El Campeonato Mundial de Beisbol logrado por el equipo venezolano ha sido parte de una nación golpeada por la quiebra nacional y convertida en la cenicienta del Continente.
No creían los analistas políticos del mundo que el equipo venezolano podía alzarse con el triunfo en una contienda donde Italia, Japón, USA y República Dominicana tenían el favoritismo de los entendidos en la materia.
Pero ninguno de los equipos tenía la fortaleza espiritual que jugadores como Eugenio Suárez, Luis Arráez y Ronald Acuña Junior sembraron en el corazón de cada jugador para convertir ese equipo en una legión de guerreros imbatibles.
Eso sin incluir el trabajo sicológico del manager Omar López que se centró en valorar a cada integrante de la plantilla para darles el impulso vital suficiente para alzarse con la corona de Campeones del mundo.
No fue fácil la tarea en medio de tantas calamidades económicas, sociales y políticas que mantienen al país en medio de una ruina moral que sacude el alma nacional. Por eso es meritoria la derrota para devolver a los ciudadanos una alta moralidad necesaria para impulsar a un país convertido en la peor calamidad de la comunidad mundial.
Por esa razón la estrategia del manager López y de los peloteros Eugenio Suárez, Luis Arráez y Ronald Acuña que impusieron una ola espiritual de la grandeza humana.
A Eugenio Suárez le correspondió junto a Arráez regar la creencia en Dios como soporte de una gesta de grandes dimensiones deportivas y usaron rituales religiosos antes de cada juego y palabras traducidas en oraciones para que todos los peloteros tuvieran el coraje suficiente para avanzar por encima de las dificultades.
Ese tropiezo al perder el 11 de marzo 7¨-5 en el “Loan Deport Park de Miami” ante República Dominicana puso en entredicho el camino al campeonato, pero solo fue un obstáculo que hizo temblar el equipo venezolano, pues a partir de ese momento el equipo se creció y superó rivales como Japón, Italia y Estados Unidos.
De República Dominicana se ocuparon los gringos y el equipo tricolor sacó su coraje para mantener la moral en el nivel más alto para cosechar partidos importantes antes las tres potencias a quienes se enfrentaron con mucha categoría.
A Japón el Campeón Mundial en la última edición los derrotó Venezuela 8-5 en un juego de altos y bajos donde el equipo nacional mostró su coraje para superar la demoledora ofensiva del equipo nipón.
Ante Italia el 16 de marzo el equipo venezolano ganó 4-2 en un encuentro exigente donde fue clave de nuevo el pitcheo de relevo que fue el arma secreta del manager Omar López en todo el torneo. Fueron intraficables todos los lanzadores que pusieron el cerrojo en cada inning para garantizar las victorias.
Y ante Estados Unidos el equipo más fuerte del torneo fue un cotejo de grandes alternativas donde el pitcheo fue de alto nivel por ambos bandos y donde el relevo venezolano fue decisivo para frenar la fuerte ofensiva norteña. Un cotejo de altas variantes estratégicas donde cada manager manejó sus piezas de manera quirúrgica para terminar con un 3-2 en un juego no apto para cardíacos.
Ganarle a Estados Unidos en su propio terreno no resultó nada fácil porque la calidad de estos peloteros es de alta factura y trajeron al torneo las mejores figuras del beisbol para buscar coronarse como campeón del mundo.
Fueron determinantes tres elementos claves como convertir el equipo en una familia donde cada pelotero supo asumir su rol en cada jugada y donde hasta la utilización de un corredor emergente Javier Sanoja por Luis Arráez en ese noveno inning cobró mayor valor cuando el novel pelotero estafó la segunda base y preparó el terreno para que Eugenio Suárez diera el batazo clave del juego.
El otro elemento importante fue la identidad nacional con el baile del tambor como música de fondo de cada celebración y que mantuvo durante todo el torneo la alegría por encima del resto de los equipos de la competencia.
Fue un capítulo aparte ver como los peloteros sacaban sus dos tambores para empezar la fiesta para que los jugadores líderes mostraran su habilidad para el baile del tambor música afro negroide que marca a los peloteros de la costa del Litoral guaireño donde en la Sábana de donde son oriundos Ronald Acuña y Maikel García formaron equipo con Arráez y otros jugadores para agregarle el ingrediente musical a una contienda donde muchos factores influyeron para cosechar ese triunfo.
Lastimosamente solo llegó a Venezuela la Copa de Campeones y los peloteros con una excusa perfecta evitaron ser utilizados como trofeos de la política y se quedaron en los campos de entrenamiento como una jugada perfecta para no dejarse contaminar de politiquería burda.
De todas maneras, las celebraciones en las calles de todo el país sirvieron para mostrar la alegría de un país atormentado por la crisis política, económica y social que mantiene a Venezuela en los últimos lugares de la calidad de vida en el ranking mundial.
Venezuela necesitaba ese triunfo más que nadie y por eso la hazaña representó para el país un logro de grandes dimensiones que enaltece la clase de sus peloteros y del manager Omar López que, aunque fue maltratado por la crítica no se detuvo en comentarios malsanos, sino que siguió la ruta de las victorias hasta lograr el objetivo de ganar el campeonato.
Sin lugar a dudas fue una victoria espiritual donde se alinearon los planetas para dar por la gracia de Dios el triunfo a la nación que más necesitaba ese Campeonato para influir en la desmoralización de un país rico en minerales, pero empobrecido por las malas políticas de sus gobernantes.
No fue producto de la casualidad que los peloteros no vinieran al país para no ser comparsas de la política y solo enviaron el trofeo para que la presidenta Interina lo paseara en una clara posición de desprecio por la política y una madura decisión de no contaminar de politiquería burda un triunfo que se gabó en el campo de juego y donde la selección de Venezuela probó el talento de una tierra que de toda la vida ha respirado beisbol.
Una lección que quedará para la historia y que habla del nivel de conciencia de unos peloteros que no se entregan tan fácil al bazar de la política, pues no es fácil vender al mejor postor el triunfo del deporte nacional.
Encíclica/ManuelAvila


