El mito de la vitamina C y el resfriado

La historia de la vitamina C no sería la misma sin la intervención de Linus Pauling, un ingeniero químico estadounidense y divulgador que además ganó el premio Nobel en 1954. Pauling fue diagnosticado en 1941 con la enfermedad de Bright, una dolencia renal que le obligó a llevar una estricta dieta sin sal y baja en proteínas acompañada de suplementos vitamínicos.

El éxito del tratamiento en controlar la enfermedad llevó a Pauling a interesarse por la idea de la medicina ortomolecular, un concepto de nombre muy estiloso que consiste en incrementar la concentración de sustancias ya presentes en el organismo con el fin de prevenir o curar ciertas enfermedades. Dicho de manera mucho más vulgar, consiste en tomar vitaminas para mejorar la salud.

En 2013, un equipo de médicos publico el estudio más exhaustivo que se conoce hasta la fecha sobre los efectos beneficiosos de la Vitamina C sobre la prevención y tratamiento del resfriado común (Lo puedes leer aquí si estás interesado).

El informe analizaba los resultados de otros 29 estudios previos con más de 11.000 participantes ¿Su conclusión?

Pero como todo en ciencia, hay excepciones, y son probablemente las excepciones que dieron origen el mito. La vitamina C reduce a la mitad la posibilidad de contraer resfriado en personas sometidas a una actividad física y a un desgaste extremos.

Y por personas sometidas a un desgaste extremo no se refieren a trabajadores de oficina muy estresados porque el metro está lleno. Se refieren a corredores de marathon, esquiadores profesionales de fondo, o soldados realizando maniobras en entornos subárticos.

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