Se fue “Cocherito” a perifonear en el cielo

No nos dijo adiós porque estaba ocupado desde la madrugada preparando su programa, el de hoy miércoles, en su radio, la radio de todo el pueblo insular, Nueva Esparta 920 AM, la del grito en la mar inmensa, a la que amaba tanto y para él era, según un día me dijo, “el espejo más grande del mundo en donde sólo Dios podía mirarse porque el Todopoderoso es muy Grande”. Se fue a la calladita, algo muy raro en este hombre que tenía en la palabra su mejor carta de presentación y, desde tiempos inmemoriales la difundía en la radio siendo uno de los primeros moderadores de programas en la radiodifusión insular.

“Se fue a perifonear en el cielo”, me dijo Nelson Ramos, el eterno Operador de la emisora, al darnos la noticia. “Seguro que allá arriba buscará la manera de seguir llevándole al pueblo lo que el pueblo le pedía”, agregó sincero y triste al hablar de su amigo ya ido. Flor y Brayan, piezas claves de la emisora más antigua de Margarita y Coche, no ocultaban su asombro. “Era un buen hombre, un buen amigo, un buen ciudadano”, indicó Diógenes, el director, hombre de radio desde que a los quince años quiso ser periodista y locutor.

Y sí, es cierto: “Cocherito” Millán fue, lo afirmaría con gusto una sólida mayoría, un personaje clave. Con un millón de amigos, puede decirse, porque todo el mundo le apreciaba, se distinguió del común por ser, precisamente, un amigo de todos a los que dedicó años y años sirviéndoles de enlace con quienes podían resolverle los problemas más sencillos que, para los pobres, son inmensos siempre y por supuesto complicados y carentes de respuestas positivas y soluciones inmediatas

Su estilo, inconfundible, único, alegre, sin cortapisas, pero respetuoso, decente, siempre estaba al día de lo que acontecía en los tres mundos en que “Cocherito” dividía al mundo: el de su familia y su comunidad; el de Margarita y su Coche natal y el de su querida Venezuela. “El otro mundo”, me explicaba conversando para un reportaje que le quedo debiendo, “es ancho y ajeno, como dijo un señor escritor. Tan ancho que allí somos como un grano de arena en la playa, y ajeno porque no es nadita de uno”.

“Cocherito” fue un buen servidor público. Vocero de los más humildes, hizo de la radio lo que la radio en su esencia es: instrumento para la denuncia, para la información, señalador de caminos que buscan el progreso; también puntal, sin duda alguna, del mejoramiento y del entendimiento. Trasmisora de la palabra que lleva buen mensaje, que enseña, que fortalece.

Se fue, pues, ya no le escucharemos más alegrarnos las mañanas con sus cuentos, su gracejo, sus ocurrencias, sus verdades, sus críticas, sus recordatorios, sus señalamientos, denuncias, pedimentos a las autoridades para favorecer barriadas y pueblos, y sobre todo, sus advertencias, sus consejos y la firmeza, sin dejar de lado la gracia, con la cual formulaba sus reclamos.

Adiós, no le decimos, tampoco un hasta luego. Sencillamente “Cocherito” pidió permiso, porque necesitaba descansar. Es que media vida y más de la mitad de la que le quedaba dedicada, casi todos los días, a perifonear, le estaba reclamando y él, que no quería dar su brazo a torcer, sin embargo, tuvo que resignarse. La pandemia, como a todos, lo enclaustró en su casa, pero su corazón no le avisó que estaba muy cansado. Avanzado el amanecer se fue, tranquilo, como en el fondo lo era.

Notiespartano

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