El sistema hospitalario venezolano es una vergüenza ante el mundo. Nada hay que mostrar en un país que se jacta de ser el más rico del planeta en reservas petroleras, en minerales y en fuentes de gas y acuíferas.
Deberíamos sentir pena de vivir en un país tan rico en su subsuelo y donde la gente muere en los hospitales contaminados de virus de toda naturaleza, donde los equipos son obsoletos y la conciencia de quienes atienden a los ciudadanos no van acorde con el principio hipocrático y con la conciencia de una nación que ve a sus ciudadanos morir por falta de un sistema de salud atrasado y sepultado en el caos y el desorden.
Gobiernos de los dos bandos han estado al frente de la República y solo de pillastres de todo tipo es de lo único que hemos escuchado hablar en el último medio siglo. Se robaron el país los políticos que administraron las riquezas nacionales y solo se ocuparon de saquear las arcas del Estado.
Da vergüenza que países que en otros tiempos eran la cenicienta del continente hoy están anotados en los avances científicos y nosotros que éramos considerados los ricotes del planeta estamos a la cola de las naciones a quienes ayer le tendíamos la mano para que construyeran los grandes hospitales a sus pueblos.
Somos la nación más atrasada en materia de salud y el contraste se da porque nuestros médicos brillan en el contexto sanitario mundial donde son puntuales de grande avances y proyectos científicos que permiten conceptuar nuestra medicina como una de las mejores del planeta.
Y si vemos en las grandes universidades y centros de investigación del planeta ahí están los venezolanos como baluartes del desarrollo de esas instituciones. Por esa razón no se entiende como el sistema de salud venezolano es una vergüenza que muestra la cara rugosa de una sociedad donde la corrupción y la falta de conciencia llevan la bandera del atraso en materia de salud.
Ya no valen reclamos de los sindicatos de la salud y de voces superiores que han emitido quejas ante el mundo sobre el caos de los centros de salud venezolanos.
Creyeron los que gobernaron el país en los últimos años que estaban construyendo el mejor sistema de salud del mundo cuando se trajeron embajadas enteras de cubanos sin la formación necesaria podían construir un modelo perfecto de salud con hombres y mujeres sin títulos que instalaron en el Proyecto Barrio Adentro para estafar una vez más al pueblo con paños de agua caliente que solo dejaron rastros de un presupuesto comprometido y un médico venezolano apartado y superado por las imposiciones de la jefatura fidelista.
Eso ocurrió en la Venezuela bolivariana donde se perdió el hilo conductor por ese matrimonio ideológico con la Cuba de Fidel que por 27 años dictó las pautas de lo que se debía hacer en materia de salud en nuestro hospitales y ambulatorios que fueron sustituidos por los más de 8 mil Barrio Adentro distribuidos por toda la República, en el acto más irresponsable de gobierno alguno en la historia nacional.
Pero mientras ese acontecimiento bufo ocurría en nuestras propias narices se deterioraban los centros de salud donde miles de muertes ocurrieron en estos 27 años sin que nadie mediara para hacer reflexionar al gnomo que nos gobernaba y que llegó a creer que era más que Dios.
Esa locura ocurrió en nuestra tierra ante los ojos de los que tragaban ideología en las tres comidas diarias con bolsas de comida que ni los cochinos podían comer. Ahí estuvo Alex Saab ese semidios que ahora responde ante la justicia internacional no solo por lavar dólares, sino por diseñar las políticas que atentaron contra la salud de los ciudadanos de esta patria.
Hoy tenemos una sociedad enferma y destruida cerebral y moralmente para convertir este pueblo en un cementerio de mutantes que vieron crecer a oleadas de niños de una generación con una salud maltratada por quienes diseñaron políticas criminales que terminaron convirtiendo a nuestro país en tierra arrasada.
Cuando buscamos en nuestros hospitales una solución a los problemas de la gente solo encontramos ruinas de una sociedad que perdió su tiempo en gobierno populistas y errores de gobierno de quienes sepultaron el país hasta convertirlo en la cenicienta de esta parte del globo.
Por eso reflexionamos sobre el tiempo perdido con saltos atrás de proyectos inconclusos donde destacan desfalcos al erario público y donde solo unos pocos han sido castigados por robarse los dineros de la República.
Cuánto daño le hicimos al país y ahora no hay culpables por ninguna parte porque cada quién entró en la fase negociación para esconder su caca bajo la tierra y mientras tanto esos fanáticos que se desgarraron las franelas por sus líderes hoy están sepultados o convertidos en mutantes que caminan por las calles arrastrando sus pies como pordioseros de la nada.
Dimos un salto atrás de 500 años y hoy no tenemos ni partidos, ni líderes, sino una legión de lobos hambrientos de poder que quieren participar en una rebatiña donde los nuevos comensales del templo de los últimos 27 años asisten al entierro de la ideología que le alteró el cerebro desde el 99 para integrarlos al entierro de una nación rica y convertida en la cenicienta del Continente, pues como señaló Efraín Subero en su ensayo “La generación de la desesperanza, “La democracia funciona sobre la base de los partidos políticos. Pero estos ya no son homogéneos por falta de doctrina, de pureza y de mística. Por falta de altas miras.
Por eso todo el mundo comprende que las agrupaciones políticas no buscan el engrandecimiento del país, sino la conquista del poder. El poder es su fin, no es un medio. Y para ello se dan de trompicones unos a otros. Es de verlos. Cambian de vestuario y de ademanes. Adoptan poses ensayadas que siempre resultan artificiales”.
Encíclica/ManuelAvila


