La saturación de vallas y pendones en el estado Nueva Esparta ha trascendido lo estético para convertirse en una crisis de seguridad y un obstáculo para nuestro desarrollo económico. La alta concentración de publicidad en las principales vías y avenidas no solo empaña el atractivo natural de nuestra isla, sino que actúa como un factor distractor crítico para los conductores, aumentando el riesgo de accidentes viales.
El paisaje no es un recurso inagotable ni un espacio para la anarquía; es el eje central de nuestra oferta turística, y su degradación afecta directamente la percepción de los visitantes nacionales e internacionales que buscan en Margarita un refugio de esparcimiento y belleza natural.
Este desorden visual no ocurre por falta de leyes, sino por la urgencia de su cumplimiento. Nuestra Constitución, en su artículo 127, establece la obligación del Estado y la sociedad de garantizar un ambiente libre de contaminación, principio que se refuerza en la Ley Orgánica del Ambiente al declarar la gestión ambiental como una utilidad pública. Más específicamente, la Ley de Tránsito es tajante en su artículo 45 al prohibir la publicidad en separadores viales y restringir anuncios que induzcan al consumo de alcohol en las carreteras. Por tanto, el retiro de elementos publicitarios ilegales no es una medida arbitraria, sino un ejercicio de soberanía legal donde el bienestar general debe prevalecer sobre el interés comercial particular.
El rescate de Margarita como destino turístico de excelencia exige acciones contundentes y el compromiso real de todas las Alcaldías en la ejecución de sus ordenanzas. No hay espacio para polémicas innecesarias cuando el objetivo es cumplir con las metas de sostenibilidad y elevar la calidad de vida de nuestra gente.
El marketing tiene sus canales, pero las autopistas y el horizonte de la isla pertenecen al ciudadano. Recuperar la limpieza visual de nuestro entorno es una deuda pendiente con el pueblo y la única vía para proyectar la imagen de prosperidad y orden que Nueva Esparta merece ante el mundo.
MorelRodríguezAvila


