De la prima Inés Belén solo se pueden decir cosas bonitas porque era una mujer de temple, inteligencia y coraje que salió del corazón de Los Robles y de un hogar muy humano donde el patriarca Bonifacio Suárez “Facho” solo conoció el trabajo en La Sabaneta el fundo donde este roblero muy organizado sembró con su alma por años mucho maíz para alimentar a los robleros.
De esa casta salió Inés Belén la hija de Isidro Suárez y Rosa Mago que fue la líder de esa familia y que dicen los conocedores que fue por su carácter la heredera de Inés Guerra una mujer de carácter que fue la partera ciega de Los Robles y que se cansó de traer niños al mundo en un pueblo que carecía de las más elementales condiciones de vida.
Y es que Los Robles por años fue la cenicienta de esta parte de Margarita porque le llegó la electricidad, el agua, el servicio telefónico y todas las formas de desarrollo en la cola de Porlamar, La Asunción y Pampatar.
De ese hogar pobre de Isidro y Rosa y con Ascensión Suárez “Chon” como un motorcito de alta cilindrada que cocinaba y era la encargada de los oficios de la casa que no se detenía de trabajar y hablar.
Quizás Inés fue sumando valores viendo el desandar de sus familiares entre el conuco y la pobreza, pues esa flor brotó como una rosa entre las espinas del terreno de La Sabaneta donde la tierra fértil daba todo para el consumo familiar y para venderle al pueblo parte del consumo de cada día.
Esas vivencias de Isidro, Rosa Mago y Bonifacio impulsaron a Inés Belén a ser una gran estudiante y una mujer de coraje e intelecto con valores elevados que la forjaron como mujer de temple y corazón.
Esa Sabaneta de los amores de los Suárez la adquirió Bonifacio Suárez con toda la legalidad existente para esos tiempos de la colonia.
Dicen que era de una tal Ana María Ramírez dueña de los predios de Los Robles y parte de Pampatar para los años 1800 y que procedente de Tacarigua fue vendiendo sus propiedades en el tiempo a los vecinos de Los Robles.
Ese terreno tiene historia y que Bonifacio Suárez un hombre mega organizado supo inclusive repartir su herencia a sus cuatro hijos con todas las de la ley como herencia familiar a Isidro, Clemencia, Lorenza y Jovita, de manera que no se quedara ninguno sin saborear los productos agrícolas que esa tierra milagrosa paría a cada momento.
Esa tierra la cuidó Facho como el iris de sus ojos y la sembraron por años Juan Suárez y mi padre el Negro Chocolate que fueron en esos tiempos los que más maíz cultivaban en Los Robles.
Da risa que después que Inés organizara con tanto decoro y orden los documentos de La Sabaneta, ahora aparecieron unos dizques descendientes de la tal Ana María Ramírez reclamando la propiedad de unas tierras legalmente documentadas por los Suárez.
A Inés Belén le correspondió sacar la casta por los hijos de Isidro Suárez y se fue a Caracas cuando era imposible para los margariteños salir a formarse intelectualmente en la capital de la República.
Se las ingenio Neco como le decían en la familia y saltando montañas y puentes llegó a la célebre Universidad Central de Venezuela para graduarse de nutricionista, quizás influida por la tierra y por la producción de tantos productos que mitigaban el hambre de la gente de su pueblo.
Con las mejores calificaciones pudo Inés Belén graduarse en la UCV y casi inmediatamente se vino a la isla a poner sus conocimientos al servicio de su pueblo.
En Los Robles se encontró de nuevo con su novio Jesús Ferrer Luna el hijo de Vicentico un intelectual roblero de fina inteligencia con quien hizo una familia maravillosa que muchos frutos le ha dado a los pilarenses desde los espacios de la intelectualidad.
Ese acto de coraje habla muy bien de una mujer cuyo norte siempre fue el de atender a su gente porque esos fueron los valores que aprendió de sus ancestros. Así llegó a la isla Inés cuando por estos pueblos no había ni una sola alma que hubiese estudiado ni por correspondencia nutrición y dietética.
Por eso cuando llegó a la isla inmediatamente el gobernador del momento Morel Rodríguez Avila y el gobierno nacional le dieron el cargo de directora de Nutrición del estado Nueva Esparta.
