Nunca es tarde para recordar una verdad, sobre todo cuando, para acallarla, se le ha jugado sucio a un adversario, en este caso político, escamoteándolo, o sea, es la palabra acertada, la reelección que sin duda alguna le asegurará con el voto a la mayoría popular.
Lo sucedido a nadie extraña, ya se ha hecho costumbre del todo perniciosa, anticonstitucional, grosera y lamentable que la directiva del actual Consejo Nacional Electoral y no los votantes decida quién o quiénes son los ganadores y quién o quiénes los perdedores en los comicios que organiza y dirige.
La jugada no era más que la careta con que se cubre el rostro para arrasar como cualquier Atila y lucirse a cambio de toda suerte de prebendas oficiales, sin importarle el inmenso rechazo que su malévola acción produce en el corazón del pueblo.
Tal señalamiento viene al caso porque Morel Rodríguez Ávila resultó el ganador con probada mayoría en los pasados comicios del 25 de mayo, en los cuales se designaron gobernadores parlamentarios regionales y nacionales, triunfo que el oficialismo no podía aceptar en su avariento afán de lograr todo o nada, o mejor dicho en criollo para que quede claro, “ganar a la machinberra”. Esa es la verdad, expliquémosla.
El presidente Nicolás Maduro y la dirigencia en pleno de su partido y gobierno estaban totalmente convencidos de la reelección de Morel. Su victoria la aseguraba nada menos que las 10 encuestas creíbles que Miraflores ordenó ejecutar y las 5 que por su parte contratara el comando de campaña del gobernador del pueblo.
En esos 15 estudios de opinión no había pérdida posible. Los 10 estudios de opinión para el ejecutivo dieron como resultados entre un 61 y un 62 por ciento de intención de votos a favor del candidato opositor. Y los cinco restantes favorecían también a Morel con un porcentaje de 20 y 21 por ciento sobre la designada a última hora por el chavismo.
Es decir, la mayoría de la gran familia neoespartana estaba más que decidida: Morel era el necesario para que el progreso y desarrollo hasta la fecha alcanzado para el pueblo insular continuase.
Pero a los directivos electorales en Caracas tan fundamental asunto nada les importaba. Tampoco lo advertido por las encuestas, el inmenso respaldo de multitudes con toda Coche y Margarita, el reconocimiento del propio presidente de su vicepresidenta de la directiva del PCV y de todos los organismos públicos y privados que admitían en silencio y otros públicamente la excelente tarea cumplida por Morel.
Ante ese cúmulo de evidencias, todas y cada una palpables y a la vista el organismo en cuestión torció el rumbo a favor de la causa roja pues, en la estrategia del oficialismo, perder Nueva Esparta, igual que el Zulia resultaría insoportable, inaguantable y una derrota imperdonable.
Todo el mundo estaba conteste en que Morel sería reelecto. Asimismo -y nadie hasta la fecha prueba negarlo- que Morel logró reemprender en una lucha a capa y espada el progreso y desarrollo social y económico insular. Toda la gente lo afirma en la calle y se anima a sostener en cualquier escenario que ese compromiso lo mantuvo y concretó con inteligencia y firmeza sin que ello pudiera confundirse con debilidad alguna.
La suya fue una posición correcta de simbiosis con su responsabilidad de toda la vida que no ha sido otra sino el de trabajar abrazo partido por el mejoramiento de la calidad de vida de la gran familia neoespartana.
Firmeza, inteligencia, dedicación y logros concretos que lo demuestra el alto grado de crecimiento que hoy en día se aprecia en los pueblos de Margarita y Coche y que le merecieron ayer, en varias oportunidades el reconocimiento del desaparecido presidente Chávez y de Maduro.
Esta situación desdice mucho de la democracia que el oficialismo asegura desarrollar desde el poder, una democracia arrinconada porque el objetivo es sustituirla por el socialismo, fin último de la dirigencia roja que sólo piensa en la dominación, sin importarle lo que arrastre en su propósito, comenzando por la propia Carta Magna.
Los maquinadores de la maniobra del arrebato a los Jalisco en contra del triunfo electoral de Morel cargan en sus espaldas el peso enorme de tan trágico error, pues pusieron en peligro el futuro de Coche y Margarita que venían navegando hacia puerto seguro porque “La lancha Nueva Esparta” la capitaneaba Morel experto en el manejo de toda clase de tormentas y de mar calmo. Esa es la gran verdad.
AlexisAntonioMartínezCaicedo


