De aquel Porlamar de los amores no fue quedando nada porque hasta las mujeres que vendían sexo fácil se perdieron de una Ciudad en ruinas que se entregó al abandono cuando sus gobernantes solo se ocuparon de hacerse ricos. Y dejaron a la ciudad maltratada como una vulgar mujerzuela sin dolientes.
Esa historia ocurrió en Porlamar de los amores en el tiempo un espacio que fue cuna de la belleza arquitectónica y que está pagando los que los ciudadanos han elegido en el tiempo: malos gobernantes.
La historia de Porlamar es parte de la Margarita que salió del atraso y dio un salto hasta convertirse en la Cenicienta de Margarita.
De aquella Ciudad Marinera del Mercado Viejo con Ramón Piñerúa “Pin” lavando carros y echándole vivas a Jóvito Villalba, de Juancho Colorado pegando gritos en el Comedor Popular, de Juanita la Tumba gobiernos y Melania la vendedora de retazos de telas, de Pellín y sus fotos, del artista Tango Fernández, de Chuito Fernández “El odontólogo Poeta”, del Turco Negro, de Carmen Verde y Raimundo Verde Rojas haciendo política, de Virgilio Avila y sus boulevares, de Estilita Torcat y su tienda, del Maestro Narváez y Ramón Vásquez Brito, de Pelele Acosta, de Pollopo, de los Lairet, de Pomponio, de Alexis Castillo, de David Bermúdez, Toñito Velásquez y Pablo Mata, de Luis Castro, Francisco Carreño, Pablo Ramirez, Erwin Murguey, de Bartolo Rojas y Wladimir con sus sueños de ciudad. Y de tanta gente buena que hizo de Porlamar una gran Ciudad con su Club Progreso donde convergieron grandes hombres y mujeres de la Ciudad Marinera pero que se murieron de mocezuelo para más nunca lanzar una palabra que emulase a las de José Basilio Hernández, Chuito Fernández, Ángel Félix Gómez, Erwin Murguey porque Porlamar se fue quedando hasta sin crónicas porque el silencio se apoderó de las plumas y las opiniones de su gente.
Hubiese valido la pena que Edward Hernández asumiera en aquel concurso porque por lo menos cuatros gritos hubiese pegado por la radio el hijo de Salvador y por ahora la Ciudad sin dolientes no tiene siquiera quien mencione a Maritza, a Pin, a Juanita la Tumbagobierno, a Melania y ni siquiera hay quien grite “Nenerina pa’toermundo”.
Esa es la Ciudad que despertaba cada día con los gritos de Melania y Juanita la Tumba gobiernos lanzando quejidos de muerte en las calles de Porlamar para llamar la atención de la comunidad, de las voces sonoras de Monaguillo en la Iglesia San Nicolás de Bari.
Esos recuerdos de la Porlamar tradicional donde la Plaza Bolívar con sus retretas y sus tradiciones populares empezaron a desaparecer con la evolución de los tiempos y con la llegada de alcaldes que contribuyeron a la destrucción de la Porlamar de los techos rojos.
Dimos un salto a la Zona Franca y el Puerto Libre donde comerciantes inescrupulosos hicieron de las suyas al crear negocios fantasmas para enriquecerse a cualquier precio a cuenta que estaban haciéndole el harakiri a sus propios negocios.
Nunca pensaron que se acabaría el encanto en cualquier momento como ocurrió cuando desde el Gobierno Nacional trancaron el chorro de dólares preferenciales que le otorgaban al Puerto Libre de Margarita.
Por otro lado, los alcaldes seguían en la rebatiña para ver quien llenaba más sacos de billetes con el chorro de dinero que entraba a las arcas del municipio para enriquecer a unos pocos.
La pobreza y la ignorancia rompían el saco de las ambiciones para abrir el apetito a los jerarcas de la política municipal en un festival donde alcaldes y concejales negociaban tras bastidores los dineros del municipio.
Repentinamente se apagaron las luces neónicas de los avisos y se bajaron las santamarías de miles de negocios arrastrados por la quiebra del Puerto Libre de Margarita y no entró un dólar más a las alforjas del comercio insular.
