
A Leopoldo Espinoza Prieto lo conocí en los años 80 cuando era vicepresidente de la Editorial Diario del Caribe y aunque solo tenía funciones ejecutivas metía las manos en el periódico para dar forma y aportar a su creatividad.
Es que el asuntino era un creativo por naturaleza y aunque no era periodista tenía el instinto de un periodista y pensaba como un periodista.
Por esas razones y su intelectualidad que le permitió formarse en la lectura de libros y por su ambición por la lectura se mantuvo vinculado a ese mundo de las letras y la cultura en general.
Así que no era extraño ver a Leopoldo Espinoza con el último libro de Saramago en las manos porque gracias a sus amigos que le obsequiaban libros en vez de dinero se mantenía activo acumulando saberes y no dólares.
Y es que resulta mejor guardar palabras en el cerebro que dinero en los bancos porque el dinero se esfuma y el cerebro solo se va cuando la gente se muere.
Ese paso por el Diario del Caribe le permitió a Leopoldo madurar políticamente muy cerca de la familia Tovar por su familiaridad y cercanía política.
Le correspondió ayudar a Fucho a que fuera Gobernador de Nueva Esparta y no llegó al poder con el naviero, sino con Alexis Navarro Rojas, el siquiatra roblero.
Y es que a Leopoldo Espinoza le apasionaba la política y comenzó a explotar la política cuando insurgió el chavismo con Chávez como líder y realizó grandes aportes intelectuales a la construcción del chavismo en Nueva Esparta donde muchos participaron y no cosecharon espacios políticos como el sobrino de Prieto Figueroa que fue lo que quiso ser en política al coronarse como Secretario General de Gobierno de Alexis Navarro Rojas y con ese cargo fue Gobernador Encargado, Alcalde de Arismendi, Director de Cultura de Arismendi, diputado y presidente de la Asamblea Legislativa, Director de Cultura de Arismendi y Cronista del Municipio Arismendi.
En un lapso de tiempo Leopoldo ocupó espacios relevantes en la política neoespartana hasta el punto que fue ideólogo del PSUV en la región y figura respetada por los revolucionarios no por ser un militante de calle sino porque respetaron su formación y su alto nivel intelectual lo que indica que no hace falta ser doctor, magister o tener infinidad de títulos universitarios cuando el cerebro está vacío y se carece de talento.
A Leopoldo que lo asociaron los equivocados como copeyano nunca estuvo ni siquiera cerca del partido de Caldera, sino que estuvo merodeando por esos espacios porque Fucho fue Senador con Copei y Gobernador impulsado por las verdolagas.
Solo por esa razón estuvo Leopoldo alguna vinculación con los copeyanos, pero en su interior estaban las enseñanzas de su tío Prieto Figueroa a quien admiró hasta el momento de su muerte.
Cuando fue alcalde de Arismendi a Leopoldo se le ocurrió crear las cooperativas del pan para dar créditos a las panaderías tradicionales y ayudar a los pequeños emprendedores que recibieron el impulso económico para iniciar sus negocios.
Esa idea creada por Leopoldo Espinoza Prieto no fue abordada por ningún gobernante, ni alcalde asuntino porque no vivieron con pasión el olor a pan que embriaga a los asuntinos y habitantes de la Ciudad cada día como el olor poético que se respira en la Ciudad del Silencio en algunas horas del día.
Sentarse en los bancos de la Plaza Bolívar de La Asunción es una sensación de paz espiritual escuchando los latinazgos de los curas en el pulpito, el canto de las angoletas y chiquías y el canto de las chulingas, el viento de brota de las montañas que rodean la Ciudad y el sonido de las campanas.
Eso lo disfruto Leopoldo en algunos pasajes de su niñez y por eso no le fue difícil inventarse la ayuda a los panaderos porque ese fue el oficio que permitió a sus ancestros sustentar la economía familiar. Nunca desconoció Leopoldo que los asuntinos fueron a las universidades gracias a que sus padres fueron panaderos y explotaron ese oficio para generar dineros y por eso las cooperativas del pan fue uno de los aciertos más importantes de una gestión municipal en Arismendi.
