¡Esto se Jodió! Expresión popular, coloquial del venezolanismo puro, que indica que algo está malo, tal vez extremadamente muy malo, sin sentido ni camino, que no hay nada más que hacer, en fase terminal. Si revisamos, como es pertinente en los nuevos tiempos, la versión de la IA, podemos decir, significa “que una situación, un plan o un objeto se ha arruinado, roto o ha salido completamente mal. En general, indica que algo falló de manera irremediable y que no hay forma sencilla de arreglarlo”.
Todo indica que el Estado Venezolano ha entrado en una fase terminal, que el evento sismológico de días pasados ha terminado de evidenciar las profundas grietas que dañan el cuerpo de una república; que tienen treinta (30) años en caída libre y que al parecer está experimentando replicas en su tejido sociopolítico con consecuencias económicas que nos colocan a centímetros de implosionar.
Para el ciudadano de a pie la teoría del “Estado Fallido” cobra fuerza, no por el conocimiento del mismo, si no por la abrumadora realidad que nos abate, aunque no es un concepto fácilmente digerible por la población, el mismo indica que el gobierno ha perdido el control efectivo, ya sea por factores internos o externos en su territorio y ha desbordado la capacidad de proveer los servicios básicos y la seguridad a su población, todo esto debido a que su acción es desplazada por elementos que hacen imposible el desarrollo pleno de sus potencialidades y defectiblemente no tiene la capacidad de lograr el fin último de estado, como lo el bien común.
El colapso estructural de la sociedad alcanza niveles inimaginables, la degradación social no permite avizorar un futuro alentador, a saber, tenemos un sistema educativo desdibujado, planteles educativos que son cascarones vacíos, como guisos sin sal, maestros mal pagados, sin incentivos por las proyecciones a largo plazo que indican que tendrán que trabajar varias vidas para tener una jubilación digna.
Lo mismo ocurre en el sector universitario además de repetir la historia de los bajos salarios, nos topamos que ha nuestras universidades les quitaron las posibilidades de generar sus recursos económicos, las plantas físicas no tienen mantenimiento. Los centros de investigación, o Institutos de investigación no cuentan con los recursos para impulsar, promover y financiar su razón de ser, la investigación científica y humanista, en consecuencia, no hay políticas de becas e incentivos; quedando las virtudes sepultadas en intensiones.
Peor aún en la administración pública el régimen de méritos desapareció por completo para ascender no se estudia, tienes que ser amigo y subordinado del grupo a quien perteneces, es decir ser miembro de un clan llamado “la gestión” de un determinado jerarca. Por esos durante años vemos los mismos individuos en la administración pública.
Si nos referimos al sistema de salud, este se encuentra sumergido en un eterno caos, centros de salud sin dotación de insumos ni medicamento, el personal médico y de enfermería sin herramientas y equipos para procurar dignamente desarrollar sus actividades.
Cuando el ciudadano acude a un hospital, la primera información que recibe es que debe comprar los insumos requeridos y si amerita de una intervención quirúrgica, ya sabe que debe traer el kit para poder entrar al quirófano. El Estado paga el personal y para colmo mal pagado.
Si usted quiere hablar de Seguridad el tema es más turbio, con solo referirnos a la total y absoluta ausencia del Estado de Derecho. Un país donde todo está sujeto a la voluntad de quienes usurpan el poder, bajo una discrecionalidad mal entendida y bañada de corrupción, donde funciona una especie de cofradía, los jueces son designados, no son objeto de un concurso de oposición, imposibilitando su independencia.
Las fuerzas policiales y militares no monopolizan la fuerza para imponer la Razón de Estado, sino para imponer la razón del jefe político, convirtiéndose en brazos armados para la sumisión de la población y jamás para imponer al estado, además de esta vergonzosa realidad, coexisten en paralelo los colectivos armados que generan caos, en muchos casos doblegando a la misma fuerza pública.
Si hurgamos un poco sobre la Administración Pública, no solo podemos señalar la carencia de méritos para ascender, sino la falta de contraloría, no hay control de ningún tipo sobre los recursos del estado, ya sea porque el parlamento a través de su función contralora no se ocupa por los intereses políticos de los jefes para ocultar actos de corrupción, siendo esto sencillo de entender, el Poder Legislativo no tiene autonomía, no representa al pueblo ya que es un apéndice del Poder Ejecutivo, y más grave resulta cuando se observa que el Poder Ciudadano, cuyo uno de sus integrante es la Contraloría General de la Republica interviene para ocultar realidades y complacer al ejecutivo inhabilitando a ciudadanos en sus actividades políticas, por atreverse a denunciar.
Con este dibujo libre del país, sin ahondar en detalles tomando la simple realidad cotidiana observamos lo deprimente que es meditar sobre “el fin último del Estado”, el Bien Común, concepto inexistente, ausente de toda realidad de la acción política, importante subrayar que para que esta premisa se cumpla es necesario que gravite la idea del buen gobierno, donde los administradores estén alejados de la corrupción y del manejo desacertado de los recursos públicos, para brindar la mayor prosperidad material, social y moral a los ciudadanos, donde el sistema de justicia funcione con libertad, equidad para que todos los venezolanos puedan sentirse protegidos por el Estado y rija el Estado de Derecho.
AlfonsoOcando


