La lucha entre la realidad verdadera de vivir y la ficción de la política imaginaria de los burócratas.
Durante más de veinte (20) años, la republica progresivamente ha ido desdibujándose. El estado venezolano ha dejado a un lado las instituciones del Estado de Derecho, la ética Republicana, la academia, y ha sesgado la dignidad de un pueblo que paulatinamente niega su existencia por las repetidas crisis de carácter moral y económico.
No es nada fácil el aceptar la pérdida patrimonial de 80 por ciento, una emigración de más de 9 millones de personas, el resquebrajamiento familiar, no hay una sola familia que permanezca unida en el territorio nacional, el deterioro de la Industria Petrolera, la continua crisis de valores morales y éticos donde la corrupción es el valuare fundamental. En definitiva, el país sucumbió y colapso en nuestra presencia.
Pudiese seguir enumerando situaciones que perforan el alma, que deprimen el ser, pero desde el punto de vista político-electoral, hay un hecho más inexcusable: el observar cómo se desarrolló el proceso post – electoral del 28 de julio del 2024.
La llamada operación “TUN TUN”, que consistió en buscar a todos aquellos que participaron en el proceso electoral, inclusive los seleccionados por el árbitro electoral y contribuyeron al triunfo de la oposición, su consecuencia el encarcelamiento de cientos de ciudadanos por el solo hecho de representar a la oposición en una mesa electoral, de creer en el voto como la única arma posible en democracia.
Sin embargo, lo triste de nuestra realidad es que tuvo que venir una nación extranjera a poner orden en el “hamponato”.
El estado delincuencial generado por la fusión político-militar-policial, generaba tanto terror, que era mejor el exilio o mantenerse al margen de la actividad política. La persecución de actores sociales y la compra de conciencia pasó a ser una razón para mantener el gobierno, terminando de sepultar el Estado de Derecho, en consecuencia, quedamos sin instituciones y a la deriva, es por ello que afirmamos que somos menos que una sociedad sin normas.
Un solo ejemplo, para ilustrar donde hemos llegado, que se espera de una sociedad donde nadie respeta un semáforo, donde los motorizados en presencia de las autoridades dan vuelta en “U”, van en contra vía, circulan sobre las aceras. En Venezuela un semáforo es un adorno de la ciudad que cambia de colores, si tiene electricidad, porque generalmente son cascarones amarillos sin utilidad alguna.
La anterior reflexión es pequeña ante la realidad, las profundidades del deterioro de nuestra sociedad son abismal, nuestra vida institucional es inexistente no hay palabras, no hay hechos, no hay familia ni sociedad, simplemente estamos por estar, esperando un renacer, una oportunidad que jamás llegará, a no ser que tómenos conciencia y tracemos el camino a seguir., el cual es uno, restablecer progresivamente el imperio de la ley, la vigencia de las instituciones para recuperar, el país.
Sobre nuestra economía, solo dedicare un párrafo, ya que es un lugar común decir que somos ricos, pero en realidad somos más pobres que los Haitianos, perdimos la decencia económica nuestros bancos no pueden indicar su capital social, la bolsa de valores es un espejismo, donde no hay dividendos y nuestro signo monetario se devalúa a razón de cinco (5) bolívares diarios, sin mencionar el valor del salario mínimo mensual y sus repercusiones en las pensiones, prestaciones sociales y demás elementos sociales.
La pregunta ante tantas reflexiones gira sobre el ¿qué hacer?, del como volver a ser dignos hijos de un país serio, prospero, que invente como hacer que esos 9 millones regreses, el de enaltecer la razón de ser venezolanos. ¿Cuál es el planteamiento para procurar ser aquel país lleno de optimismo y pasión?
La respuesta es una sola, no es que reconozca y se juramente el presidente Electo González Urrutia, no es un nuevo episodio electoral para elegir a María Corina Machado, como presidente de la República, no es normalizar la administración con la permanecía de los Hermanos Rodríguez, ni mucho menos que la Asamblea Nacional designe al Fiscal, Defensor del Pueblo o a los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia,
La respuesta va más allá, pasa por el diseño de una ruta capas de edificar un nuevo estado, en tal sentido la propuesta está cifrada en la confección de un Consejo Nacional Electoral comprobadamente imparcial, con cinco (5) rectores probadamente dignos, sin apego político partidista, que organice la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, que venga a elaborar un texto constitucional moderno adaptado a la experiencia de los nuevos tiempos y que diseñe la Venezuela de los próximos 100 años; y cuyo mandato final sea la reingeniería de las instituciones, en consecuencia designe a los representantes del Poder Moral, a los Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y a los Rectores del Consejo Nacional Electoral como un acto de soberanía.
Una vez concluida la tarea patriótica, con un periodo preestablecido, el Consejo Nacional Electoral proceda a convocar las elecciones para elegir al Poder Ejecutivo Nacional y Poderes Estadales y Municipales.
No hay nada fácil y simple, todo es complejo y muy complicado, pero esa es la ruta, y no hay otra, no puede haber delegación de la soberanía, no hay poder externo que imponga caminos de fuerza y no hay reforma constitucional posible, porque los actores políticos esta deslegitimados.
Alfonso Ocando Bustamante
Abogado, Diplomado en Planificación Estratégica. Especialista en Derechos Humanos. Ms. Seguridad y Defensa Nacional.


