A nadie le duele Porlamar porque la Ciudad luce deshumanizada y la constante de la Ciudad Marinera hace mucho tiempo.
La destrucción de su arquitectura, de sus calles, de sus tradiciones y de sus instituciones son parte de una historia marcada por la mala suerte.
No ha dado Porlamar con un gerente que intente cambios profundos en la transformación de una Ciudad convertida en ruinas por las pésimas políticas de sus gobernantes que solo se han limitado a engordar sus egos y a más nada.
Desde los tiempos de Longart empezó Porlamar a sufrir los maltratos de sus gobernantes y alcaldes y concejales solo hicieron conchupancias atroces con jugadas dislocadas que fueron matando la Ciudad de a poquito.
Un proceso de deterioro progresivo que fue cercenando brazos, piernas y cuerpos de una Ciudad Moribunda donde solo se pensó en hacer dinero y mejorar el estatus económico de sus gobernantes.
Se cometieron todo tipo de tropelías amparados en patentes de corso otorgados por el voto de los ciudadanos que soñaban con una Ciudad en desarrollo.
La misma constante de siempre con los concejales entregados a los dictámenes de los alcaldes en una especie de ritual que tenía a Porlamar como un experimento para cada uno de los actores del proceso de destrucción de su historia y su patrimonio.
Mientras la demolición de la Ciudad avanzó a paso lento los intelectuales de la Porlamar de ayer comenzaron a partir al otro plano con sus baluartes más importantes como José Basilio Hernández, Tango Fernández, Chuito Fernández, Luis Beltrán López, Raimundo Verde Rojas, Carmen Verde de Encinas, Pedro Navarro González, Lino Gutiérrez, Pedro Rivero, Ángel Félix Gómez, Casto Vargas León, Pedro Celstino Vásquez, Mario Salazar, Francisco Narváez, Ramón Vásquez Brito, Luis Castro, Francisco Carreño, José González Navarro, Antonio Defitt Martínez, Inocente Carreño, Francisco Nicolás Castillo, Omar Carreño, Juan Salazar Meneses, Hernán Hernández León, Jesús Rafael Cedeño, Iván Gómez León, Francisco Castañeda, Erwin Murguey, Virgilio Avilas Vivas, Rafael Avila Vivas, Modesto Gómez y tantos otros intelectuales que lucharon unos y otros fueron participes de los saraos políticos que se armaron el Pueblo de la Mar.
Con esa camada de hombres y mujeres se aguantó a medias la destrucción de la Ciudad y una vez desaparecida la Sociedad Progreso una institución de luchas desde donde se monitoreaba cada movimiento político todo se volvió cenizas y en esta Ciudad nadie metió las manos por frenar la deshumanización de la Ciudad.
Hoy día Porlamar ofrece un cuadro dramático con sus barriadas convertidas en tierra de nadie y con sus calles vueltas cráteres lunares por donde no pueden circular ni los vehículos de tracción, con los semáforos pulverizados por el tiempo, botes de agua infernales, negocios cerrados con santamarías oxidadas y convertidos en depósitos de basura.
Este fue el pueblo de los parquímetros que nunca funcionaron, del Puerto de la Mar cerrado por el Presidente H Chávez, con las salas de lectura cerradas, las bibliotecas abandonadas y la Plaza Bolívar sigue siendo un peladero de chivos sin ningún atractivo y con los buhoneros haciendo de las suyas en una ciudad en descomposición total.
Las ordenanzas municipales brillan por su ausencia y hemos visto en los últimos tiempos acontecimientos importantes como la venta de las áreas verdes de Costa Azul, la venta del Parque de Nova, el desastre del Terminal de Pasajeros y la privatización del Museo Narváez y el último acontecimiento fue el intento de venta de la Laguna del Morro que tanto polvo levantó en las redes sociales.
Mientras tanto las escuelas y los centros de salud sufren el paso arrollador de la crisis económica y social del país que mantiene a los maestros y médicos tratando de sobrevivir con sus salarios bonificados y a los estudiantes pensando en ir a las escuelas o dar paso a la ignorancia que el ministro Héctor Rodríguez decreto hace rato como espacios donde se cultiva la ignorancia. Eso fue lo que sentenció con aquella terrible frase “Es mejor no formar a los ciudadanos porque se convierten en escuálidos”.
Ahí está como un cuadro dantesco del desorden administrativo el proyecto del nuevo terminal de pasajeros que descongestionen a una ciudad que se pierde entre el desorden vehicular, buhonería desordenada, los botes de agua y la ausencia de actividades que le devuelvan la identidad a una Ciudad deshumanizada.
Lo peor es que hay una zamurada esperando nuevas elecciones para convertirse en alcaldes y concejales para seguir la procesión de fracasos que mantienen a la Ciudad Marinera como uno de los pueblos más abandonados de la región. No entienden los políticos que alcalde que pierde en Porlamar no tiene regreso y por eso el ex alcalde fracasado que hizo desastres en la Ciudad en los últimos cuatro años anda buscando bonches en la ciudad para proyectar su imagen destruida por su minusvalía gerencial que solo hizo un mural frente a la Panadería 4 de Mayo y un pedazo del espacio cultura en Bella Vista y más nada. Esos son los casos marcados por la historia como nefastos y que indican que los ricos sin cerebro no llegan a nada porque de tarados está llenó el mundo. Por eso no entienden los porlamarenses cómo un tipejo que fue el peor fiasco en el gobierno municipal aún tenga aspiraciones después de probar que todo palo no sirve para trompo:
Así está Porlamar deshumanizada y con una Avenida “Santiago Mariño” creciendo de a poquito por los intentos de este nuevo alcalde y recordando que las promesas del ex alcalde solo fueron sueños de un niño rico caprichoso que ni un carrito de hamburguesas pudo sembrar en los predios de la prestigiosa avenida de ayer, pues como expresó el intelectual Raimundo Verde Rojas en su discurso de los 444 años de Porlamar:
“la integridad moral de los seres humanos no se puede medir por la cuantía del respaldo económico que cada hombre tenga, sino por la solidez y pureza de sus virtudes, de su sabiduría, de su conducta. Es necesario enseñar al margariteño que atesorar bienes de fortuna, que hacer dinero, que enriquecerse, como fin y propósito no es llegar a la meta, ni cumplir obra grande, y es negarse así mismo”.
Encíclica/ManuelAvila


