¿Cómo tratar el dolor crónico?

Se denomina dolor crónico a todo aquel que dura más de tres meses. En la mayoría de los casos, tiene una causa orgánica bien definida, motivo por el que los médicos tienen como prioridad tratar el origen.

Sin embargo, muchas patologías producirán a lo largo de su historia natural períodos dolorosos intensos que requieren tratamiento. Estas incluyen el cáncer, artritis reumatoide, fibromialgia, espondilitis anquilosante, entre muchas otras.

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Tratamientos con medicamentos

Los fármacos son la herramienta de primera línea para el tratamiento del dolor crónico. Los médicos suelen tener en cuenta las enfermedades de base, la intensidad del dolor, las condiciones económicas y la relación riesgo/beneficio antes de indicar analgésicos.

Suelen combinarse para potenciar el efecto, y en la mayoría de los casos se utilizan terapias coadyuvantes como la fisioterapia. A continuación, te presentamos una breve revisión de los principales fármacos que pueden utilizarse, previa aprobación de su médico.

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Medicamentos antinflamatorios no esteroideos

También denominados AINES, estos son de los más utilizados a nivel mundial. Incluyen al ibuprofeno, el ácido acetil-salicílico (aspirina), piroxicam, ketoprofeno, entre otros. Se destacan por tener actividad antiinflamatoria, analgésica y antipirética.

Desde un punto de vista bioquímico, estos medicamentos comparten un mecanismo de acción, al inhibir varios intermediarios de la vía de las ciclooxigenasas. Esta es una ruta metabólica muy importante que produce sustancias inflamatorias, muchas de ellas involucradas en el dolor crónico.

Existen varias vías de la ciclooxigenasa, y dependiendo de cuál de ellas se inhiba, los AINES tendrán cierto perfil de reacciones adversas. Las más llamativas son aquellas que afectan al tracto gastrointestinal (como las úlceras pépticas o las hemorragias digestivas), además de las renales.

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Paracetamol

A pesar de que tiene ciertas similitudes funcionales con los AINES, el paracetamol o acetaminofén no posee actividad antiinflamatoria. Aún así, ha sido muy utilizado para el dolor crónico y agudo. Tanto así que está incluido en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En general se considera seguro, pero la sobredosis puede ocasionar toxicidad hepática. Incluso, en algunos casos, llega a provocar insuficiencia orgánica. Por eso, si hay una enfermedad hepática preexistente, hay un alto riesgo de toxicidad, aún si las dosis son terapéuticas. Esto quedó descrito en un caso de reporte publicado en 2019 a través de Medicina Interna de México.

Para el tratamiento de algunas patologías como la migraña, es común encontrar formulaciones comerciales que lo combinan con otros fármacos. Siguiendo este ejemplo, la cafeína suele asociarse a las tabletas para potenciar el efecto analgésico.

Inhibidores selectivos de la COX-2

En este grupo se incluye el rofecoxib, celecoxib, etoricoxib, entre otros. Se diferencian del resto de los AINES debido a que solo inhiben a la mencionada vía metabólica (COX-2). Esto puede resultar beneficioso para el tratamiento de algunas patologías, sobre todo porque tienen un buen perfil de seguridad gastrointestinal.

Sin embargo, estos fármacos se han visto envueltos en algunas polémicas dentro de la comunidad médica. Por ejemplo, el valdecoxib ha sido retirado del mercado debido a que algunas investigaciones revelaron que su consumo prolongado aumenta el riesgo de trombosis.

Esto significa que la incidencia de eventos cardiovasculares puede verse aumentada con el uso crónico de estos fármacos. Por ello, en pacientes con factores de riesgo conocidos, los médicos podrían restringir su consumo a pesar de su potencia analgésica.

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Antidepresivos

Desde hace varios años, se ha demostrado que los antidepresivos son efectivos para el dolor crónico, inclusive cuando los pacientes no tienen un síndrome depresivo. Se cree que es debido a los cambios en la concentración de ciertos neurotransmisores, a pesar de que todavía no existe una explicación definitiva.

