Después del 3 de enero vemos un país más enredado que de costumbre porque ya en esos 27 años la autopista libre permitió al chavismo hacer lo que le dio la gana con el país.
Transformaron todas las instituciones, todas las leyes de la República y se apoderaron de todo el sistema judicial y la Constitución la pusieron a su servicio.
El populismo fue su norte para mantener a los ciudadanos comiendo en sus manos y por ahí vinieron la entrega de casas, las bolsas de comida, las bombonas de gas, los bonos, la entrega de cosas puntuales en los ambulatorios y hospitales y la toma total de la administración pública y se apoderaron de la libertad de expresión al controlar los medios, con el cierre de emisoras, televisoras, periódicos y periodistas.
El país en sus manos al comprar a los políticos del alacranato hasta convertirlos en perros rabiosos que solo viven para defender al régimen casos de Bernabé Gutiérrez, Alvarado, José Brito, Rati, Bertuchi, Claudio Fermín, Kico Bautista y muchos influencers que con sus programas pagados se convirtieron en resonadores comunicacionales.
Han ido cambiando funcionarios maduristas por funcionarios rojos, pero alejados del preso de Brooklin y de la Primera Dama que tuvo todo el poder en sus manos y que ahora le desarmaron la red completa.
En esos 27 años la conchupancia fue el norte de la oposición que se dedicó a comer bajo la sombra y solo reaccionaron algunos cuando cayeron las bombas en Caracas.
Antes de esa fecha del 3 de enero todo fluyó con el billete como el instrumento para tener en sus manos a unos partidos políticos que fueron judicializados y entregados en bandeja de plata a bandidos sin alama que jugaron a ganar con la ventaja del poder.
Nunca se imaginaron los revolucionarios que tendrán que enterrar el cuerpo de la revolución en plena vía pública con el país entero viendo el sepelio del “yanqui go home” trasmitido por todos los medios televisivos del mundo para que la gente viera la humillación de quienes ayer gritaban muerte al imperialismo y hoy son seguidores de la gestión de Trump y admiradores del Pato Donald.
Enterrar la ideología fue algo dolorosa, pero en este momento lo más importante es preservar el poder a cualquier costo y doblando las patas ante las decisiones de Washington. Todo pasa por seguir el guión y aprovechar las ventajas de poner en los cargos de poder a la gente de la revolución.
El poder sigue estando en manos del régimen y el funcionariado es de la entera confianza del gobierno de turno. Al parecer preservar el poder es el único objetivo de un régimen quebrado por la mitad y que decidió seguir órdenes desde Washington y sonreír con la lengua enrollada y los dientes apretados. Por eso los talibanes como Mario Silva siguen empujando a quienes vieron la entrega de las ideas en una especie de trueque complaciente para aferrarse al poder.
Sin dudas un caso nunca visto en la política mundial porque Venezuela es un estado tutelado por los Estados Unidos y aunque a los chavistas no le guste esta entrega sumisa es parte de la tragedia de quienes antes del 3 de enero ladraban consignas de la izquierda y hoy son mansos gaticos que solo siguen las instrucciones americanas. Solo quieren que le dejen la chupeta de saborear el dulce néctar del poder, aunque sea de mentira.
Juega la revolución a la prórroga porque solo mantienen el poder a medias con leves interrupciones que los asusta cuando se les muestra el crucifijo de un acto electoral transparente que los borraría de la faz de la tierra por efecto del voto popular que es el arma para sacar de circulación a quienes destruyeron un país próspero.
Mantenerse fuera del alcance de las elecciones democráticas parece ser su objetivo porque saben que en la arena electoral ya no tienen chance alguno porque ya el 28 de julio probó que el chavismo no gana alguna en elección en esta tierra.
Mientras tanto la mayoría de los venezolanos ven el papel de los Estados Unidos como una pócima para maquillar un dolor porque a la llegada de Laira Dogu como Jefa de Negocios de la Misión Norteamericana con su curriculum de haber domado a los hondureños y nicaragüenses entre el 2015 el 2022 le daban un palmarés importante para esta misión en Venezuela.
Pasó sin pena ni gloria solo dibujando sonrisas y caracoleando con gestos y muecas mientras la población venezolana con un rosario en las manos apostaba a la salvadora de Honduras y Nicaragua.
Solo se limitó a jugar callada como en un juego de ludo invisible y de aquella parafernalia diplomática anunciada solo quedó para los venezolanos una muestra de la nada diplomática que no da resultados, sino que preña de ilusiones a una sociedad maltratad y destruida por la nada y el silencio.
Nos quedamos con el rosario en las manos y las velas derretidas por los vientos de esperanzas. Se había difuminado de nuevo el milagro del 3E porque la rimbombante diplomática no tuvo el coraje para enfrentar de tú a tú la hiedra del poder.
Una vez pasado el capítulo oscuro de la diplomática Dogu en Venezuela donde nunca mostró las credenciales de su dureza en Honduras y Nicaragua nos aprestamos a recibir a John Barret con su maletín de cierre abierto y la cantaleta americana de los tres pasos donde el sustantivo transición parece un sueño infantil.
Qué enredo dice el común del pueblo que seguirá soñando con la vuelta a la democracia y a la libertad mediante elecciones libres y transparentes. Solo eso quieren los venezolanos para producir el cambio de modelo que le devuelva la legitimidad al país que fue el modelo democrático del Continente.
Por ahora solo nos queda soñar con el país que tuvimos y que fuimos los ciudadanos que irrespetando lo que dice la historia volvimos a caer en manos de un régimen que emulando las dictaduras de otros tiempos nos condenó a la ruina y la miseria nacional, pues como dijo José Saramago “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos”.
Encíclica/ManuelAvila


