El rostro de la antipolítica por José Gregorio Rodríguez

El resultado de las elecciones parlamentarias del 6D, tiene varias lecturas. Si las examinamos a la luz de la máxima polarización en la que la oposición extremista ha colocado al país en los últimos cinco años desde la Asamblea Nacional saliente, concluimos en que el gobierno del presidente Maduro, del PSUV y sus aliados del Polo Patriótico, obtuvieron una impecable victoria.

Independientemente de los ejercicios de “aritmética política” de sus detractores, el chavismo se alzó con una sólida mayoría que se expresó en los resultados y se refleja en la composición de la nueva Asamblea Nacional.

Quienes desde el campo de la oposición participaron del proceso, obtuvieron un buen resultado visto desde la perspectiva de quienes han debido sortear toda suerte de obstáculos colocados en el camino por quienes autocalificándose también como oposicionistas, han basado su accionar en el ataque permanente, la descalificación moral de sus ex compañeros de ruta y el llamado permanente a la población que adhiere a ese sector a la abstención electoral.

Los dirigidos por el “Comandante  TRUMPeta” como llamó el articulista Jean Maninat, al presidente saliente de los EEUU en días pasados, se quedaron sin política y luego de una “consulta”, que aun cuando se produjo por espacio de una semana y culminó presencialmente seis días después de las elecciones previstas en la constitución para elegir a los diputados a la Asamblea Nacional, ya casi nadie menciona, se van “arrimando” progresivamente a la línea electoral.

No me refiero a los mercaderes del “templo del norte”, quienes intentan prolongar un mandato que nunca realmente tuvieron, sino a sus cuadros dirigentes en las regiones y municipios, militantes de carne y hueso de las organizaciones partidistas que sufren los rigores cotidianos de los ciudadanos de a pie, por las carencias de todo tipo que el bloqueo económico y comercial que sus líderes provocaron, y buscan la manera de “acomodarse” para participar en dos elecciones constitucionalmente previstas para el año 2.021, las de gobernadores y alcaldes.

De eso hay ejemplos de todo tipo y comenzaron a expresarse en ocasión de la elección del diputado Luis Parra, como presidente de la AN en pre-aviso en enero de este año, cuando emergió el movimiento que identificaron como la “rebelión de las regiones”.

Son esos mismos cuadros políticos, los que hoy a la luz de los resultados del pasado 6D, examinan las posibilidades de alianzas y “cuadraturas”, para ver si le “ponen la mano”, como comentan en su jerga la mayoría de ellos, a alguna gobernación o alcaldía en los comicios del próximo año.

Por cierto, la consulta auspiciada por los “vivarachos” de la política doméstica para seguir disfrutando de los recursos de la “cooperación internacional”, en ninguna parte aparece como referente, para procurar ninguna combinación político-electoral de cara a la escogencia de candidatos para el año próximo. En otras palabras, no tuvo ningún valor político práctico.

En el caso de Nueva Esparta, el antichavismo parecía tener las cartas sobre la mesa. Se vislumbraban dos candidaturas a la gobernación.

La del actual gobernador Alfredo Díaz, quien respaldó abiertamente en las elecciones a la AN del pasado 6D a los candidatos de la denominada alianza democrática: AD (Bernabé), Copei, Cambiemos, Avanzada Progresista, El Cambio y el Partido Ecológico, y que en sus giras de campaña a los municipios manifestó su aspiración a la reelección, pero en su tradicional comportamiento de intentar quedar bien “con Dios y con el diablo”, levantó la mano de cuanto aspirante a las alcaldías se le atravesara en el camino, independientemente que fuera abstencionista o participante en la contienda, quedando muy maltrecho por el resultado electoral obtenido, un diputado de los seis en disputa, que se suma a las sucesivas derrotas que desde diciembre del 2017 el chavismo neoespartano le ha venido propinando, además de la ascendente crisis de credibilidad que lo afecta.

Por otra parte, la aspiración del ex gobernador Morel Rodríguez Ávila, respaldado por las encuestas que registran que su opción es la mejor percibida del lado de los electores opositores de la entidad, quien se mantuvo “cazando güiro” en el proceso y hoy pretende amalgamar una amplia alianza a su alrededor que lo catapulte  nuevamente a la gobernación, y quien como para que no quedara ninguna duda al respecto declaró inmediatamente después del 6D: “Hay mucha gente, me atrevo a decir que una creciente mayoría, que recuerda la gestión que realizamos en tiempos democráticos. Y desde ya manifiesta que esos tiempos, que fueron del todo buenos, deben regresar (…) Nadie me puede bajar del tren que el pueblo quiere que yo conduzca”.

Sin embargo sorpresivamente, la “anti política” que se anida con fuerza en el campo opositor venezolano, asomó el rostro de un nuevo aspirante a la gobernación de Nueva Esparta, quien en una misiva publicada en un portal informativo de su propiedad, arremetió en contra del gobernador Alfredo Díaz,  de Morel Rodríguez Ávila y como por si acaso, también del alcalde del municipio Maneiro, Morel David Rodríguez Salcedo, quien es el único burgomaestre opositor en la entidad, descalificando sus aspiraciones desde la perspectiva de una presunta superioridad moral que en este caso, por cierto, estaría bastante cuestionada.

El remitente de la audaz comunicación se “autoproclamó” candidato a la gobernación en los siguientes términos: “Mediten sobre las virtudes de otras opciones, tomen conciencia de su realidad, entiendan que si las actuales condiciones institucionales cambian; los candidatos serán aquellos que surjan entre los dirigentes de la auténtica unidad partidista, igual decisión tendremos que evaluar los que somos independientes, por el contrario, si este modelo se mantiene, serán derrotados por una minoría y nuevamente víctimas del fantasma del #6D”.  

Bueno mis queridos amigos así están las cosas por los lados de la oposición insular luego de las elecciones del 6 de diciembre pasado, en todo caso, ellos deberán encontrar el mejor camino para dirimir sus diferencias y asumir que sólo el “antichavismo” no es suficiente para producir la unidad que proclaman.

Mientras tanto, cada día está más claro que el año 2021 habrá elecciones de gobernadores y alcaldes y que desde el mismo 6D, el PSUV y sus aliados se preparan para asumir con éxito ese compromiso.

JoséGregorioRodríguez/[email protected]

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