La irrebatible verdad, por Morel Rodríguez Ávila

Son innumerables las fallas del actual gobierno, y no solo en cuanto se refiere al angustiante tema de los servicios públicos. Es general la ineficacia que diariamente evidencia una pésima gestión que, sin duda, dejó de lado su principal obligación: escuchar, entender y resolverle al pueblo su más aguda problemática, para dedicarse en exclusiva, con los recursos del tesoro nacional por supuesto, al amurallamiento de su permanencia en el poder.

En la calle, el grito ya resulta ensordecedor y el liderazgo revolucionario, antes que escucharlo, gasta el dinero que debiera invertir en buscar cómo resolver la crisis, según lo ordena la ley, en el financiamiento de su campaña electoral. Inadmisible situación que, en la Venezuela del presente, es una apabullante realidad que todo el mundo repudia, menos las autoridades que, obligadas a investigar y castigar a los culpables, con su vergonzoso silencio, los aúpa.

Lo que al país le ocurre, era previsible desde el momento mismo en que el presidente Chávez orientó su gobierno hacia el comunismo, idéntico al que durante 6 décadas sufre el pueblo cubano. Una ideología que bien probado está, apenas trajo hambre, miseria y atraso a los pueblos que pudo subyugar. Resultado, además muy evidente, del craso desconocimiento de cómo se gerencia una nación, dada la ausencia de planes y programas que de verdad reclamaba la Venezuela de hace ya veintiún años: potenciar el progreso y desarrollo que la democracia le dejó al chavismo; no su sustitución por sueños faraónicos, no la aplicación de medidas que buscaban demoler la propiedad, la empresa privada, con el mentiroso pretexto de revolucionarlo todo para mejorarlo todo, que en definitiva terminó convertido exactamente en lo contrario. ¿Mentira? ¿Exageración? ¿Resentimiento? En absoluto: sencillamente, la verdad, ciertamente irrebatible.

Venezuela era, hasta 1998, un país que, habiendo superado en gran medida las enormes trabas que presenta el intrincado tránsito del subdesarrollo al desarrollo sustentable, por la acción seria y responsable de quienes venían gobernándola, se ubicaba, muy sólida, en los primeros lugres. Recordarlo es necesario, para desmontar la gigantesca mentira comunista, de hacer creer a los incautos que por ahí todavía quedan, la de que aquí no había nada por lo que la revolución tuvo que empezar a construirlo todo.

¿Crear un hombre nuevo? Sí, crearon uno debilitado por el hambre que ahora está pasando y las enfermedades, que el eficiente sistema de salud de la democracia había erradicado, pero la desidia roja las dejó reaparecer, el paludismo, por ejemplo; disminuido también en sus derechos a una vida mejor; en la práctica obligado a decirle sí al partido del gobierno para poder recibir una bolsa de comida cada vez más pobre en cantidad, calidad y calorías.

¿Qué el imperialismo estadounidense es el gran culpable de la debacle social y económica que tanto daño nos produce? Los especialistas lo desmienten.

La crisis fue originada por la incapacidad de los que llegaron, por los votos que les facilitó obtener la democracia, afortunadamente, porque lo que pretendían era llegar a punta de bala a Miraflores. Las sanciones impuestas al liderazgo gobernante obedecieron, según lo afirma el gobierno de los EE.UU, al cometimiento de variados delitos, muy posteriores al estallido propiamente dicho de la crisis; y cuando se aplicó el bloqueo en todo sentido, la ausencia de una eficaz red de servicios públicos era notoria.

La falta de mantenimiento, en el caso de la electricidad, a tiempo advertida, no fue escuchada ni menos atendida y los recursos que se dejaron para su proceso, desparecieron. Se culpó, primero, a los zamuros, a los inocentes rabipelaos, a las tímidas iguanas; después a «terroristas» que, a riesgo de su vida, sabotearon las torres y las líneas de trasmisión. Pero, al comprobárseles que todo eran inventos para justificar su irresponsabilidad, terminaron afirmando que la termoeléctrica del Guri fue atacada vía electrónica.

En materia del suministro de agua potable de tierra firme a Nueva Esparta, la historia es igualmente conocida. La democracia cumplió. Clavellinos y El Turumiquire funcionaron a plenitud desde su puesta en servicio hasta 1999. Desde entonces a la fecha la revolución, incumplió lo que le correspondía como tarea: el mantenimiento integral de ambos sistemas, dejando al garete su responsabilidad, ocupada, apenas, como sigue estando, en atrincherarse en el poder, con la enfermiza pretensión de implantar finalmente el comunismo.

@MorelRodríguezA

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