La unidad nacional se teje con manos de seda sin entrar en la polémica estéril de los partidos políticos y de la misma sociedad civil cuando entran en discusiones sin sentido.
Es que la unidad nacional debe entender que los enemigos están en las filas del oficialismo que ya tienen un cuarto de siglo generando intrigas y reconcomios sin voltear la mirada a los 27 años de destrucción que convirtieron al país en territorio del caos.
Por eso el señor Alviarez y sus legionarios en todas las entidades deben cambiar su óptica conflictiva y épica que ve al resto de las organizaciones políticas y a los líderes que sobreviven en Venezuela en esto años de destrucción de la democracia como sus enemigos por una botella vacía. Debe olvidarse Alviarez y sus muchachos en que son la tapa del frasco y que nadie les hace falta para gobernar a Venezuela porque lo más complejo es fabricar esa unidad ideal que lleve a los líderes que sobreviven a unirse al planteamiento de María Corina como la esperanza nacional.
Por eso las posiciones retadoras están demás en este tiempo político que vive el país y que no permite a los seguidores de María Corina alzarse por encima de las montañas y de las cumbres como los únicos con la capacidad para levantar las alas y volar más alto que los demás.
Es obligatorio sembrar la humildad para que se forme esa misma unidad que con Rafael Caldera formó el chiripero y que con Chávez armó el movimiento bolivariano que llevó a Miraflores al líder de la tragedia nacional más aberrante de nuestra historia.
Con un país en ruinas se convirtió la tierra más rica del mundo por la riqueza petrolera en la cenicienta del Continente no hay tiempo para pensar en divisiones que pueden poner en tela de juicio la única posibilidad de cambio que tenemos en el país.
Aquí se terminaron las ambiciones de políticos ególatras porque primero está el futuro del país que las ambiciones de los alocados personajes de la política venezolana. No hay tiempo que perder porque estamos en el momento perfecto para salir de esta pesadilla comunista que guiado por Norberto Ceresole “la Bomba Argentina”, por Zapatero “El Príncipe” y tantos otros asesores internacionales que llevaron a Chávez y Maduro a errar consecutivamente en su propuesta alocada de convertir a Venezuela en otra Cuba.
Con todo ese desastre nacional que dejó al país sumido en la oscuridad por el abandono al sistema eléctrico nacional y al sistema hidrológico que forma esa dupla de la maldición chavista. No es posible que en casi treinta años no se le haya realizado ningún esfuerzo para recuperar los servicios básicos del país.
Si quieres ver el rostro de Venezuela como nación asiste a una escuela, liceo o universidad para que puedas y mirar de cerca como se sembró la ignorancia en nuestro territorio. Después de casi 30 años de revolución chavo-madurista colapsó la nación y se convirtió en una especie de campo minado donde no quedaron ni restos de la Venezuela de ayer.
Con una nación entregada a los chinos, los rusos, los iraníes y los cubanos transitamos ese cuarto de siglo en medio de las tinieblas con el mal concentrado en la siembra de la ignorancia para perpetuarse en el poder. Ese fue el único objetivo de un proceso malformado que se equivocó desde el principio para terminar con el triste espectáculo de una nación sin rumbo y empobrecida hasta los niveles más altos.
Por esa razón la Unidad Nacional hay que decretarla más allá de la terquedad de los que pretenden esconder la realidad y el principio que no hay democracia sin partidos. En eso deberían estar claros Alviarez y su legión que deben estudiar como se han armado los movimientos unitarios en el mundo para poder llevar a María Corina Machado hasta el final.
Cada día vemos en miniatura a pequeños ambiciosos personajes de la política que no mueven ni una paja y menos que tengan algún tipo de injerencia para llevar las banderas de la Unidad Nacional como un estandarte de luchas y que no se desprenden de sus ambiciones para apostar a la grandeza nacional. No se trata de poner en la fila del frente a quienes han jugado cercanos al régimen por necesidad o por el uso de la carta de la sobrevivencia de manera desproporcionada para aferrarse a un espacio de poder.
Lejos de unificar criterios el discurso disonante solo contribuye a alejar a la líder del momento del logro de los objetivos primordiales como son la Unidad Nacional y el triunfo en elecciones libres y democráticas. Por eso hay que amarrarle las patas a los loquitos de las regiones que todavía no terminan de entender de qué se trata este juego malévolo de los maduristas expertos en sobrevivencia de cucarachas que ni los terremotos los hacen salir del poder tan fácilmente.
Eso nos señala que estamos ante un enemigo poderoso que usa cualquier artificio legal para anclarse en el poder y que su única fórmula es lograr desunir a los venezolanos para continuar la francachela revolucionaria que solo trajo atraso y barbarie a nuestro país.
Llegó la hora de la Unidad y hay que darle orientaciones a los que pretenden liderizar los cambios para que entiendan el momento histórico que vive un país que sufre el cataclismo de las locuras del gigante del Norte que definitivamente erró la ruta correcta de la historia.
Encíclica/ManuelAvila


