reformas estatutarias solo consultadas con los sequitos del gobierno de turno. Así transcurrió medio siglo de las dictaduras más voraces dejando en el camino sangre, sudor y lágrimas.
Una vez enterrada la alternancia en el poder de AD y Copei en la jugada maestra de Rómulo para que fueran los adecos y los copeyanos los dueños de la República después que pasaron las marejadas de las dictaduras latinoamericanas más sanguinarias.
Se nos vino encima la democracia con Leoni, Lusinchi, Carlos Andrés, Caldera y Luis Herrera y cuando creíamos que todo seguiría intacto bajo el esquema democrático vino el sobreseimiento a la causa de Hugo Chávez que estaba preso en la cárcel de Yare y que alborotó el avispero popular para llevarse en sus hombros el triunfo contundente que llevó en hombros al Nieto de Maisanta el poder gubernamental.
Se cumplió lo que escribió Pablo Neruda “los latinos están condenados a buscar siempre un vengador para arreglar los mandatos de los países de esta parte del globo. Eso iba en contradicción con las pesadillas más grandes del Continente y que eran según los historiadores irrepetibles para cualquier nación del planeta.
Con “El por ahora” lanzado desde VTV y el resto de los canales venezolanos Hugo Chávez se puso la corona de ganador para llevarse en elecciones libres y transparentes la victoria que lo pondría en Miraflores para gobernar hasta que se cansara del poder.
A ese triunfo apostó Venezuela que se metió de nuevo en la jaula de las dictaduras que traía el de Sabaneta tatuado en alguna parte de su cuerpo.
Transcurrieron los 13 años de Chávez en el poder con una sarta de políticas populistas que incluyeron las bolsas clap, las viviendas populares, los bonos, la entrega de gas, el control del agua y las interrupciones del flujo eléctrico.
Se volvió pedazos la moneda nacional al caer el bolívar hasta las profundidades del averno y se abandonaron los servicios fundamentales como agua, luz, gasolina, gas y los servicios básicos quedaron condenados a la nada.
El agua es una tragedia nacional que es sustituida por los camiones cisternas el negocio redondo más importante de esta era y en sitios como Margarita y Coche entraron en aprender a sobrevivir sin el vital líquido. Lo de la luz es impresionante como se deterioró para tener a oscuras a una sociedad enferma por los bombardeos sicológicos de los amos del Valle.
NI se diga del teléfono que vieron caer vuelta trizas todas líneas para convertir a CANTV en un cementerio de latón donde se incomunicó a la gente para siempre. La educación se desplomó y todos los terrenos conquistados volvieron a convertirse en hojas secas y detritus de murciélagos porque con salarios miserables los maestros de las escuelas, los profesores de los liceos y las universidades perdieron la motivación y huyeron del país para terminar limpiando pocetas y lacando platos en los restaurantes norteños.
La revolución convirtió a Venezuela en el país abanderado de la corrupción en el mundo. Y es que una vez muerto Chávez se terminó de perder el rumbo en medio de corruptelas y un malandraje que después del 3 de enero tiemblan porque la mano larga de la justicia los puede alcanzar.
La sociedad del disimulo ahora es cuando cobra vigencia porque los chavistas sepultaron el color ojo y ahora visten de azul para simbolizar el cambio de paradigma o la voltereta que recién acaban de dar para seguir aparentando que están en el poder.
Ese es el verdadero disimulo que hizo enterrar bien profundo las semillas de la revolución con la boina y el “Yanqui go home” en la misma urna para que la madre tierra se tragara el pensamiento ideológico que el zurdo de Sabaneta ondeaba como un trofeo obsequiado por su amigo Fidel Castro que encontró en el teniente coronel el muñeco que daba órdenes para condenar a esta sociedad al caos.
Era una copia similar al gobierno cubano con el control de todas instituciones y donde la comida era repartida por el Estado para controlar el hambre del pueblo.
Todo pasó a ser controlado por el gobierno y nada quedó en manos de la empresa privada porque todo le rendían cuentas al mando supremo de la revolución hasta que el 3E llegaron los aviones con armas y bombas lanzados por los cuatro costados para cambiar todo el tapizado del color rojo en Venezuela.
A partir de ese momento empezó una novela nueva con el color azul como tapiz de fondo y con las órdenes enviadas desde el norte por vía WhatsApp con la frase hiriente de EJECÚTESE que le rompe los tímpanos a los comunistas de formación.
Había llegado la gran humillación y la sepultura de una novela comunista que tuvo su fin el 3E cuando se reventaron los tímpanos de los militares y la Venezuela bolivariana había bajado el telón para comenzar un nuevo panorama de un híbrido de gobierno con un estado tutelado en una sociedad del disimulo donde la actuación es la marca de fábrica de un gobierno desdibujado que raya en sociedad de la mentira.
Encíclica/ManuelAvila