Los más utilizados pertenecen al grupo de los antidepresivos tricíclicos. Algunos de ellos son la amitriptilina, nortriptilina y desipramina. De forma ocasional, es posible que el médico indique fármacos más modernos como los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina y noradrenalina (ISRSN), como la venlafaxina y duloxetina.

Por lo general, se utilizan como coadyuvantes y no tienen efecto a corto plazo. Por tanto, requieren de varias semanas de tratamiento continuo para mostrar mejoría clínica.

Anticonvulsivos

También se utilizan como complemento para el manejo del dolor, en especial aquellos que tienen carácter lacerante o urente. Se sabe que actúan sobre el complejo proceso de sensibilización de las neuronas, un mecanismo asociado con las patologías crónicas.

Al igual que los antidepresivos, tardan varias semanas en actuar y no sirven para el dolor agudo. De hecho, la efectividad de los mismos es un poco más reducida, según revela una investigación del grupo Cochrane (2005).

En ella se concluyó que estos fármacos eran efectivos para el dolor neuropático (donde se ve lesionada la anatomía de los nervios), en especial en algunas complicaciones de la diabetes mellitus y la neuralgia postherpética. Algunos servirían como tratamiento alternativo en la neuralgia del trigémino.

Opioides

Según la escala analgésica de la OMS, los opioides se pueden utilizar tanto para el dolor moderado como severo. Estos fármacos se caracterizan por su gran potencia, pues incluyen sustancias tan variadas como la morfina, oxicodona, metadona, fentanilo y muchas más.

Al contrario que muchos de los que se mencionaron antes, no se pueden adquirir sin receta médica. Esto se debe a la elevada cantidad de efectos adversos, aunque por lo general se producen con el consumo continuo y a altas dosis.

Entre las complicaciones derivadas de su consumo se incluyen algunas arritmias, hipotensión ortostática, convulsiones y falla renal. El desarrollo de adicción es frecuente, aunque en pacientes terminales este no suele ser un factor decisivo para decidir eliminar el consumo de opioides.

Cómo poner fin a la terapia psicológica?

Terapia psicológica

El sufrimiento a causa del dolor tiende a mejorar con terapia psicológica en ciertos pacientes. Esto es más importante en aquellos con sensación de miedo o pánico constante ante la inminente llegada del dolor, en especial en las condiciones crónicas de difícil manejo.

Para entenderlo mejor, hay que partir del hecho de que la salud es un reflejo del aceptado modelo biopsicosocial, en el que los aspectos afectivos y emocionales pueden influir en el curso de la enfermedad. A continuación, describiremos las modalidades más importantes para el tratamiento del dolor crónico basadas en la psicológica.

Fisioterapia

Es bastante aceptada e inclusive existen profesionales que se dedican de forma exclusiva a ella. Incluye la realización de ejercicios físicos de leve a moderada intensidad para favorecer la disminución progresiva del dolor.

Por lo general, se indica para trastornos osteomusculares, en los que también se busca mantener la funcionalidad de los miembros. Una de las enfermedades en las que más se utiliza es en la fibromialgia.

Se caracteriza por aumento de la sensibilidad al dolor en todo el cuerpo, destacando algunos puntos específicos de máxima intensidad conocidos en inglés como tender points. No se conoce bien su causa pero puede llegar a disminuir bastante la calidad de vida si no se recibe tratamiento.

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Es posible calmar el dolor crónico

Por regla general, se considera que no existe justificación para que los pacientes sufran dolor. Las únicas excepciones son aquellas en las que el riesgo de determinada intervención supera los posibles beneficios de la misma. Debido a esto, el acceso a un tratamiento analgésico efectivo es uno de los objetivos primordiales de la salud pública.

Las opciones son muy variadas, y en caso de duda es recomendable acudir con un especialista en el área. El profesional médico más indicado es el anestesiólogo, aunque existen otros capacitados en áreas específicas del dolor

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