Barcelona finalmente ha completado su silueta más icónica. Tras casi un siglo y medio de obras, la torre de Jesucristo ha sido coronada, alcanzando los 172,5 metros de altura.
El sueño de Antoni Gaudí, quien proyectó este templo como un nexo entre el cielo y la tierra, entra en su fase final con un remate de cerámica diseñado para capturar la luz del Mediterráneo.
«Será resplandeciente», ha asegurado Jordi Faulí, el arquitecto director que ha liderado este tramo histórico. La culminación no es solo técnica, sino simbólica: la cruz blanca ya brilla sobre la Ciudad Condal, marcando el inicio de los preparativos para la visita del Papa León XIV en junio, quien bendecirá el punto más alto del templo en pleno año del centenario del genio catalán.