Otro acierto de Leopoldo Espinoza como Alcalde fue traerse a mi amigo el periodista Juan José Prieto, el poeta que se formó en el Diario del Caribe bajo su mando y que con gusto se vino al gobierno de Arismendi a realizar un interesante trabajo comunicacional que con el rotativo “También” regó información política y cultural en el municipio.
Ahí estuvo Juan José que una vez que terminó su función con Leopoldo se fue cl Consejo Legislativo donde es su flamante cronista y dizque ahora lo tienen conceptuado como el Cronista de Arismendi para el futuro.
Eso es lo que dicen en los corrillos politiqueros de La Asunción y solo cumplo con informar lo que se va rumorando ante la desaparición física del Cronista Leopoldo Espinoza Prieto y si no se produce es una verdad, está la figura de Carlos Villalba otro cronista con los argumentos para ocupar el vacío del bachiller Espinoza Prieto.
Con Leopoldo quedó probado que la lectura y la formación libresca es la clave para ganarse un puesto en la sociedad neoespartana porque desarrolla el ciudadano una capacidad discursiva inigualable, un manejo del conocimiento y en el caso de Leopoldo un manejo de la sátira y el humor como armas de combate en las luchas de cada día.
De manera que los títulos nobiliarios quedaron relegados y se probó que nutrir el cerebro de ideas con horas de lectura y de investigación es fundamental para amalgamar conocimientos que te dan grandes ventajas a la hora de las batallar en una sociedad donde la formación del hombre es determinante para ocupar espacios importantes.
Lástima que muchos de los que formaron parte de su legión de amigos que no eran muchos no entendieron que la formación del hombre la da la lectura y a Leopoldo le correspondió quemarse los ojos cada madrugada para conocer la vida desde la visión de los grandes cultores de la literatura universal, desde la visión de los grandes poetas, narradores y políticos.
Dios quiera que las nuevas generaciones tomen como ejemplo la trayectoria de Leopoldo Espinoza Prieto que con sus defectos y virtudes como las tenemos todos los seres humanos fue un faro de luz para la Ciudad del Silencio y que a veces con su gritos, con su humor negro y sus chistes malos incomodaba a muchos y enanizaba a otros que no terminaron entendiendo los mensajes del Cronista y escritor asuntino orgullosos de su título de bachiller porque a final de cuentas esos títulos nobiliarios no marcan la vida de los grandes hombres de esta sociedad, pues como dijo Arturo Uslar Pietri:
“La imagen sucinta y superficial que la inmensa mayoría de los venezolanos tienen de su propia historia no solo es insuficiente y fragmentaria, sino que es contraria a la verdad y hace imposible comprender y explicarse los sucesos, sus protagonistas y sus motivos. Es casi, en el más preciso sentido, una antihistoria”.
Este 15 de febrero murió un asuntino que trascendió en Margarita. Amado y odiado por sus posiciones políticas, por su verbo trepidante, por sus posiciones en las grandes batallas intelectuales de la insularidad, pero un doliente de la Margariteñidad y sobre todo de la Asuntinidad.
Ya se siente el vacío de Leopoldo en la Ciudad del Silencio que perdió su mejor guerrero y anda fabricando sustitutos porque los pueblos no saben lo que tienen hasta que lo pierden y no es fácil tejer crinejas verbales con el verbo encendido y que todos volteen a escuchar lo que dijo el bachiller.
Por eso los pueblos se vuelven telarañas y se van secando de a poquito porque no terminan de darle sus galones a sus mejores guerreros, sino que se les va la vida buscando defectos y escondiendo virtudes.
Ahora tiene Alí Romero, el Alcalde la pelota en la mano de nombrar un Cronista de Arismendi que custodie y defienda la Ciudad y sus pueblos con la pasión que lo hizo sin ser cronista durante años el Bachiller Espinoza Prieto diciendo verdades y tocando callos que a muchos no le gustaban sus palabras hirientes, pero que terminaban descubriendo en el asuntino un gladiador del verbo que lanzaba dardo y flechas para despertar a la eterna Ciudad del Silencio.
Paradigma/ManuelAvila