Ya había dirigido como plan piloto el Comedor Popular de Porlamar donde dejó un legado de cómo se gerencia un espacio para vender comida a los trabajadores del Mercado de Porlamar.
Ahí puso en práctica Inés Belén su nivel gerencial al diseñar un centro de alimentación donde los comensales de Porlamar y demás pueblos de la isla disfrutaban de una gerencia pública eficiente.
Eso dio pie para que manejara con propiedad aquel proyecto del “Vaso de leche Popular” que impulsó el Instituto Nacional de Nutrición y que fue un exitazo en Nueva Esparta donde su directora recibió los mejores elogios de parte del Gobernador de Nueva Esparta y del Gobierno Nacional.
Con su compañero Chuito Ferrer funcionario del Ministerio de Salud logró crear grandes jugadas alimentarias que le dieron un rango de super gerente de alimentación en la región. Bastaba con ver a las cocineras robleras que hicieron equipo con Neco y su prima hermana Ylba su mano derecha en el Comedor Popular. Eso lo presencié cuando me iba con mi tía Ylba Rosas al Comedor Popular y veía las caras de la gente pobre de Porlamar disfrutando de los platos que fabricaban en unos calderos enormes mujeres robleras como Fina la de Polo, Maguela, la esposa de Juan Suárez y tantas otras que eran las encargadas de los almuerzos diarios.
Y cómo olvidarme de Juan Colorado el chofer del Comedor que era una especie de todero que siempre metía las manos en cada movimiento que se hacía en ese espacio gastronómico.
Mis cuantos tickets vendí en ese Comedor Popular que diseño con el alma la estudiante de Nutrición y Dietética que fue a la UCV a buscar conocimientos para ayudar a su pueblo y que su obra estuvo en distintas ideas creadas para ayudar a la gente.
Por años Inés fue la referencia en materia de nutrición en el estado porque se ganó sus galones en el campo de la pobreza de estos pueblos insulares.
Con Chuito Ferrer hizo su vida Neco y de ahí nacieron Morelia, Chuito, Rosita y David, todos intelectuales que mucho han aportado al desarrollo del país y de Nueva Esparta.
A Morelia le correspondió estar al lado de uno de los grandes de la política insular Felipe Rodríguez y le dio valor a la inteligencia al colaborar con propuestas sociales importantes para los pueblos de Margarita, a Chuito le correspondió ser ingeniero electrónico con paso por la USB donde llego a ser hasta Vicerrector de esa casa de estudios, a Rosita le correspondió ser Directora de Educación del Estado y Directora de Educación de Maneiro y a David un médico ginecólogo exitoso en la región.
Inés Belén en su última etapa de la vida se entregó a la iglesia realizando grandes aportes que le permitieron sembrar la fe en todos los sectores del Municipio Maneiro.
Su legado quedó regado por los predios de La Sabaneta que fue su orgullo de la tierra donde dio sus primeros pasos y compartió con Isidro y Chon sus tareas de ver crecer el maíz, la berenjena, los pepinos, los frijoles, la yuca, la auyama y aquellas cerezas del pozo que se llevó en sus sueños de gerente de la alimentación en Margarita.
A nosotros corresponde defender ese legado de un terreno decretado agrícola hace muchos años y que el diputado Felipe Rodríguez logró cambiarle esa denominación para que pudiera ser objeto de venta por parte de la familia Suárez.
Por eso me causa risa cuando voy a la Oficina de Catastro Municipal de Maneiro y me dicen que hay unos descendientes de Ana María Ramírez que dicen ser los dueños de un terreno que le costó sangre, sudor y lágrimas a Bonifacio Súarez y a sus hijos.
A Inés Belén le hubiese costado creer esa jugada de aventureros que apuestan a conseguir tesoros escondidos en la tierra, pero que se equivocaron porque se toparon con el nivel visionario de Bonifacio Suárez que dejó un legado legalmente protocolizado y notariado lo que no le deja un solo boquete abierto a los cazadores de fortuna que amparados en los sueños de la tierra quedaron anclados en el pasado del tiempo.
Encíclica/ManuelAvila


