Los cronistas políticos han abundado en Nueva Esparta en su historial político. Una cosa es que la solemnidad de la mención de cronistas lo haya maquillado la evolución de los tiempos, ya que sé perdió la esencia de esas funciones de recopiladores de la memoria histórica de los pueblos.
Esa es una cosa y sus actuaciones en el escenario de la sociedad neoespartana deja huellas del paso de los cronistas por el hecho político insular y no quiero caer en la misma posición de encerrarme entre libracos y documentos para terminar momificado por los siglos de los siglos
El espíritu de un cronista va más allá de archivar materiales y documentos historicistas porque no es posible evadir la responsabilidad de resaltar los acontecimientos más importantes de una sociedad.
Estamos al servicio de una región, de un país y es más importante avanzar con el paso del tiempo que encerrarse en bóvedas de cristal ra evadir las luchas que debemos dar. No podemos dejar de analizar la posición de los cronistas en el tiempo soñando con un funcionario apolítico, desvinculado de la situación del país y magnificando sus funciones de preservador de la historia de los pueblos.
Sin dudas que pretender simular ser figuras alejadas del hecho político es un simple ardid de señores que pretenden aparecer como eslabones de la historia y solo eso.
Esa discusión hay que darla para que nadie se quede con las dudas del paso de los cronistas por la política insular. Han estado ahí en ese lugar sacrosanto cayéndose a mentiras y creyendo que es el espejito quien le dirá la verdad de su actuación. Lo peligroso es que sigan fabulando su paso por la política insular y eso ha ocurrido en todo el país por años.
Es que el cronista por ese vínculo con la historia lo han valorado en su momento por su capacidad para producir ideas, por el conocimiento de la historia y y por su habilidad para hablar y escribir que es parte importante del repertorio que tiene un cronista en sus desandar por una sociedad.
Por eso la tesis de que los cronistas son apolíticos solo se lo creen los más aletargados hombres de la historia que se han ido metiendo en el ataúd de la naftalina y se niegan a escribir por ejemplo una crónica del desandar político en Venezuela cuando esa experiencia necesita que algún osado cronista hable de los saltos olímpicos electorales para consagrar el principio constitucional que la soberanía que reside en el pueblo.
Podrá algún cronista alejarse de lo que está ocurriendo en Venezuela en este momento y que es materia de estudio por lo que está ocurriendo en este país en estos momentos y que los cronistas por temor se niegan a realizar análisis de una situación que exige que sus hombres más ilustrados opinen con seriedad sobre la crisis brutal que destruye al país.
No pueden los cronistas alejarse de las crónicas por miedo a que alguien opine contra ellos. Ese es el riesgo que hay que correr y escudarse en ese culillo que existe detrás de los trajes draculianos y la fragancia de naftalina a la que pretenden arrimarse los centinelas de la historia.
No es posible que sigan los cronistas prisioneros en cúpulas de cristal que los aleja de la verdad esencial de los hombres para aparentar una solemnidad que solo existe en la mentalidad arcaica de los hacedores de historia. Por eso dejaron a Nicanor Navarro, Cronista de Nueva Esparta muy solo en aquella pelea con el chavismo por haber analizado al Bolívar humano al compararlo con Thruman y con Hitler en dos análisis profundos que desmitificaron al Libertador y que le quitó rango de semi dios y lo puso a pisar tierra como un ser humano más.
Esas dos crónicas pareciera que no fueron importantes, pero como no va a ser trascendente que el análisis profundo del Cronista de Nueva Esparta en aquel momento desnudó a Libertador Simón Bolívar en aquellas crónicas “Bolívar y Bello” y “Bolívar y Páez”.
Creo que muchos cronistas no las leyeron porque por su mezquindad por su egoísmo permanente a lo largo de la historia, no le dieron importancia a un valiente análisis que desde el Diario La Hora levantó polvaredas en Nueva Esparta hasta el punto que los fanáticos del régimen usaron la emisora de Luis Aguilera y Mireya Mata para despotricar de un cronista que lo único que hizo fue analizar la historia desde su perspectiva para intentar desmitificar no solo a Bolívar sino al Hugo Chávez que era la expresión más efervescente de la revolución.
Estaba muy reciente el episodio del nombramiento del Cronista de Nueva Esparta y nadie se acercó a Nicanor a ver si lo podían ayudar en esa guerra porque se convirtió en un todos contra uno. Yo si me le acerqué a preguntarle si necesitaba ayuda y me respondió que esa pelea la daría solo sin compañía porque era su posición y la defendería con la vida si era posible.
Por eso me limité a seguirlo de cerca en su desandar, pero lo sorprendente es que ningún cronista por espíritu de solidaridad soltó un verbo de movimiento para dar la sensación que apoyaban al colega que se atrevió a poner a Chávez en carne y huesos ante el pueblo de Nueva Esparta.
Por eso es complejo analizar un mundo de la historia que pretende ser mudo ejemplo de la Shakirización de los hechos al ver pasar los años y cada ser humano que recibe una mención como cronista se convierte en una figura configurada al estilo académico y se encierra en viejos documentos y en ácaros y olores a museo que nadie percibe como algo útil. Y sobre todo en un silencio enfermizo que los aleja de la verdad histórica de nuestros pueblos.
Ahora cuando el país se debate entre l ser y el no ser porque ha ocurrido el fraude más grandioso de la historia contemporánea, nadie osa soltar cuatro letras para escribir es historia, ese momento en hilos de oro.
Esa es la realidad de los que llevan la historia que ven pasar momentos importantes y no se atreven a mover los dedos para analizar el momento. Ahí están mis contradicciones y la no aceptación de la timidez y la pereza mental a la hora de hacer la historia.
Será que acaso eso que ocurrió el 28 de julio no amerita una crónica que deje el Rey Desnudo en la pluma de los cronistas los custodios de la historia o es que Leopoldo, Régulo y el resto de los cronistas no saben que lo que hubo en Venezuela fue un fraude de grandes dimensiones y que sin votos no se ganan elecciones.
A eso hay que agregar que los revolucionarios se cansaron de ganar elecciones cuando tenían la conexión con el pueblo y en el momento que perdieron ese enlace por desviarse de la ruta que le enseñó Chávez cayeron en desgracia y tuvieron que acudir a las jugadas perversas para acceder al poder.
Esa situación de crisis política aguanta muchas crónicas lo que falta es quien las haga y para eso hay que sacar coraje de bajo de las piedras para decir la verdad que el pueblo quiere leer y que los periodistas en su prisión imaginaria y el secuestro de la libertad de expresión nunca van a decir nada por temor a que los encierren.
Ahora queda en el aire el compromiso de escribir una historia política que no la escribieron ni los historiadores, ni los cronistas, ni los periodistas porque murió la libertad de expresión y el miedo se le metió nen el alma a quienes podían contar con detalles lo ocurrido en un lapso de tiempo donde el silencio se apoderó del alma nacional.
Encíclica/ManuelAvila


