La pobreza de la gente se le ve en los ojos, en el caminar, en la bolsita que llevan en las manos con cuatro productos que limitan su capacidad de compras. Esa pobreza se nos vino encima como una sombra gigantesca que cubría todo el territorio nacional.
No nos dimos cuenta cuando llegó la miseria a una nación que había tenido el precio del dólar a 4,30 y donde podíamos competir con el dólar de tu a tu. Aún cuando eso es parte de la historia debemos recordar que en la época de CAP llegamos a vivir con sueldos bajos, pero tuvimos un poder adquisitivo elevado porque la economía nos permitía jugar con los salarios hasta tener comodidades importantes.
No se notaba la pobreza que siempre ha rodeado la existencia de los humanos en una especie de inestabilidad que marca definitivamente la vida de una sociedad.
Los pueblos siguieron sufriendo con el paso de los tiempos y continuaron viendo visiones fantásticas que hacían mirar la felicidad muy cerca de nuestra visión. Avanzamos soñando con un mundo mejor y decidimos dejar atrás el modelo democrático para montarnos en la ola de la revolución.
La gente se cegó con las fantasías que nos vendieron envueltos en papel de regalo y decidimos comprar a precio barato un modelo revolucionario que emocionó a las masas y le abrió las puertas de la felicidad a una sociedad hambrienta de justicia social.
Nunca dudamos que fallaríamos en el intento y le importó muy poco a toda la sociedad que cayéramos en la trampa de la mentira revolucionaria. Eso llevó a los ciudadanos de la patria a soñar con la mágica realidad de la distribución equitativa de la riqueza.
Pero dimos el paso soñando con un cambio de país y se nos vinieron encima las propuestas populistas de la Cuba de Fidel con cestas de comidas, bonos, gas comunal, casas regaladas, misiones a granel y todo un mensaje populista que no terminó siendo la solución a los problemas.
El pueblo venezolano ambicioso y lleno de sueños decidió abordar la nave revolucionaria convencidos que vivirían mejor.
Nunca consideraron que vendría la corrupción grotesca a apoderarse de un proyecto revolucionario que perdería el cauce y desbordaría su ruta de navegación. Todo fue una maravilla al principio con un Presidente Chávez manejando el discurso como un malabarista para someter al pueblo a sus ideas maravillosas que al final terminarían sometiendo al venezolano a la peor crisis de su historia.
Solo pañitos calientes en la Venezuela bolivariana que terminaron de convertir al país en una nación que ocupa los últimos lugares en po0breza crítica mundial. No se sabe cuándo perdieron la ruta, pero la entrega de miles de millones de dólares a otras naciones en componendas políticas que buscaban un liderazgo mundial para el comandante. Por eso se repartió a manos llenas el dinero nacional a costa del empobrecimiento de la gente.
Las universidades carentes de presupuestos y la debacle del aparato educativo nacional con sueldos pírricos para los docentes y el personal administrativo y obrero terminaron de enterrar el desarrollo de una nación entrampada en sus propias locuras políticas.
Esa es la Venezuela que parimos con fórceps para iniciar el desandar por el desierto de la pobreza con promesas incumplidas y sueños desbaratados por una clase política sumida en la locura del poder.
Se perdieron 27 años de vida democrática para caer de nuevo en un modelo atrasado que hizo colapsar el modelo de país que habíamos soñado para una patria con tanto potencial por las riquezas del subsuelo.
Todo se derrumbó cuando la corrupción minó el alma nacional con negocios oscuros por todos lados con ambiciosos personajes de la política que engulleron con mordidas grandes la carnada de una nación destruida por las sanguijuelas del juicio final. De todos lados fluyeron bandidos con capuchas que se enriquecieron a manos llenas para mostrase ante el mundo como los nuevos magnates del petróleo que se exhibían en las grandes pasarelas del mundo como los nuevos ricos de la tierra del oro negro.
Mientras tanto los hospitales y ambulatorios se hicieron trizas, las universidades, liceos y escuelas fueron arrasadas por la piratería gerencial y los ministerios se multiplicaron para que la voracidad se llevara en sus fauces el futuro de un país que merece un mejor destino.
AL final de la novela terminó el país imbuido en un clima de decepción y desesperanza que dibujó a una nación enferma de pobreza crítica y donde los ciudadanos que ayer vitoreaban al Presidente hoy claman por un cambio de país que se refleja en unas encuestas que muestran una sociedad enferma. Este es el país que tenemos con un gobierno tutelado y dando muestras de una fortaleza de la mentira que no le sirve para nada porque llegamos al extremo de venderle el alma al Diablo por un puñado de granos de sal.
Es lo que nos queda en un ensayo del fracaso que cobra dividendos al ver a nuestra gente caminando como mutantes con la mirada perdida, con la cabeza gacha y con una tristeza mayúscula que deambula por las calles de los pueblos arrastrando los pies y dando tumbos como si no tuviera alma.
La democracia se asesinó así misma cuando los adecos decidieron sepultar de pie a Carlos Andrés Pérez con aquel renombrado juicio del Sierra Nevada solo porque no siguió las directrices de su partido. Error histórico que terminó de consolidarse cuando Rafael Caldera le dio el sobreseimiento a Hugo Chávez para que participara como candidato presidencial. Esa es la historia de un país que se hizo el harakiri ante los ojos del mundo
.Los nuevos fanatismos nos llevaron a caballo en un experiencia vivida muchas veces y que terminó convirtiendo a nuestro país en tierra arrasada por los sembradores de odios vestidos con traje de gala y corbatas Luis «Butón».
Encíclica/ManuelAvila


