Después de haber conocido por estudios las dictaduras de Juan Vicente Gómez, Cipriano Castro y Marcos Pérez Jiménez y haber pasado por los 27 años de la revolución bonita, me quedó con la democracia con sus imperfecciones. Fueron gobiernos duros que reprimieron, oprimieron e intimidaron hasta más no poder.
Porn eso no se termina de entender el camino que tomaron los venezolanos obnubilados por los cantos de sirena de Fidel y el Che Guevara para vendernos un producto final que nos llevaba a la ruina nacional.
Todavía no termino de entender cómo esta patria volvió a sus raíces de buscar un vengador a cada rato para solucionar sus problemas fundamentales. Y no puedo digerir la idea que un país con la riqueza petrolera más grande del mundo se haya metido de nuevo en el bucle del autoritarismo histórico. Pero la peor calamidad es que nos metieron en una celda imaginaria para ver desde lejos a muchos conquistadores llenando sacos y llevándose nuestras riquezas para formar una legión de bandidos sin alma que para nada les importó que los venezolanos se murieran de hambre en medio de un clima autoritario.
Por eso difiero de Fernando Mieres en su artículo “Adiós a la democracia”, donde da volteretas sobre esa interrogante para intentar probar “que no existe un país democrático que no se encuentre amenazado, no solo desde fuera sino desde dentro, por fuerzas políticas que no rinden culto a la democracia”. Con todas esas costras de la miseria que abundan en la Venezuela petrolera no hay ninguna duda que aunque existan millones de políticos malandros que solo llegan a robar para amasar riquezas y ponen en jaque la democracia, también es verdad que cualquier forma de gobierno alejada de esta manera autoritaria de gobernar es insuperable por cualquier forma de gobernar.
Después de haber vivido 27 años de penurias y sofocones de la miseria nacional hay que mandar bien lejos al carajo cualquier forma de gobierno que use la dádiva como fuente de salvación y que convierta al ser humano en seres ruinosos que no tienen ni como comer y menos acceder a los espacios de salud porque es pura mentira maquillar la salud y la educación para hacer ver que vivimos en un mundo distinto.
Prefiero mil veces vivir en un país done el poder ejecutivo y el legislativo impongan condiciones “autoritarias” y donde la gente tenga empleo y no dependa de miserias que le reparten para saciar el hambre del pueblo.
Es mejor vivir en una democracia liberal que en una anti liberal y aunque la primacía la tenga el Ejecutivo por encima de los demás poderes, es evidente que es mejor que cualquier locura autoritaria que use al pueblo como una mentira cosmética que nada le deja de ganancias a la gente que quiere avanzar por encima de los obstáculos del autoritarismo.
Teorizar sobre la democracia es muy fácil cuando ilusos del pensamiento consideren que hay algo peor que esto que hemos vivido en Venezuela donde los cargadores de basura de ayer terminaron convertidos en recolectores de basureros humanos donde el hombre y los zamuros se reparten la podredumbre cada día.
Esa teoría de Mires de sacar de los archivos de la historia conceptos momificados que señalan que ningún filósofo político griego haya sido partidario de la democracia y que según Platón la democracia era una de las más bajas y peligrosas formas de asociación política. Esto quiere decir que para Mires cualquier forma del modelo democrático es lo peor desde su óptica política. Eso quiere decir que éste señor ni conoció, ni ha vivido las calamidades por las que pasamos los ciudadanos de este país en una de las peores tragedias de la historia del mundo.
Será acaso que Mires está viendo lo ocurrido en Venezuela solo desde lo teórico que al final no le importa un carrizo a quienes hemos estado viendo esta película en vivo y en directo.
El escritor Mires va más lejos cuando dice “La democracia es deleznable, según Platón porque en su incapacidad para gobernar lleva ala tiranía”. De verdad teorizar mucho, enferma a la gente y lo pone de espaldas a la realidad y va más lejos al citar a Aristóteles que señala “que la democracia en su incapacidad para gobernar lleva a la tiranía. Con ese pasticho de ideas sacadas del baúl de Mires no queda ninguna duda que a ese escritor hay que ponerlo a vivir 27 años entre colas, humillaciones, servicios hospitalarios colapsados, servicios públicos como agua y luz destruidos y un sistema judicial prostituido en todos los planos.
