“Los pozos de agua son una de las primeras obras de ingeniería de la humanidad. Los más antiguos se construyeron hace unos 10 mil años durante el período Neolítico en lugares como Chipre y Siria.
Esas excavaciones permitieron el asentamiento de poblaciones y el desarrollo de civilizaciones. Desde la excavación manual hasta la perforación moderna su evolución cuenta con historia de la supervivencia humana. Las primeras excavaciones a mano se hacían con pico y pala para alcanzar acuíferos superficiales”. (Google).
No se sabe, ni se tienen documentos escritos desde cuando los pozos de agua construidos por los margariteños les permitieron a los habitantes de Margarita desde los años 30 sobrevivir a las inclemencias de la sed.
Así formaban sus familias, se bañaban y mantenían sus plantaciones agrícolas con las cuales conseguían los productos de la dieta diaria donde la auyama, los frijoles, las berenjenas, los ajíes, pepinos, caraotas, quimbombó (chimbombó), tomates margariteños y la yuca eran los principales productos de la tierra insular.
Era necesario regar las matas porque las lluvias eran muy escasas en una zona tan árida como la isla.
Por esa crítica situación del agua Margarita y Coche han sufrido calamidades por centurias y los cantos de sirena en los gobiernos democráticos fueron paños de agua caliente.
La historia del agua en Margarita es una historia de constante adaptación frente a la escasez natural, porque por su clima árido y su geografía insular le ha permitido a los insulares vivir la pesadilla del agua desde siempre.
Los indios guaiqueríes y los conquistadores españoles obtenían el agua dulce de manantiales y riachuelos que venían de las zonas montañosas del Valle el Espíritu Santo, San Juan Bautista, Tacarigua y Pedro González.
Se construían pozo profundos y estanques para almacenar el agua. Los pozos terminaban salinizándose con el tiempo debido a la salinidad del mar.
Durante la era democrática representativa en las décadas de los años 60 y 70 en los gobiernos de Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins hubo un desarrollo importante en la Isla de Margarita porque abordaron tanto la escasez de agua potable como la transformación de su economía.
En el primer gobierno de Caldera se consolidó la ampliación de las redes de acueductos regionales para alimentar el sistema regional desde Sucre con los bombeos del Embalse de Clavellinos. Era necesario mejorar el sistema hídrico porque el crecimiento poblacional requería del auxilio de los gobiernos de turno.
En el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) se avanzó con la construcción del Sistema Turimiquire que beneficio a Sucre, Anzoátegui y Nueva Esparta mediante trasvases y tubería submarina.
En el gobierno de Luis Herrera Campins entre 1979 y 1984 se puso en marcha a gran escala el Sistema Turimiquire y se sembraron tuberías submarinas con tuberías paralelas a través del Golfo de Cariaco y la fosa marina hacia la Isla de Coche y Margarita para paliar la escasez de agua en Nueva Esparta.
Con el boom del Puerto Libre que trajo a la isla un crecimiento poblacional y turístico sin precedentes se acrecentó el problema del agua en la isla
Ni en los años 50 teníamos la calamidad del agua cuando los margariteños usaban los pozos de agua como paliativo y con los últimos 27 años de revolución solo han pegado pedazos de tubos con soldaduras de nivel para detener las fugas permanentes que comprometen cada día la salud el habitante de la isla. Por eso ha sido pura politiquería exacerbada que en nada ha incidido en algún avance en esta materia.
El invento de los ciclos de agua ha sometido a los margariteños y cochenses a una lucha interminable contra los lapsos que superan los 50 día sin agua y en otros municipios la tragedia ha sido peor porque pasan meses sin recibir el vital líquido. Lo que si ha crecido como un gigante es el negocio de las cisternas y el cobro excesivo en dólares que merman la economía del habitante de la isla.
Nadie cambiará por ahora el nefasto tema de los ciclos que actúan como períodos de tortura que mantiene a los pobladores de la isla en ascuas ante esa tortura colectiva que es manejada por Hidrocaribe como el torturador mental de una sociedad que no se merece tanta desidia por un gobierno que decidió invertir en otras naciones a quienes les regaló carreteras, autopistas, hospitales, escuelas y acueductos mientras la tierra insular no ha visto en el régimen de Chávez y Maduro ningún intento por mejorar la calidad de vida de los insulares que junto a la crisis del agua sepultan cada día el desarrollo de Margarita y Coche dos espacios turísticos convertidos en tierra de nadie.
La crisis del agua está en su máximo nivel lo que afecta la tranquilidad de los insulares que viven entre apagones diarios y sequías de 50 días, pero además en una economía quebrada con salarios de miseria los protagonistas son los mafiosos del negocio del agua que disfrutan el tiempo de vivir bajo un régimen que nada aporta a la sobrevivencia de estos pueblos.
Nada pueden decir los fanáticos del régimen sobre la involución del sistema del agua en Nueva Esparta porque con soldaduras y pañitos calientes no se hace patria en una tierra que solo ha visto como obra la construcción de anime y goma espuma de La Auyama y las expropiaciones de Conferry y el Puerto de la Mar.
A HIdrocaribe la condenaron a un repartidor de ciclos que con cuatro cisternas pretende mostrar su eficiencia cuando es la peor tragedia histórica de una empresa hídrica que entra a la historia como el peor fiasco en nuestra región, pues la escasez de agua atenta contra la paz y la tranquilidad de un pueblo condenado a vivir en la zozobra mental, pues como dijo Brak Obama en la cumbre de Las Américas del 2009 en Trinidad y Tobago “No he venido aquí para debatir el pasado. He venido aquí a lidiar con el futuro.
Encíclica/ManuelAvila


