La enorme diferencia entre el político y el politiquero por Héctor Mata Rodulfo

Los pueblos levantan la voz porque están molestos con sus dirigentes, y el reclamo busca que el liderazgo corrija errores. Algunos lo entienden de este modo y actúan. Otros no y son éstos quienes mayor daño le hacen a la política y, por supuesto, ayudan a que los ciudadanos pierdan fe y confianza en los partidos y, claro está, en la propia democracia. 

Los pueblos se quejan, y en los tiempos actuales ocurre a diario, por la pérfida actitud de los gobernantes que, arropados por una supuesta revolución que no respeta legalidad alguna sino la que ellos a troche y moche o a mazazos imponen. antes que corregir su irresponsable modo de manejar los asuntos nacionales, regionales y locales, por el contrario, engrosan y profundizan el daño, como respuesta. 

Esa manera de conducirse, como caudillos, creen ellos, los lleva a comportarse prepotentes en todo sentido y, sin medir la dimensión del daño, marchan como elefantes en una cristalería dejando a su paso múltiples destrozos. El principal de todos, la pérdida de confianza por parte de la ciudadanía, en las tareas propias de quien lidera, por lo que el ejercicio de esa clase de política cada vez más se viene abajo, y esos políticos evidencian que no pasan de ser simples politiqueros. 

Los pueblos tienen, no puede ocultarse en estos tiempos de tanto avance, una aventajada manera de medir cuándo un político es, de plano, honesto, inteligente y de verdad decidido a servir y no a ser servido. 

Rápidamente lo retrata, lo sabe eficaz o no, sincero o mentiroso. No se le escapa, incluso, hasta puede medirle si en la palabra y en el gesto su mensaje, y la forma de exponerlo resultan cierto. Hoy no hay nada que no pueda ser descubierto por la magia de la tecnología, pero sobre todo en la inteligencia propia del pueblo, vivaz siempre, sin duda alguna. 

De allí que a tanto politiquero que de vez en cuando se atreve a cruzar el escenario, su tránsito por la política, como ejercicio, no pasa de ser un accidente, un pasaje incluso desagradable y, resultado natural y lógico es el rechazo. 

Por tanto, el pueblo cuando alza la voz, cuando protesta, en su demanda lleva implícito, allí reside lo peligroso del reclamo, la elemental calificación de ese dirigente como pésimo, como elemento a rechazar y, lamentablemente, insistimos, en retrato fiel de aquellos individuos que buscan en la política el acomodo de sus vidas y no la dedicación al trabajo, que cuesta mucho, de acomodarle la vida a los demás. 

La política, entonces, tiene que mejorar su imagen. Es decir, los verdaderos dirigentes entendiendo y actuando a la altura de sus responsabilidades, que son muchas y todas públicas, para que el pueblo los respalde cada vez más, porque cada vez más los partidos políticos son indispensables parta el rescate mismo de la democracia; y los politiqueros terminen de entender que su tiempo feneció, definitivamente. 

HéctorMataRodulfo

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