El obispo Fernando Castro Aguayo presidió la misa de El Nazareno en la catedral de La Asunción, y desde allí, describió este día como, “la siembra generosa que hace Dios en la vida de los margariteños, en la vida de los venezolanos, en la vida de todos los creyentes”, indicando con ello que es el recordatorio de cuanto nos ama Dios y cuanto tenemos nosotros que amar a los demás, produciéndose así los mejores sentimientos.
Destacó que la importancia de pensar en el amor, es que de allí nace la esperanza. “Acuérdense que lo peor que puede tener una persona es no tener esperanza, y no tiene esperanza el que no experimente el amor. Nosotros experimentamos el amor de Dios y por tanto la esperanza llena nuestro corazón”.
Describe el momento del Nazareno como la más fiel esperanza, pues aún caminando hacia el calvario, camino a entregar la vida, es dar la vida para que podamos tener una vida feliz después de la resurrección, y por eso sabe que la muerte no es la última palabra, sino es la propia vida que se va labrando un futuro lleno de esperanza, que es la esperanza en Dios.
“Venezuela es un país que se ama a la familia. En Margarita, la llegada de un niño a un hogar, es siempre una bendición de Dios. Por supuesto debemos tratar de que las familias estén estables, bien constituidas y cada día más estables. Y para ello es un gran avance la fe, el aprecio a la vida, el aprecio al niño que nace. Por eso ver tantos niños aquí nos llena de gozo y de alegría, (3:15) y los bendecimos y los ponemos en manos del Nazareno para que sean los mejores hombres, las mejores mujeres, ciudadanos de este mundo”.
Finalmente, Monseñor invitó a cumplir con las actividades católicas de estos días para llegar jubilosos al Domingo de Resurrección, donde se contempla el misterio central de la fe cristiana.
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