Cuando los venezolanos celebraban la intervención americana del 3E que los gringos con 150 aviones llegaron a Caracas para extraer quirúrgicamente a Maduro y Cilia. Eso ocurrió en este país tropical abarrotado de petróleo por toda nuestra tierra.
Todavía se oyen en el recuerdo de los caraqueños los sonidos infernales de unos equipos tecnológico y de armas desconocidas por los defensores del proceso.
En esa especie de guerra de las galaxias cayeron los cubanos que fungían de muro de contención para proteger a Maduro y su esposa que salieron esposados en aviones hasta los buques norteamericanos para trasladarlos a la prisión de Brooklin.
Contrario a lo que esperaban los venezolanos nada ha cambiado en un país donde el petróleo siempre fue el objetivo central de esta arremetida bélica. Al final del juego con Maduro y Cilia preso y esperando un juicio que posiblemente los someterán a cadena perpetua para que paguen los daños que le hicieron a este país durante 27 años.
Ahora estamos atravesando la peor crisis de nuestra historia con la luz y la electricidad como los principales problemas de nuestra sociedad. A eso hay que agregarle la destrucción de los hospitales y ambulatorios para condenar la salud a una calamitosa situación que mantiene nuestra sociedad moribunda porque se mueren miles de almas por no tener la atención a los venezolanos.
No tenemos las estadísticas de cuantas personas han muerto en las salas de espera porque nunca llegó el médico para darle la atención inmediata y tampoco conocemos el número de personas que mueren en los quirófanos por falta de insumos o por falta de médicos con calidad profesional para una intervención quirúrgica de nivel.
Todo un desastre que apunta a una tragedia descomunal. Eso tiene que cambiar por el bien de una sociedad que ha sufrido desde que votaron por Hugo Chávez para dirigir los destinos de la República y solo nos quedaron las emociones de una revolución vestida de comunismo que solo creó faltas expectativas para estafar a la gente con ilusiones populistas que solo incluyeron misiones, entrega de bolsas de comida, bombonas de gas y bonos bolivarianos que le permitieran controlar el pensamiento de las mayorías. Ese era el objetivo final de una revolución que nació para destruir una nación entera.
Lo más grave de la situación es el alza desmedida de los productos de la cesta básica que unido a los salarios miserables que paga el Estado han generado un estado de angustia que mata por stress a miles de ciudadanos que no aguantan una crisis descomunal que azota a toda una nación. Y es que se dolarizó el país en manos del comunismo ramplón que nada hizo por estabilizar la moneda nacional y donde solo la corrupción administrativa fue la reina de estos 27 años.
No pueden los pobres y la clase social empobrecida de toda una nación sobrevivir a una crisis económica descomunal que dejó al desnudo a un venezolano que ve el dólar superando los 890 bolívares por dólar para arrinconar a toda una sociedad.
La gente se quedó esperando los cambios y no sucede nada que le dé una solución política a miles de almas que soñaron con un cambio económico, social y político, pero los norteamericanos decidieron mantener en el poder a la legión heredera de Maduro para que la realidad nacional siguiera los mismos pasos de los que están presos en Brooklin. AL final nada ha cambiado en a casi un año del bombardeo americano y mientras que Trump señala de manera errónea que los venezolanos celebran en las calles con bailes y cantos para ver que la economía empezó a cambiar.
Nos quedamos esperando los cambios en la sociedad y aunque ahora se puede emitir juicios particulares por los medios de comunicación gracias a que estamos en un país tutelado por los americanos, no se ven los cambios que la sociedad solicita. Y lo dicen todas las encuestas que los venezolanos están angustiados porque no se visualizan las elecciones que es la única posibilidad de lograr los cambios que la sociedad necesita.
Es definitivo que si no hay elecciones no habrá los cambios que la sociedad merece, pero los americanos sostienen que hasta que las instituciones no sean depuradas para evitar funcionarios como Elvis Amoroso en el CNE y Carysla en el TSJ, no hay garantías de realizar un proceso electoral transparente para poder realizar los cambios trascendentes que se requiere para formar un modelo democrático sólido.
Venezuela necesita cambios importantes y todo pasa por devolverle la institucionalidad a un país donde han ocurrido las cosas más insólitas que mantienen al país en vilo como consecuencia del secuestro de instituciones dominadas por un régimen que se adueñó del país.
Estamos ante una realidad que acorrala a una nación entera y que debemos tener esperanzas que esto va a pasar y que se acelerará una vez que pasen las elecciones intermedias de los Estados Unidos para iniciar los verdaderos cambios que la sociedad venezolana requiere para volver a tener unas instituciones democráticas sólidas que permitan los cambios que la sociedad venezolana solicita.
El arribo a Caracas de María Corina con el aval de Wahington cambia las reglas del juego y ahora viene la lucha electoral con posibles protagonistas femeninas que buscan el poder nacional. Sin dudas este recibimiento a la líder opositora que con un liderazgo impresionante ha transformado el escenario electoral que plantea un cambio radical después de 127 años de revolución.
La confusión política de los liderazgos quebrados abre las puertas de las ambiciones y los egos enfermizos para convertir la tierra de Bolívar en una lucha sin cuartel por la conquista del poder.
El chavismo desgastado por las pésimas políticas de un modelo político primitivo y atrasado no superó los ensayos populistas de las misiones, los bonos, la entrega de bolsas y la muerte de la economía con errores que terminaron de divorciar al ciudadano de su propuesta política.
La llegada de la líder opositora abre las compuertas de un proceso electoral democrático, limpio y transparente que de seguro cambia el telón de fondo en un país tutelado por los Estado Unidos y donde la confusión quedará atrapada en los recuerdos de un modelo fallido.
Encíclica/ManuelAvila