Así como analiza Mires la política desde un laboratorio de la comodidad es fácil realizar comparaciones basándose en conceptos de Platón y Aristóteles que estuvieron en otros tiempos y viviendo su realidad y que sostuvieron que un buen gobierno debe mantener a raya a las multitudes. Planteamientos disímiles que están muy lejos de la tragedia nacional de un país con la riqueza más increíble en el subsuelo y que ahora ocupa los últimos eslabones de la pobreza mundial. No se le ocurre a Mieres volver en algún momento a la realidad venezolana donde la gente en un número hiperbolizado se fueron al exterior en unos 9 millones de ciudadanos que huyeron despavoridos por el azote de la miseria nacional.
Dice Mieres “la democracia debe ser rechazada porque al integrar a las clases bajas, crea condiciones para el advenimiento de dictaduras y que tanto Platón como Aristóteles s presentan como enemigos del peligro populista.
De verdad me agoté leyendo a Mires que fue más profundo hasta traer a escena a Kant y que según “la democracia es una forma de despotismo porque si todo está condicionado al principio de las mayorías que terminan sometiendo a las minorías convirtiéndose en un gobierno de la voluntad de todos. Y termina asociando a democracia con populismo. Creo que Mires no vio el populismo venezolano en dictadura porque de lo contrario no hubiese tocado el tema de pretender comparar a democracia con autoritarismo.
La realidad política venezolana obliga a Mires a comparar los gobiernos democráticos de Betancourt, Leoni, Caldera y Carlos Andrés Pérez con las dictaduras venezolanas que volvieron trizas la historia de esta República.
Después de leer a Mieres uno concluye que la hipertrofia odiosa de algunos pensadores los hacen inconformes, petulantes, odiosos y figuras alejadas de la verdad de lo pueblos porque el caso Venezuela hoy nos muestra un país ruinoso que creyó en un movimiento aluvional que montado en la ola del Vengador ofreció villas y castillos a un país con sueños enormes y que vio espejismos por todas partes para salir de la miseria nacional.
Opinar desde lo teórico siempre será fácil cuando se ignora los sufrimientos de un pueblo que empezó a soñar hace 27 años y terminó sepultado en el lodo de la locura del poder.
Partiendo del pensamiento de Churchill que “la democracia no es perfecta, sino perfectible” que alude a que puede mejorar en la medida que se aplica como modelo de gobierno, pues es evidente que todas estas formas de gobierno tienen sus fallos a la hora de gobernar un Estado.
Lo cierto del caso es que después de pasar estos 27 años de dictadura con imposiciones y castigos, con prisiones y muertes, con una libertad de expresión que robó la palabra a los periodistas y enmudeció a los opinólogos, no quedan dudas que los venezolanos no quieren volver a un modelo que no hace elecciones limpias y donde la libertad está en dudas.
Seguro estoy que el Chile de Mieres no quiere volver a los gobiernos de izquierda porque ya han fracasado y han castrado el progreso de su nación. Por eso Boric no pudo imponer a su candidato de relevo porque le fallaron al pueblo chileno que vio su forma de gobernar como una utopía de la justicia social. Esa es la diferencia entre la democracia liberal y el autoritarismo porque a la gente le gusta vivir bien y encuentra en la libertad la ruta para la salvación de su país.
Por eso se le bajaron los humos a los zurdos del Continente y han perdido terreno en los últimos años en Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras, Argentia, y Perú. Y tienen guindando a Colombia y Brasil donde Flavio Bolsonaro y Paloma Valencia tienen el favoritismo para derrotar a Lula y a Petro.
Así están las cosas en una sociedad venezolana donde el autoritarismo está pasando de moda y deja de lado la fantasía de estos modelos autoritarios que ya no calan en el Continente.
Encíclica/ManuelAvila


