Cubanos recurren a la cría de palomas como escape en medio de la pandemia del coronavirus

LA HABANA (Reuters) – Desde un edificio frente al emblemático Malecón de La Habana, los criadores de palomas se asoman por una ventana y observan con atención cómo sus aves emprenden el vuelo.

En momentos en que la isla atraviesa su peor brote desde que comenzó la pandemia de coronavirus en marzo de 2020, los cubanos están recurriendo a la cría de palomas como una forma de escape psicológico.

«No se puede salir de casa», dijo Pedro Marrero, presidente del Club de Fomento del Palomo Seductor, desde la azotea de un edificio frente al Malecón.

«A raíz de la pandemia hace año y medio para acá esto ha tomado fuerza (la cría de palomas) porque estamos en cuarentena. Está todo restringido y tenemos un lugar de escape; subimos al techo y pasamos buenos ratos allí», señaló a Reuters en una entrevista mostrando las jaulas con sus aves.

Marrero, de 53 años, es uno de los cubanos que se han dedicado a la cría de palomas como «hobby» y dice que atrapar y entrenar a las aves lo relaja y que verlas volar lo ayuda a aliviar el estrés.

La recién aprobada Ley de Bienestar Animal establece que no hay límites para la cría de las aves «siempre y cuando se cumplan los requisitos higiénicos sanitarios y de bienestar que la especie requiere», según el Ministerio de la Agricultura de Cuba.

Las palomas también se destinan a la comercialización y a los trabajos de santería en el país, cuyos babalawos hacen de las aves un denominador común solicitado por sus clientes.

A pesar de las restricciones sanitarias que aplican las autoridades de salud, Cuba ha visto un aumento de los casos de COVID-19 tras el relajamiento de las restricciones a los visitantes luego de que el Gobierno decidió reabrir las fronteras.

En lo que va de mayo, Cuba ha informado 29.006 contagios de COVID-19, con un promedio diario de 1.160 hospitalizaciones y 258 muertes, frente a las 229 muertes en abril, según cifras oficiales. La enfermedad respiratoria ha causado la muerte de 921 personas en la isla, una de las cifras per cápita más bajas del mundo.

En las azoteas, los criadores de palomas se emocionan al ver a las aves competir frente a rivales.

Ver a una de tus aves «faenar contra los palomos del barrio y llevarse a la presa a tu casa» es una gran satisfacción, dijo Leonisbel Santana, un cocinero de 35 años.

«Siento amor por ellas (las palomas), hay personas que no las crían así, hay gente que las crían con el fin de mercado, de vender. Y otras las crían como santería», dijo Yosbany de la Rosa, un arrendador privado de vivienda de 35 años, mientras distribuía alimentos a sus palomas en una azotea.

(Reporte de Reuters TV. Escrito por Nelson Acosta)

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