El triunfo de Nueva Esparta por Manuel Avila

Los últimos 9 años de gobierno han sido un desastre para Nueva Esparta sin lugar a dudas. El retroceso a región de la pobreza y la miseria se patentó como forma de la gobernanza.

En el gobierno de Mata Figueroa nos quedamos patinando en el charco y dando vueltas al ruedo sin cristalizar propuestas importantes que consolidaran una gestión efectiva para el progreso de la región. Apenas se construyó La Trinchera y se puso la torta con el Puente la Restinga que terminó como un elefante blanco y La Urbanización “La Auyama” que fue la obra emblemática del Gobierno Nacional. El resto fue pago de nóminas y burocracia desbordante.

Después vino el gobierno del ex Alcalde de Porlamar que venía de 8 años de fracasos y solo de políticas sociales intrascendentes. Solo había tenido como gestión la escuela de Campomar y la rehabilitación del estadium de Conejeros. El resto era puro populismo ramplón y más nada. La Ciudad fue minada por todas partes hasta convertirla en una Ciudad Fantasma. Sus calles se perdieron entre huecos y botes de aguas, el patrimonio histórico se perdió en el limbo por falta de mantenimiento, el urbanismo patrimonial quedó vuelto polvo y la ciudad se pobló de vagos y malvivientes. Porlamar se convirtió en tierra de nadie y paralelamente empezaron a cerrar los negocios del Puerto Libre y todos los comerciantes empezaron a migrar a Maneiro en busca de salvación. Solo quedaron en Porlamar buhoneros y vendedores de vicios.

Con la capital comercial de Margarita vuelta papillas en medio de una gestión que solo entregaba ayudas que empobrecían más a la gente y medicinas para mantener felices a las barriadas, le población se deshumanizaba y los auténticos porlamarenses se arrinconaban en sus casas mientras pasaba el Ciclón de Conejeros. En esos 8 años se continuó el desastre gerencial de Mariño y el desorden cundió por toda la ciudad hasta convertir esos espacios tan bellos de ayer en tierra de los trapos, guilindajos y el desorden ciudadano. Nadie se preocupó por hacer ciudadanía y mientras eso ocurría las barriadas fueron creciendo en espacios del malandraje y la vagancia. Cuando nos dimos cuenta ya Porlamar era una gran barriada que para las próximas generaciones sería difícil recuperar porque sus ciudadanos fueron arrinconados y hasta la Sociedad Progreso se congeló en el tiempo. Nadie dijo nada mientras ocurría de desnaturalización de los valores de la ciudad y hasta los centinelas de la historia formaron parte del festín de la locura gerencial.

Ahora viene una tarea dura para reconstruir la Ciudad Comercial de Margarita que perdió sus espacios y fue transformada en un espacio de escombros y donde la mudez de sus pobladores se hizo costumbre. Ahora cuando el Chino González se convirtió de la noche a la mañana en el líder que necesitaba Porlamar porque así lo dice la gente en estudios de opinión que arrojan resultados escandalosos a favor del empresario de la madera que en llave con Morel Rodríguez ha formado un binomio que viene con fuerzas a reconstruir a Porlamar.

Las encuestas dan números importantes a José Antonio González “El Chino” un joven que emprendió hace año y medio la lucha por rescatar a Porlamar y ha tenido que penetrar los barrios más intrincados en busca de conectarse con la gente para iniciar una cruzada que permita entre todos cambiar el rumbo de un Municipio Mariño condenado a la pobreza general. Pero el Chino cuenta con Morel Rodríguez para entre los dos iniciar un proceso de recuperación arquitectónica, de transformación ambiental y sobre todo comprometer a la gente en ese proceso de cambios que debe llegar rápido para poder salvar a los porlamarenses.

Atrás quedarán las mezquindades y los sueños del regreso al gobierno de quienes destruyeron la ciudad y lograron incrementar las barriadas como producto bruto de una propuesta de gobierno populista que nada le dejó a la Mariñeidad. No basta con pretender echárselas de simpático y amanecer en la Plaza Bolívar conversando con los vecinos o ir al Mercado de Los Cocos a interactuar con la gente, pues la gerencia no se hace en las barriadas, sino en una oficina poniendo a pensar a profesionales para producir las ideas que le cambien el rostro a un espacio abandonado por años.

Porlamar no necesita de odios ancestrales, ni de enemigos silenciosos de frustrados políticos que apuestan solo al fracaso de gestiones que proponen proyectos de grandeza para reconstruir a una sociedad vuelta cenizas por bárbaros que con jugadas premeditadas y construidas para volver trizas a la que fue el Municipio más pujante de Margarita.

A Porlamar le vienen tiempos buenos con el populismo erradicado de sus límites y donde los que fallaron ayer se sienten en los bancos de la Plaza Bolívar a ver pasar los carruajes de la modernidad y donde soplen aires de desarrollo a los cuatro vientos.

No hay dudas que con Morel en la Gobernación y el Chino González en Mariño se levantará del subsuelo el espíritu de los porlamarenses de valía para impulsar un barco que requiere de muchos brazos para empujar a puerto seguro el éxito obligado de esta Ciudad para poder salvarse del deterioro masivo a que lo condenaron los depredadores que ayer con sus políticas nefastas sepultaron el futuro de este municipio. 

Encíclica/ManuelAvila

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