Había muerto el Puerto Libre y con él se regó la pobreza y la ignorancia por las barriadas porlamarenses hasta dejar en ruinas a la Ciudad Marinera.
Se acabarían decían en algunas consignas electorales los gobiernos populistas que hundieron a Porlamar en una charca pestilente de las corruptelas y ese sería el modelo a seguir en los años por venir de los gobiernos municipales de Mariño.
Y empezó la debacle del Puerto Libre con el cierre técnico de las Avenidas emblemáticas de la Ciudad como la Avenida 4 de Mayo y la Santiago Mariño que nunca más volvieron a abrir sus puertas porque la gerencia no la hace cualquier vendedor de pinturas.
Y es que crear ideas y generar propuestas municipales no es para cualquier patiquín de marras. Es la gerencia personificada en figuras con liderazgo y no en maniquíes manejados a distancia como muñecos de pila.
Para gobernar hay que tener ciencia en la mente y tomar las riendas de la historia de una Porlamar que viene mostrando hace rato los huecos de sus calles, las tuberías hechas aguas, la basura como lunares de la sucieza, la iluminación de sus barriadas, la Plaza Bolívar como un peladero de chivos, sus escuelas mancilladas por malas políticas, la arquitectura convertida en un muladar, la buhonería con corona de reina, con una seguridad del humor, con una salud purulenta, con un desorden urbanístico de película, sin una sola biblioteca, sin internet en sus plazas para la clase depauperada socialmente y sin escuelas de ciudadanos para castrar la ignorancia de un pueblo condenado a la nada.
Porlamar se volvió nada con el paso de los siglos y apenas si queda la Iglesia San Nicolás de Bari como reserva para que los ciudadanos busquen su salvación en sus confesiones diarias porque la iglesia no es para exhibicionismos de ricos sin alma que con nada en el cerebro quieren retar al Niño Jesús a una contienda de perinolas o de picha.
La vida de Porlamar es de andar a rastras como dejando el alma en cada paso de sus moradores que van suspirando bocetos de la nada en medio de una gerencia turulata que maltratada por 488 años de historia mala condena a la Ciudad Marinera a quedarse viendo el mar lloroso que expele olores nauseabundos en una de las bahías más bellas de América.
Porlamar se quedó de espaldas al mar rumiando amaneceres alegres y calándose a mercaderes que solo vinieron a llenar bolsas de caracuey para cargar sus alforjas y solo eso. Sin dudas Porlamar se quedó de espaldas al mar y con las palabras huecas de aquel científico de la palabra que la confundió con la Porlamar de sus amores para dejar una huella negra marcada en un espacio que fue por un tiempo la cara del progreso de esta región.
Hoy La Ciudad Marinera solo muestra una historia de amor y dolor y solo eso porque sus autoridades se quedaron congeladas y no se atrevieron a poner a Porlamar de frente al mar porque la dejaron morir a solas sin dolientes y sin un grito en el mar por lo menos para espantar las angoletas de la Plaza Bolívar o los pelícanos de la bahía que se dejaron quitar sus espacios con los zamuros.
Esa Porlamar que duele luce entregada a los brazos de la inercia y de verdad la Ciudad Marinera es un pueblo fantasma entregado a los brazos de la muerte donde la miseria baila una danza marcial con la muerte de una Ciudad que ayer fue emblema de la prosperidad de una isla que la exhibía como la capital comercial de Margarita.
Todavía Porlamar no encuentra rumbo porque sigue como una Ciudad en ruinas con alcaldes que no encuentran el camino de la redención de una Ciudad de espaldas al mar que le dejó el Asiático vuelta pedazos y ahora baila en la Maricutana la danza del fracaso mostrándose como el redentor de la gerencia.
Ahora la Porlamar en ruinas ve pasar gobiernos municipales que maquillan y dejan huellas de ilusos que nada hacen por la transformación de la Ciudad que fue ayer la cara del progreso insular.
Encíclica/ManuelAvila


