Delcy Rodríguez, la presidenta encargada de Venezuela, en su discurso ante la 81.ª Asamblea General de la ONU, ha puesto tierra de por medio con un pasado que «perturbó la vida nacional» y la «relación de Venezuela con el mundo», un período en el que «se impusieron beneficios ajenos a los del pueblo». Al destacar el «estrangulamiento de su vida política interna y la confrontación agudizada con EE. UU.», se evidencia un claro intento de desmarcarse de las políticas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, a pesar de haber actuado ella misma como una figura esencial del chavismo.
En algún momento de su intervención, afirmó: “La historia nos ha enseñado que algunas de las transiciones democráticas más sólidas del mundo contemporáneo no nacieron de la ruptura, sino de la transformación conducida con firmeza desde las propias instituciones”.
Esa frase retórica de Delcy trajo a mi memoria una anécdota que me contaron en mi etapa de joven comunista, cuando me encontraba en la URSS, allá por el año 1968. La he guardado en el recuerdo no como un relato chistoso —que lo es—, sino como un formidable aprendizaje sobre el concepto de la política.
Durante la intervención inaugural de Nikita Jrushchov en el XX Congreso del PCUS en 1956, en la cual criticaba duramente los crímenes cometidos por el fallecido Iósif Stalin, un delegado del evento partidista más solemne de la URSS le envió de manera anónima un pequeño papel. Jrushchov levantó la nota desde el atril desde donde hablaba, interrumpió su discurso, leyó en silencio el escueto manuscrito y luego lo pronunció en voz alta para que pudieran oírlo todos los asistentes.
La nota decía: “Camarada Jrushchov: ¿y dónde estaba usted cuando Stalin cometía todos esos horrendos crímenes?”.
“¿Quién ha escrito esto?”, preguntó el primer ministro y secretario general del partido, blandiendo el papel en el aire y mostrando un gran enfado.
El silencio fue total. Nadie en la sala se atrevió a levantar la mano ni a identificarse por miedo a las represalias.
“¿Quién ha escrito esto?”, preguntó de nuevo el poderoso líder, agitando con fuerza el papel, que para entonces ya estaba arrugado.
El silencio se repitió. La insistencia sobre la autoría de la nota congeló de terror a toda la sala; nadie habló.
Llegó entonces el remate. Jrushchov miró a los asistentes y dijo: “Yo, en aquel entonces, estaba sentado exactamente en el mismo lugar donde en este mismo momento se encuentra sentado el camarada que me escribió esta nota”.
FIN. –
Realmente, Nikita Jrushchov no realizó un cambio hacia la democracia —como Delcy dice pretender hacer en Venezuela—, pero, sin duda alguna, se produjo desde las mismas instituciones soviéticas una transición desde el régimen de terror de 30 años de Stalin a la llamada «democracia socialista». 33 años después de esta supuesta anécdota que he referido, se produjo otro cambio de régimen mucho más radical y espectacular en la URSS, igualmente desde las viejas instituciones, desde la vieja legalidad; esta vez fue Mijaíl Gorbachov como presidente de la URSS y secretario general del PCUS quien con sus políticas de perestroika que en ruso significa restructuración y la glasnost que significa apertura, buscó la liberalización del sistema político y la democratización. La Union Soviética y el Pacto de Varsovia llegaban así a su fin y con ello el fin de la llamada “guerra fría”. Nunca antes en la historia se había producido un cambio de tan grandes dimensiones como este. Y todo desde adentro.
Es precisamente en este punto donde la analogía histórica cobra su mayor vigor y relevancia para el porvenir de Venezuela. La respuesta de Jrushchov, lejos de ser una mera evasiva, representa la cruda aceptación del pragmatismo institucional: para transformar un sistema desde adentro, primero es imperativo sobrevivir a él. Delcy Rodríguez, habiendo ocupado los peldaños más altos del andamiaje chavista, posee hoy el conocimiento exacto de las palancas del Estado y la autoridad interna necesaria para capitanear un giro estratégico de gran envergadura. Su reciente viraje hacia la estabilización económica, la firma de históricos acuerdos energéticos con Washington y el anuncio de una apertura hacia una democracia plena demuestran que, al igual que ocurrió en el deshielo soviético, los cambios más significativos y duraderos no provienen necesariamente de agentes externos, ni de enemigos internos, sino de aquellos actores que, habiendo habitado el corazón del viejo régimen, deciden utilizar la solidez de las instituciones existentes para forjar una nueva era de viabilidad económica y reinstitucionalización nacional.
“Desde estas instituciones y desde esta legalidad construiremos una mejor legalidad” dijo. –
NelsonRampersad


