El 3 de abril se cumplieron tres meses, 90 días de la extracción de Maduro por las Fuerzas Deltas de los Estados Unidos. Esa temporalidad alude a que la Asamblea Nacional está obligada a decretar la Ausencia Absoluta del presidente que ya no es de los venezolanos y que se requiere de llenar ese vacío legal y donde se señala: “Las faltas temporales del presidente serán suplidas por el Vicepresidente Ejecutivo por un período de 90 días, prorrogables por otros 90 días, prorrogables por otros 90 días adicionales por decisión de la Asamblea Nacional. Si la falta adicional supera los 180 días, la AN puede decidir si se considera la falta absoluta”.

La falta de una toma de decisión genera un clima de caos y desesperanza en un pueblo cansado de perder tiempo en tantas discusiones estériles, mientras el pueblo venezolano sufre las inclemencias de una crisis económica, social y política que mantiene en ascuas a toda una nación que ha sufrido por mucho tiempo los ditirambos de una crisis que no termina de salir del país.
El poder no puede ser un traje hecho a la medida para mantener al poder a quienes pretenden quedarse eternamente en el poder y esa no es una decisión del pueblo que solicita hace rato unas elecciones libres y transparentes.
Estamos ante una decisión anormal que mantiene en el limbo la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y obliga mostrar a los venezolanos la realidad constitucional de una nación que se debate entre el ser y el no ser.
Por un lado, se toman decisiones legislativas sin tener las bases jurídicas para justificar el destino político de una nación. No es posible que los que mantienen el poder sigan decidiendo por los actores fundamentales de una sociedad.
Es necesario terminar de elegir un CNE que cumpla con el pueblo venezolano para poder hacer el país que todos queremos bajo un clima libertad y democracia que es el modelo que reclaman los ciudadanos para volver a la normalidad de una sociedad donde sean los electores los que decidan el gobierno que le corresponda a una nación con tanta problemática que ha condenado a los ciudadanos a la peor pesadilla de la historia.
Llegó la hora de legislar para el pueblo que es el gran protagonista de una sociedad democrática que ha elegido presidentes de distintas ideologías sin mirar sino la esperanza y el sueño de ser gobernados por quienes garanticen un clima de felicidad a los gobernados.
Pero las propuestas de gobierno han terminado destruyendo el futuro de una nación que apostó a la democracia eligiendo en el 98 a un Presidente Chávez que le prometió al pueblo la justicia social y la distribución equitativa de la riqueza con un proyecto político de ensoñación que cautivó a los venezolanos hasta entrar al paroxismo de la locura que vivió el país desde ese momento sin parar hasta estos acontecimientos del 3 de enero de 2026.
Grandes batallas dieron los venezolanos en las calles buscando el cambio de gobierno y se realizaron hazañas épicas que quedaron archivadas en las notas periodísticas y en los recuentos de los cronistas e historiadores que siguieron palmo a palmo todo el acontecer político de Venezuela.
Toda una historia de amor y dolor donde el sustantivo pueblo fue condenado para toda la vida a la nada con más de nueve millones de venezolanos que se fueron al exterior en la migración más grande de la historia de la humanidad.
Muchos se fueron a otras naciones en busca de sueños románticos que le permitieran consolidarse como ciudadanos y desde el exterior actuar como salvadores de su familia, pues la destrucción de la economía nacional con un bolívar degradado y convertido en parte de la basura económica del mundo y donde el dólar terminó siendo la moneda nacional para someter a los ciudadanos a la peor calamidad económica de la historia nacional.
Ante esa realidad nacional que maltrata a todo un pueblo cansado de tantos ditirambos políticos la misma sociedad cansada de tanta locura ideológica ha visto pasar largos 27 años sin encontrar salida a una crítica situación que socava las bases democráticas de un país convertido en un laboratorio de la nada politiquera.
Por eso es que el gobierno interino está obligado a cambiar el plan de vuelo que no se logra solo con cambiar funcionarios de gobierno porque con cambiar figuras y colores, pero además de enterrar la ideología y quitar consignas y cuadros del pasado nefasto no es suficiente para devolver la normalidad a una nación.
La falta absoluta no es un capricho sino un derecho que tiene una nación de solicitar a sus autoridades devolver la normalidad constitucional a un país que tiene rato navegando en las aguas politizadas de la mayoría legislativa que ha permitido usar la aplanadora a cualquier planteamiento que fuese en contra de los dueños del poder nacional.
Ahora cuando el pueblo vuelve a las calles y reclama sus derechos ciudadanos se encuentra el gobierno entre la espada y la pared porque sus organismos represores ya no tienen el poder de otros tiempos para someter a los ciudadanos a los vaivenes revolucionarios de una sociedad condenada a los principios de una revolución que nunca fue.
Es la hora del pueblo como protagonista y los que ayer desgastaron el sustantivo pueblo con medidas populistas desgarradoras, hoy no tienen argumentos para debatir contra los opositores que reclaman elecciones libres y transparentes para elegir nuevas autoridades de la República.
EL temazo electoral obliga al gobierno interino a poner en regla las normas electorales y a elegir un CNE que dibuje un organismo de equilibrio que tenga la confianza de la gente para devolver a este país la vuelta a la normalidad.
Atrás quedará las huellas de lo real maravilloso americano que vivimos durante 27 años porque la vuelta el Estado de Derecho y la democracia es la voz de un pueblo que reclama hace rato que Venezuela sea de nuevo la patria grande que nos legó el Libertador Simón Bolívar.
El compromiso con la historia que tienen los diputados de la Asamblea Nacional los hace protagonistas al soltarse las amarras y devolver a los venezolanos sus principios constitucionales que le arrebataron solo por la conveniencia política de una ideología que terminó sepultada en sus propias bilis.
Eso deja una enseñanza definitiva que obliga a entender el principio de que no podemos estar toda la vida buscando vengadores que ocupen el mando nacional. Ya fue suficiente con el tiempo perdido y es la hora de retroceder en la historia para enterrar regímenes que solo han dejado huellas negras en la historia de un país con una historia hermosa dejada en el legado de Bolívar.
Encíclica/ManuelAvila


