Las campanas dejaron de sonar hace mucho rato porque el pueblo más nunca escuchó hasta los quejidos de Che María cuando arrastraba los pies por las calles de Los Robles parecían un cementerio de poetas muertos.
La voz de Régulo y Luis Enríque enmudecieron hace rato y solo los sonidos de la Banda “María Sinforosa Reyes” se escuchaba algunos días cuando ensayaban sus melodías de siempre.
Esa mudez apareció desde que lasa angoletas y las chulingas se perdieron del pueblo y las campanas perdieron su fuerza cuando Miguel Avila, Chu Colorado y Daniela dejaron de lanzar gones al aire.
Se fue Nicanor con sus crónicas y nos dejó su Retahilas y Las Piedras de Nila quedaron como muestra de las quejas de un pueblo que más nunca levanto su voz.
Ni siquiera los representantes de la Revolución volvieron a pegar un grito para despertar a ese pueblo que duele. Apenas sus cuatro fanáticos del proceso gritaban consignas hasta hace poco cuando enmudecieron para siempre.
Pasar al mediodía o en horas de la tarde por Los Robles es encontrarse con el silencio de los afligidos. Así se enmudeció un pueblo de la alegría que se quedó sin voces en medio de la crisis del silencio.
Eso me había dicho Nicanor hace años cuando me pidió que heredara sus trastes para llevar las crónicas de Los Robles. Me llamó a su casa para explicarme pedagógicamente la profecía de la mudez de un pueblo que solo oye las voces de este pueblo solo cuando los jugadores de caballos lanzan sus gritos de muerte elevando la voz para rematar las carreras de caballo.
Solo cuando cayó la Ceiba milenaria aparecieron varios vecinos de esos que se quejan en silencio profiriendo insultos contra las autoridades que nunca hicieron nada por preservar ese ícono de la Robleridad. Ese día me acerqué a ver a los bomberos actuando para terminar de borrar la doblada Ceiba roblera.
Unos pichones de políticos que nunca se preocuparon por estudiar para tener solvencia intelectual en una sociedad que se cae a pedazos, nunca se ocuparon de estudiar ni de historia, ni de política para poder actuar en momentos cuando se requiere de figuras que levanten su voz por su gente.
Salvo Daniel con su José Gregorio a cuestas para mantener la fe que su padre Hildo y su madre Silvia le trasmitieron para que siguiera la tradición de la creencia religiosa. Por eso Daniel se consagró en las luchas por la religiosidad y levantó a su Gollito como estandarte para celebrar a finales de octubre una fiesta de la cual se habla en toda Margarita. El resto es solo buscar protagonismo a costa de la imagen del médico milagroso.
Querer hacer liderazgos con la ignorancia como bandera es arar en el mar con figuras desteñidas que solo viven del chisme y la miseria humana. Por eso no se le puede entregar el testigo de la carrera a quienes nunca podrán calzar los puntos de los líderes sociales que en el pasado se entregaban con pasión a las luchas por mejoras sociales para sus ciudadanos. Entre esos líderes con vocación social encontramos a Pedro Simón Navarro, Ibrahim Rojas, Freddy Ruiz y en los últimos tiempos Juan Carreño, Moncho Jiménez y. Balita Rosas.
Muchas voces se han apagado con el paso del tiempo porque los que loqueaban fanatizados como títeres rotos más nunca volvieron a gritar consignas descuadradas de los nuevos tiempos.
Llegaron las luces de enero con su carga de luminarias y chicharas voladoras que cantaban canciones de cuna para desarmar castillos de naipes que habían permanecido de pie durante tanto tiempo.
Muchos se equivocaron porque creyeron podían seguir comiendo bajo la sombra de los árboles en juego de ventajas. Es que en el insólito universo hasta los meteoritos pueden abrir brechas para dibujar destinos brillantes.
Pero el pueblo siguió mudo con sus borrachines gritando consignas en plena Plaza mientras el cortejo fúnebre transitaba hacia el cementerio para llevar cristiana sepultura aun muerto que pesaba tanto.
NI la sayona que leía los libros a escondidas pudo evitar las meadas de las luciérnagas que volaban por el cielo luminoso para decretar la libertad de la lluvia y el entierro de viejas palabrejas de ideología política desgastada.
Volvieron a escucharse las campanas moribundas las mismas que en otros tiempos decretaban la desaparición de los fantasmas y aparecidos y hasta las guacharacas que en el pasado gritaron consignas a favor del desastre nacional salieron aplaudiendo la nueva vida de las chicharas que cantaban poesía al pie del cementerio. Si esas fueron las mismas que causaron la grieta de la campana grande con sus gritos de sayonas heridas y que nunca podrán quitarse de encima la cruz de cenizas que llevan pintadas en la frente y que solo ellas se la ven frente al espejo cada vez que la libertad le reclama su torpeza por condenar al pueblo a una mudez enfermiza.
Al final logramos cabalgar sobre las chicharas para ir en busca de un futuro luminoso en un pueblo de miradas tristes donde la gente se equivocó cuando compraron barato una propuesta de opresión que aún resuena en los tímpanos de las guáralas del juicio final, pues como señaló Efraín Subero “Entre todos los pueblos y en todas las épocas, solo es viviente aquel que es más fuerte que su destino, el que nada libremente entre las redes en la gran corriente de la vida”.
Encíclica/ManuelAvila


