Vuelve Los Robles al concierto de las Fiestas Patronales y aunque la crisis arrincona a los venezolanos estos pueblos insulares mantienen las tradiciones por encima del caos económico, social y político de las naciones. En este pueblo de paso los pilarenses prosiguen en el tiempo con su tradición como bandera y ya se preparan para recibir al padre Darío Salazar como nuevo párroco de Los Robles.
Ya no vienen los caballitos, ni la estrella, ni los aviones, ni el circo a alegrar la vida de los infantes robleros que siempre soñaban cada año con estos equipos mecánicos que formaban parte de las ilusiones infantiles. Era el atractivo principal de los pilarenses que veían la instalación de todos eso equipos en unas ferias que eran parte de las distracciones orientales.
Tampoco aparecieron más los juegos que rodeaban todas las áreas de la plaza y atraía a muchos que buscaban en el azar una forma para sobrevivir a la crisis económica de estos pueblos. No fallaba Lino Acosta con sus dados y figuras de las barajas dibujadas en cuadros enormes que eran el atractivo del azar. No faltaban los juegos de tallita, el ajilei y la guaraña que también formaban parte del ludismo oriental.
Ya ni la línea “Virgen del Pilar” con sus camionetas y vehículos despiertan a los pilarenses al comenzar octubre con los choferes tocando cornetas para despertar al pueblo y mostrando que comenzó la alegría de las fiestas patronales en honor la Virgen del Pilar y San Judas Tadeo.
Las retretas se han ido apagando no solo por los costos y por la desaparición de esos grupos que se han ido esfumando con el paso de los tiempos.
Las mareras no fallan en las fechas cumbres de la actividad entre el 9 y el 12 de octubre y en la octavita. Regresan más tarde cuando San Judas Tadeo celebra sus fiestas a finales de octubre.
Ya no existen los bares que eran espacios de la distracción en este pueblo que tuvo en el Bar la Gloria, El Marino, el San Judas Tadeo y el 10 de octubre. Ya no quedan en vida Pitoco González, Luis Anibal Brito, Chila García y Félix Arocha y en sus lugares están El Conversatorio Alberto Requena, La Escuela “Nicanor Navarro y las ruinas del San Judas Tadeo y el Marino. Van quedando ruinas de los espacios para el baile y la distracción.
NI la Mata de Ceiba está para darle cobijo a la Banda del Estado que venía con su repertorio a alegrar con su música bailable los espacios robleros.
Apenas quedan el Anfiteatro donde se realizan todas las actividades religiosas y culturales del pueblo y la institucional sesión de la Cámara Municipal de Maneiro donde oradores de distinto nivel han pasado por sus espacios dejando huellas de su capacidad discursiva. Ahí van las premiaciones y reconocimientos que forman parte de la tradición histórica de este pueblo roblero.
Durante un tiempo incorporaron actividades con artistas nacionales y regionales, pero la dura crisis económica fue recortando los gastos de la municipalidad que ya no pudo costear los gastos infinitos que se generaban en estos tiempos.
Ahora le toca al padre Darío Salazar enfrentar el carácter conflictivo de los feligreses y de la legión que rodea la Iglesia “Nuestra Señora del Pilar” y que de ambientes tóxicos ya hay historia escritas que forman parte de las frixiones pueblerinas y que generan impases entre bandos que se forman en esto ecosistemas religiosos donde mucha gente va a darse golpes de pecho y a mentirse así mismo por creer que están más cerca de Dios sin saber que ahí hay figuras disfrazadas que odian, no perdonan y forman parte de las culebras de la vida.
Los Robles ha sido un pueblo conflictivo desde sus orígenes y no escapa a las luchas intestinas que hay en estos pueblos donde convergen los buenos y los malos ciudadanos. Nadie escapa a las envidias, hipocresías y mediocridades humanas donde hay personajes que se creen el centro del universo porque su ego los lleva enfrentarse hasta con sus propias sombras. Así son estos pueblos de Dios con sus huellas encerradas en costras de la falsedad que no se la curan ni comiendo hostias, ni rezando muchos credos y Padres Nuestros.
Encíclica/ManuelAvila
Es el pueblo que tenemos por siempre y a eso nos hemos adaptando con el discurrir del tiempo., pero lo que no hemos superado es el síndrome de la hipocresía y no valorar a sus propios hijos que han tenido algún reconocimiento por la labor cumplida con el paso de los años.
Eso si los he visto doblarse ante los políticos como títeres de la cobardía y del coraje ha ido quedando poco en un pueblo de hojas sumido en la tristeza de personajes convertidos en figuras difuminadas que muestran aureolas de orgullo que para nada le sirven en un ambiente que rodea la pérdida de valores.
Nos va quedando un pueblo de hojas con sus achaques y deterioro que solo nos dejó el recuerdo de ser uno de los pueblos con mayor población de Latinoamérica y que con el paso del tiempo se quedó envuelto en la nada de las cenizas que brotaban de las cocinas de bahareque de nuestros ancestros.
Siguen doblando las campanas señalando que ya solo somos un pueblo de hojas donde las miserias humanas le carcomen el alma a los pescadores de aplausos y procesadores de envidias convertidas en escamas.
Ahora con los cambios de mentalidad política hemos visto modificaciones en la conducta de los personajes de la fauna política y ya se ven otros horizontes que muestran verdades amargas que duelen, pero dibujan al roblero de los nuevos tiempos que es dibujado por esta estrofa “Nada humano es perfecto y nada afable/ todo está con lo impuro entremezclado/ El mismo corazón


