
La brecha actual es inverosímil: un trabajador venezolano con salario mínimo (0,37 USD) necesitaría trabajar más de 600 años para igualar lo que percibe un trabajador en Alemania (aprox 2829 USD) o Francia (1820 Euros) en un solo mes. Para siquiera aspirar a cerrar esa brecha, Venezuela necesita desmantelar su economía de «supervivencia» y adoptar un modelo de desarrollo inclusivo. Las alternativas más viables incluyen:
1- Vincular el salario a la productividad y reactivar las escalas salariales.
En Europa los salarios fuertemente segmentados por calificación, ejemplo Categorías A, B, C en la función pública francesa. En Venezuela, el debate se ha aplanado al mínimo vital. Se deben reconstruir los tabuladores por mérito, experiencia y formación profesional.
2- Reconstrucción de los Servicios Públicos (Salario Indirecto)
En las naciones europeas, la alta carga fiscal se traduce en servicios públicos de calidad. En Venezuela existe una «privatización de facto»; el ciudadano debe gastar su escaso salario en agua potable, salud privada y plantas eléctricas. Un Estado que garantice servicios públicos eficientes libera automáticamente presupuesto familiar, aumentando el poder adquisitivo real.
3- Institucionalidad y Diálogo Tripartito (Modelo OIT)
Retomar los mecanismos de negociación colectiva libre y vinculante. Los países con mejores salarios en Europa basan sus ajustes en consensos entre gremios, patronal y Estado, no en dádivas unilaterales del Ejecutivo.
4- Atracción de Inversión y Diversificación.
Depender exclusivamente de un fondo petrolero, es repetir los errores de la historia. El acercamiento a estándares del primer mundo requiere inversión extranjera en Tecnología, Industria y Servicios (que pagan salarios medios y altos) algo imposible sin seguridad jurídica y reglas macroeconómicas claras.
La recuperación de Venezuela en 2026 será una falacia —»un crecimiento sin bienestar»— si no se coloca al trabajador en el centro de la política de Estado. Convertir las bonificaciones en salario real mediante una «Ley de Emergencia Laboral», desvincular el ingreso del chantaje político y reconstruir una economía basada en la productividad, son pasos inaplazables. Las fechas simbólicas han perdido su valor cuando la miseria es cotidiana; en definitiva, los trabajadores merecen salarios dignos.
Morel Rodriguez Avila


