Cuando los neoespartanos lloran la tragedia de La Guaira por la cantidad de fallecidos en el doblete de terremoto que se convirtió este 24 de junio en uno de los eventos sobre naturales más grandes de la humanidad corren las mentiras sobre la tierra venezolana en un concierto de falsedades que lejos de ayudar solo perjudican a los afectados en medio del desastre.
Con miles de muertos sembrados bajo los escombros de las edificaciones en La Guaira y Caracas queda al descubierto el desastre de país que tenemos y que el mismo pueblo ha avalado con sus votos en repetidas elecciones.
Aquí nadie por años pidió estudios de suelos y estructuras reglamentarias antisísmicas para construir los edificios de todos los tamaños y hasta los rascacielos que desde 1967 cuando el terremoto de Caracas más nunca ha debido entregarse permisos a lo loco para que tengamos un país construido sobre humedales y en espacios prohibidos.
Pasaron muchos años para que la naturaleza nos cobrara con la Vaguada de Vargas ocurrida entre el 14 y 16 de diciembre de 1999 dejó un gran mensaje que el gobierno engavetó pensando que más nunca la naturaleza nos sorprendería con sus jugadas sorpresivas.
Ahora este 24 de junio el pueblo venezolano recibió una nueva dosis de desastre natural cuando en la tranquilidad de un día feriado la gente estaba tranquila en sus casas descansando y viendo el juego estelar del mundial Brasil-Marruecos. A esas horas de la tarde estalló de nuevo el mundo con un rugido que salía de las entrañas de la tierra para desencadenar un doble terremoto que durante 45 minutos produjo un evento sobrenatural de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter.
Con 190 edificios que cayeron como barajitas se vino la tragedia más grande nuestra historia que barrió con todo el Estado La Guaira que incluyó a Macuto, Las 15 Letras, Caraballeda, Tanaguarena, Caribe, Los Corales y Playa Grande de Catia La Mar para dejar el dolor regado por los pueblos de Caracas y La Guaira y con daños en Miranda, Aragua, Carabobo y otros estados.
Miles de muertos, heridos y desaparecidos forman el triángulo de una sociedad venezolana atrapada en el desastre político, económico y social que mantiene a un país golpeado por los cuatro costados.
Mientras los guaireños con sus manos peladas como palas hacían esfuerzos por rescatar a sus familiares no llegó ninguna ayuda oficial en los tres primeros días y solo el coraje de voluntarios de la sociedad venezolana que llegaron de todos los estados del país fueron capaces de salvar y rescatar muchas víctimas.
A los tres días llegaron los rescatistas internacionales y en ese mismo instante arrancó otro capítulo de luchas por salvar vidas. Pero han sido los mismos protagonistas de La Guaira los que han declarado hasta la saciedad que nunca recibieron ayuda oficial en los tres primeros días y eso lo repiten los periodistas internacionales en videos documentados cargados de amenazas y borrados de celulares y cámaras fotográficas.
Con este desastre que sepultó bajo los escombros a miles de almas inocentes que pagaron con sus vidas la irresponsabilidad que desde 1967 y después en 1999 con el terremoto de Caracas y el deslave de Vargas dejó una alerta a los funcionarios de gobierno para que no otorgaran permisologías chimbas a más nadie en la sociedad venezolana.
Pero ningún gobernante quiso ponerle el cascabel al gato y siguieron retando a la naturaleza otorgando permisos y autorizando construcciones sin estudios de suelos y sin revisar las estructuras sísmicas que son los elementos fundamentales para realizar una construcción apegada a la ley.
A los Colegios de Ingenieros del país nadie los escuchó cuando Chávez ordenó a la Misión Vivienda realizar construcciones de ciudades empapeladas con anime y goma espuma que los chinos y los iranies construyeron pasando por encima de las ordenanzas municipales.
Aquí se hacía lo que decía Chávez y punto, aunque fueran construcciones de anime y goma espuma.
No solo tiene culpa solo Chávez y su gente, sino gobiernos municipales que desde Caracas hasta Falcón y llegando a Margarita, Cumaná y Puerto La Cruz y en todas las municipalidades abrieron las compuertas de las construcciones sin los estudios de suelos y la factibilidad de las estructuras.
Pagaron los inocentes que en una cantidad incalculable quedaron sepultados bajo los escombros para obligar a los gobiernos nacional, regional y municipal a legislar sobre la materia sísmica.
No es la hora de caerse a mentiras sobre las ordenanzas municipales sino de imponer que no se construye un edificio más sin cumplir las regulaciones de la ingeniería municipal o estadal.
A eso se le llama responsabilidad con una sociedad maltratada por las pésimas gestiones que mantienen los cuerpos de seguridad sin camiones cisterna modernos, sin camiones con escaleras para subir a pisos superiores a salvar vidas por incendios, sin uniformes reglamentarios, sin equipos hidráulicos, ni cortadoras, ni martillos de aire y sin la protección adecuada para actuar en este tipo de tragedias.
Esa es la realidad de un pueblo venezolano donde los bomberos y Defensa Civil son los peores pagados junto a los docentes mientras 2 mil generales cobran sueldos mega fabulosos y los médicos sobreviven a la crisis luchando en las instituciones públicas para atender a sus pacientes por falta de insumos.
Esa es la Venezuela que paga de nuevo en La Guaira la torpeza de sus gobernantes y condena a nuestro pueblo a vivir sin condiciones de seguridad lo que termina en tragedias naturales con muertes a granel que son parte no solo de los sismos y vaguadas, sino de la improvisación de gobernantes que no le retribuyen a los ciudadanos el voto que depositó en las urnas para elegir a sus mandatarios.
A partir del 24 de junio nace otra Venezuela donde los ciudadanos no puede pagar con sus vidas las fallas gerenciales de quienes llegan al poder a exhibirse como vedettes y no a realizar obras colectivas que dejen huellas importantes en una sociedad que solo es usada como carne de cañón y donde la riqueza de cuatro vivos pasa por encima de la justicia social que merecen los pueblos, pues como escribió Rómulo Betancourt “Si algo necesitamos en este país es olvidar el señuelo de la riqueza fácil y de la politiquería andante, y de dedicarnos todos, cada uno en la esfera de su actividad, a trabajar empeñosamente”.
Encíclica/ManuelAvila


