Lo que le ocurrió a Venezuela fue una tragedia de grandes dimensiones que hizo picadillos la institucionalidad de un país que fue en el pasado la democracia más fuerte del Continente. Sin dudas que la alternancia democrática era una fortaleza democrática que soñaban muchas naciones del planeta.
Teníamos un gran país que aún con sus debilidades institucionales salía adelante en una lucha a brazo partido por mantener el bolívar como la moneda del país y eran los tiempos cuando los venezolanos con sueldos amparados por la fuerza de la moneda permitían que los ciudadanos pudiesen adquirir lo que quisieran en un mercado fortalecido por la riqueza mineral que le daba un poder económico envidiado por otras naciones del planeta.
Era Venezuela la hija consentida de Sudamérica con una empresa petrolera que lucía próspera y donde las credenciales y la jerarquía de los funcionarios era valorada y respetada por el resto del país. Sin dudas PDVSA hacía el trabajo de producción del petróleo y eso daba dividendos para sostener la economía nacional.
El ciudadano tenía acceso al futuro y se podía viajar al exterior, comprar en los mercados internacionales y garantizar seguridad a las familias. Las entidades bancarias daban préstamos a plazos para que los ciudadanos tuvieran sus casas y la mayor parte del país pudo comprar casas con créditos hipotecarios y carros de agencia que permitían al ciudadano con sueldos aceptables que facilitaban al ciudadano tener condiciones de vida.
Esa Venezuela que ahora todos añoramos es parte de los sueños de los venezolanos que no encuentran la fórmula como regresar al país que tantos beneficios dio en el pasado. Era el tiempo cuando los mercados tenían precios aceptables que el ciudadano podía abordar con lo que ganaban por su trabajo en la administración pública.
La gente podía viajar en temporadas vacacionales y hacer compras de productos en otras regiones y salir del país porque teníamos un bolívar fortalecido que tenía reconocimiento en otras naciones donde nuestra moneda tenía valor y poder de compra.
Nadie puede olvidar que en temporadas vacacionales había una fiesta familiar que era repetida cada año con cambio de destino y el mercado turístico interno era garantía de prosperidad para la funcionabilidad de una nación que disfrutó por años la bonanza democrática. Pero como todo no era perfecto comenzó el descalabro cuando los ciudadanos empezaron a ver espejismos revolucionarios cuando en el 98 estalló la crisis política nacional que encontró en el camino la posibilidad de cambio con la vuelta a la revolución con promesas de salvación nacional y con la idea de vender la justicia social como espejismo para salvar al país.
Se había debilitado la democracia y sus valores con acontecimientos políticos equivocados que venían minando el modelo democrático con los sonados casos de la compra del Barco Sierra Nevada y las ayudas a Nicaragua a Violeta Chamorro. Eso desencadenó en el juicio a al Presidente Carlos Andrés Pérez que llevó a cabo el Fiscal Ramon Escobar Salaom y donde el CEN de Acción Democrática cayó en los brazos de la muerte al cobrarle al gocho su negativa a hacerle caso al partido y su decidida posición de gobernar sin el cepo del partido. Ahí comenzó la destrucción de la democracia que cerró con la jugada del Presidente Rafael Caldera al otorgar el sobreseimiento a Hugo Chávez para abrir las puertas de la democracia a los hombres de la intentona golpista.
La jugada de permitir a Chávez hablar después de la intentona le dio argumentos a la revolución para encarrilar su proyecto y el grito de “Por ahora” fue la estocada a la democracia porque la cárcel de Yare fue la tribuna que le dieron a Chávez para proyectarse a la Presidencia con consignas izquierdistas que cautivaron a un pueblo venezolano que ni se imaginaba el rumbo de la historia que se alargaría por 27 años para terminar hastiando al pueblo de Venezuela que ahora no quiere escuchar el término revolución ni de gratis.
Volver a la democracia es ahora el mensaje nacional más sonado porque es lo que manifiestan los ciudadanos después de haber dado un largo paseo por la revolución. Se cansaron los ciudadanos de tantas calamidades y esa posición hizo regresar el alma democrática a la conciencia nacional lo que se probó en los últimos comicios donde la ciudadanía desbordó los controles del gobierno y abre la mente de una sociedad que reclama democracia y libertad.
Después del 3 de enero de 2026 los aires democráticos aparecen de nuevo en la escena con la solicitud de elecciones libres y transparentes que conduzcan al modelo democrático que empezamos a perder en el 98.
La vuelta al ruedo democrático pasa por elecciones libre y el voto de cada ciudadano venezolano porque en definitiva es el votante el que decide la suerte de un país. Eso debe estar claro porque la lucha por la libertad no tiene color político alguno ya que los venezolanos decidieron hace rato que quieren cambio de gobierno y la única forma de lograrlo es mediante un proceso electoral supervisado por organismos internacionales que garanticen la preservación de la soberanía nacional perdida.
La ruina nacional es evidente porque un país donde los ciudadanos viven con dos dólares como salario tiene garantizado solo el rumbo de la crisis y la pobreza de sus ciudadanos. Por eso el reclamo de la gente a ir a elecciones transparentes es un mandato que se logra mediante el voto libre y democrático que conduzca a esta sociedad por los caminos del futuro.
Encíclica/ManuelAvila


