Los abusos y una educación estricta generan aversión al sexo

La aversión al sexo es un problema más frecuente de lo que se piensa y tiene un impacto directo en las relaciones de pareja y la calidad de vida de quienes lo padecen. Puede responder a diversas causas, que marcarán el tratamiento más adecuado para cada caso.

La definición de este trastorno y el lugar que ocupa en las clasificaciones de enfermedades han cambiado en los últimos tiempos, pero los sexólogos tienen claro el perfil de los afectados. Jesús Rodríguez, director del Instituto Sexológico Murciano, define la aversión al sexo como “una tendencia a huir cuando se presenta una situación de contenido sexual, especialmente con otra persona”.

Esta conducta puede estar motivada por “ansiedad, miedo o asco al acto sexual en sí”, añade el experto, quien advierte de que no se debe “confundir con la falta de deseo sexual”. Ahora bien, los dos problemas pueden coexistir y, tal como apunta Carme Sánchez, codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, “a veces, cuando una persona tiene un bajo deseo sexual, si su pareja la presiona o insiste demasiado en mantener relaciones sexuales, puede acabar desarrollando una aversión al sexo”.

Respecto a las prácticas que provocan mayor repulsión, Sánchez explica que los afectados evitan “todos o casi todos los contactos sexuales, generalmente genitales”. En cambio, no suelen rechazar las caricias y abrazos, “salvo cuando se encuentran en fases muy avanzadas”.

Perfil habitual y causas

El trastorno por aversión al sexo es mucho más común en mujeres. “El perfil habitual en la consulta de sexología es el de una mujer de entre 25 y 30 años”, según Rodríguez, quien agrega que la sintomatología  empieza a gestarse mucho antes, “con las primeras experiencias sexuales y con la educación recibida durante la infancia y la adolescencia”.

Una educación afectivo-sexual muy estricta actúa como caldo de cultivo para la aparición del problema. Rodríguez confirma que persisten “ciertos modelos educativos en los que existe un excesivo tabú hacia la conducta sexual o, directamente, ésta se considera algo sucio o negativo, lo que genera que las personas sean más propensas a padecer este trastorno”.

Otro factor que influye es el machismo que sigue imperando en muchas relaciones de pareja. “Muchas chicas se sienten obligadas a tener relaciones sexuales porque si no su pareja les va a dejar”, ejemplifica Sánchez. Y, yendo un paso más allá, las mujeres víctimas de violencia de género también suelen sufrir maltrato sexual.

Los abusos sexuales y otros eventos traumáticos  son, de hecho, una causa directa fundamental de la aversión al sexo. “El hecho de sufrir agresiones sexuales, los abusos continuados o las creencias religiosas extremas suelen estar detrás de la mayoría de los casos”, apostilla el sexólogo.

En casos no tan graves, las personas tímidas, con problemas para relacionarse socialmente, son más propensas a experimentar el trastorno.

¿Cómo afecta al bienestar y la vida en pareja?

Una de las principales consecuencias de la aversión al sexo es el alto grado de ansiedad que genera. “Como toda problemática relacionada con la ansiedad, tiende a extrapolarse a otros campos como las relaciones de amistad o el trabajo”, refiere Rodríguez.

Además, el paciente experimenta con frecuencia sentimientos de culpabilidad o de no sentirse correspondido por su pareja, que no entiende lo que le sucede. “Esto provoca un malestar palpable por lo que, a veces, se necesita complementar el tratamiento con una terapia de pareja además de la terapia sexual”, según el sexólogo.

Por otra parte, si la aversión ha surgido después de haber sufrido maltrato o abusos sexuales, hay que trabajar “tanto los aspectos emocionales como los sexuales”, indica Sánchez.

Tratamiento de densensibilización sistemática

Para tratar el trastorno se suele emplear la desensibilización sistemática, es decir, ir presentándole al paciente la situación de forma progresiva hasta que logre superarla.

El tratamiento se inicia poco a poco, intentando que “la persona se sienta cada vez más segura”, señala la psicóloga barcelonesa. Por ejemplo, se le puede enseñar una silueta de una mujer (u hombre) desnuda y pedirle que señale las zonas que puede tocar su pareja y las que no. “Y, poco a poco, intentamos que la relación vaya siendo más erótica”.

Otro ejercicio consiste en pedir al afectado que describa  cómo se imagina la relación sexual en la que se sentiría cómodo. “Se trata de ir trabajando el trastorno desde esa fase imaginaria”.

Si ha existido un episodio traumático, habrá que “trabajarlo”, enfatiza Sánchez, que también confiere una gran importancia a la tarea de “positivizar la educación afectiva negativa” que pueda tener el paciente.

A las parejas de los afectados se intenta inculcarles “paciencia para que entiendan que se necesita un tiempo para superar el problema”.

Educación sexual, la mejor prevención

Una buena educación sexual es la mejor herramienta para prevenir el trastorno. “Se necesita un alto grado de concienciación en la sociedad sobre el concepto de salud sexual”, considera Rodríguez.

Sánchez es de la misma opinión y añade que es necesario que frases como “no es no”, referida al consentimiento mutuo que debe regir toda relación sexual, calen en la sociedad. No respetar este tipo de principios puede propiciar, entre otras cosas, un círculo vicioso en el que “cuanto más se evita el sexo, mayor aversión produce, lo que a su vez genera más evitación y así sucesivamente”.

Notiespartano

Compruebe también

¿Por qué algunas personas se excitan con los pies?

Hay quienes sienten un atractivo especial por los pies y logran sentir excitación, al verlos, lamerlos u …