Los venezolanos celebraron lo acontecido el 3 E con la captura de Maduro y Cilia porque buscaban salida el problema político del país que mantienen a Venezuela bajo el yugo autoritario.
Todo ha sido un remolino de acontecimientos que tuvieron a Trump y Marcos Rubio liderando las encuestas nacionales del liderazgo compitiendo con María Corina Machado en popularidad. Eso ha venido cambiando intermitentemente por las posiciones que ha manejado el gobierno norteño.
Ayer estaban arriba en la rueda y mañana están abajo por las posiciones alocadas que forman parte de la estrategia norteña. Un juego diabólico que mal pone a los ideólogos de los tres pasos.
Si los venezolanos aprobaron la intervención militar del 3E no fue para mantener vivo el autoritarismo sino para abrir los campos de la democracia mediante elecciones libres y transparentes donde sean los venezolanos los que elijan a sus autoridades.
La estabilidad sin democracia no vale nada en un país que tiene rato empujando las puertas de la libertad y no encuentra esa fuerza ciclónica que le dé el impulso necesario para cambiar un gobierno con 27 años en el poder.
Por esa jugada Trump un gobernante antipático pasó a convertirse en una especie de héroe mitológico sacado de los personajes de las aventuras norteñas. Pero esa visión nacional no ha sido cambiante porque Trump con su acrobacia estratégica o como lo llaman los expertos ambigüedad estratégica ha confundido a tirios y troyanos.
Si las encuestas de opinión han señalado que importa más la democracia que la estabilidad sin democracia esa es la posición de los ciudadanos de un país angustiados por recuperar su modelo democrático que les garantice mejoras en lo político, lo económico y lo social.
La posición constante de Trump ha confundido al pueblo venezolano entero lo que le ha generado amores y odios porque su famosa ambigüedad estratégica ha terminado dejándolo mal parado ante la sociedad venezolana.
Los ciudadanos de este país han apostado a tender un puente hacia la libertad y no una tutela extranjera que cambie el modelo autoritario de 27 años por un Estado 51 que solo existe en la mente dislocada de un ególatra enfermo de poder.
Esa posición de Trump de imponer lo económico por encima de la democracia y lo estrictamente electoral es una distorsionada posición simplista que pone al petróleo como un botín de guerra y que contrasta con lo que ha sostenido el gobernante norteño sobre la riqueza petrolera que tienen los gringos.
Con esa estabilización autoritaria impulsada por Trump no se termina de resolver la crisis política del país, sino de realizar una reconstrucción democrática controlada.
Todo el mundo sabe y comenta que la operación del 3E fue orquestada por las mismas autoridades venezolanas que traicionaron a Maduro para entregarlo mediante una obra teatral bélica planificada por especialista en dramaturgia de guerra que tuvo como resultados la salida de Maduro y Cilia en una operación cinematográfica que cada día se despoja de ficciones y muestra las relaciones entre los funcionarios de USA y los gobernantes venezolanos.
Esa tesis de liberar a Venezuela de Maduro para preservar la arquitectura que lo sostuvo en el poder es una locura de novela de ficción que es infra valorada por los expertos en política porque aquí no ha cambiado nada con un venezolano sufriendo las inclemencias de la crisis económica que mantienen un dólar galopando hacia la miseria de un pueblo que no encuentra la fórmula para salir de ese nudo giordiano.
Ese arreglo autoritario que promueve Trump desde la perspectiva de la ambigüedad estratégica mantiene en el filo de la navaja no solo a Venezuela y su democracia, sino a USA con unas elecciones de medio tiempo que amenazan con dar una derrota aplastante a los republicanos en el mes de noviembre.
La única propuesta importante desde el plano político es apoyar la libertad y el resto de los negocios petroleros y los acomodos autoritarios del régimen son parte de una estrategia de locura que solo cabe en la mente de un estadista del infierno político que cambia de posición cada día y pone en entredicho la salvación democrática de Venezuela.
Si Trump se va por el precipicio político al no defender la libertad como valor político estaría contrariando la historia de los presidentes norteamericanos que siempre apostaron a la libertad y la democracia desde Roosvelt, Truman Kennedy y Reagan.
Pretender convertir la urgencia por la tragedia sobre natural no puede ser un parcho poroso para justificar un gobierno como hizo erróneamente ese Jefe de Negocios John Barret que convierte la diplomacia en solo un antifaz de la política internacional.
Intercambiar diplomacia por petróleo es una bajeza política que atenta contra la democracia y la libertad y abre la fosa del entierro político de un mandatario que vino en busca de egos y está terminando como un humorista de pésimo nivel que entrará a la historia como un anestesiólogo del autoritarismo.
Encíclica/ManuelAvila


