Otro problema, por Manuel Avila

Cuando leí que había sido asaltado el Museo «Francisco Narváez» por el hampa común solo sonreí porque en guerra avisada no muere soldado. Y es que ese Museo de tanto valor patrimonial para los neoespartanos y considerado como la joya de la corona en el Gobierno de Morel Rodríguez Avila donde el gerente Arturo Millán realizó una labor de grandes potencialidades que hicieron a parecer a esta institución como una de las mejores del país. Pero no es culpa del ciego, sino de quien le da el garrote desde hace 8 años esta institución empezó a caminar en la oscuridad y en un estado de abandono de peligroso rumbo para este valor patrimonial de los insulares.

Si recordamos los pasos marciales del escultor Arturo Millán en la gerencia del Museo «Francisco Narváez» entendemos el florecer de una institución que en manos del hijo de Sabina se proyectó por los caminos de la cultura venezolana como un espacio del prestigio cultural. En muchas ocasiones Arturo Millán me decía como una letanía que en sus manos el Museo «Francisco Narváez» sería siempre una institución de prestigio. Y no se equivocó el escultor que utilizó todas las armas de la táctica para penetrar los espacios del Gobierno Regional a fin de conseguir los recursos necesarios para mantener a flote esa institución con tanta historia y tanto prestigio. Pero los conseguía Arturo a fuerza de coraje y tenacidad, pues si se ponía a esperar que todo lo cayera del cielo nunca resolvía los problemas fundamentales de esa institución.

No era Arturo uno de esos directores que convierten las oficinas en bucles de la momificación, pues su presencia en la Gobernación de Nueva Esparta era permanente y ya los encargados de la planificación lo veían con cuidado porque el escultor y pintor no jugaba a la hora de solicitar los recursos para el Museo «Francisco Narváez». Por eso ese gerente cultural dio grandes batallas en los espacios del sótano que heredaron la humedad del Río Birigutí que convirtió a una parte del museo en tierra de nadie. Pero se combatió desde esos espacios para que no avanzará el mal que descargaba la humedad en las entrañas de este bien patrimonial de Margarita.

No se dejó de avanzar para sostener el prestigio del Museo «Francisco Narváez» y por eso se trajeron a la isla las mejores bienales que se  realizaron en el mandato de Arturo Millán que apelaba a sus contactos en el mundo de la escultura y la pintura para traer a su Porlamar querida las grandes exposiciones del arte venezolano.

No le tocó fácil a Arturo Millán porque le correspondió enfrentar a mitos y figuras del poderío artístico regional con luchas importantes por defender las pinturas de FONDENE y realizó una cruzada para llevarse al Museo «Francisco Narváez» y le supo hablar con fuerza de la verdad a los usurpadores de las obras que pretendieron llevarse en dos camiones volteos las pinturas con destino desconocido. Por eso se frenó el saqueo a las obras pictóricas de FONDENE. Al final vino un especialista de INEARTE a evaluar las obras para preservarlas. Posteriormente volvió el hijo de Sabina al tapete comunicacional cuando un grupete nombrado por el Gobernador Carlos Mata Figueroa quiso pegarle las manos a varias obras de esa colección, dizque para venderlas a fin de preservar el funcionamiento del Museo «Francisco Narváez». También logró Arturo frenar la locura de los nuevos revolucionarios que intentaron sacar las obras para su venta y de un grupo de avispados que intentaron dar matarile a una joyas pictóricas que forman parte de la vitrina artística de la región.

La lucha que dio Arturo Millán para preservar el Museo «Francisco Narváez» fue dura y recibió la mano amiga del Gobernador Morel Rodríguez que nunca dejó de enviar los recursos y los presupuestos para mantener en  inigualables condiciones la infraestructura de esa institución. Por ese tesón y fuerza espiritual consiguió Arturo que el Mandatario Regional le diera los recursos para construir el edificio administrativo del Museo Narváez y logró penetrar en la historia de esta institución para dejar como modelo un estilo gerencial que todavía no han superado en esta tierra.

Por eso me llamó la atención el amarillismo que han usado los medios para resaltar el asalto al Museo Narváez que si bien es cierto ha sido víctima de la delincuencia está desde hace rato en estado de abandono como viene ocurriendo con todas las Casas de Cultura del país. No en balde la Casa de la Cultura «Juan Fermín Millán sufre las inclemencias de la crisis, la Bibiloteca «Régulo Guerrra Salcedo» y no se diga del Teatro de Los Robles que ha visto el deterioro de sus instalaciones, de su auditorio, de sus dependencias, de la bomba para impulsar el agua y de los pisos que se han levantado, de las paredes que se desconchan como telas de fieltro. Solo las excusas de la falta de presupuesto es el elemento utilizado para justificar el deterioro de las casa de la cultura insular.

Ahora cuando la Cámara de Comercio de Margarita eleva su voz de reclamo y cuando algunas personalidades y comerciantes donan los bombillos para su funcionamiento, le vemos las costras a una institución dejada al abandono por sus gerentes y por el Gobierno Nacional que solo ha nombrado figuras al frente de estas casas de cultura, pero no le ha garantizado los recursos para sostener tan ambicioso proyecto. Ahora me disculpan, pero condenar a una casa de cultura a las tinieblas es abrir las puertas a los desadaptados para que hagan de estos espacios paraísos delincuenciales.

El problema del Museo «Francisco Narváez» es de vieja data, pero la oscuridad de sus instalaciones es un problema de gerencia que refleja el rostro de un Gobierno Regional que no da pie con bolas a la hora de repartir los recursos para la Cultura insular. No hay dineros para garantizar la permanencia de la institución en el tiempo y sin la ayuda de la Gobernación quedará este museo como el Teatro de Los Robles, La Casa de la Cultura «Ramón Vásquez Brito», La Casa de la Cultura «Cruz Avila Mujica» y otras instituciones del estado como el Centro de Artes «Omar Carreño» a la deriva que fueron en su momento obras emblemáticas de la cultura y ahora son espacios del abandono.

No solo basta con realizar nombramientos pomposos, sino que es el momento de recuperar las instalaciones del deterioro en que lo han dejado los pasos alocados de gestiones incoloras, inodoras e insípidas que han convertido estos espacios en lugares del silencio y la soledad. Los daños en la infraestructura del Museo «Francisco Narváez» no aceptan más perdidas de tiempo porque de lo contrario esas instalaciones se desplomarán definitivamente. No es invocando a la buena voluntad ciudadana como se resuelven estas situaciones porque la crisis agobia no solo al gobierno, sino a los ciudadanos y de aquellas cruzadas realizadas para el mantenimiento de las instalaciones culturales en el pasado, no es fácil impulsar la rehabilitación de un museo que se desmorona de a poquito porque las excusas son los argumentos teóricos para justificar la destrucción de este patrimonio cultural de Venezuela. Pareciera que la cultura no fuese el fuerte de este gobierno regional y menos del Protector, pues todas las casas de cultura, incluyendo el «Lárez Granados» de Juan Griego están por el suelo en la misma proporción de  las 108 escuelas construidas en el Gobierno de Morel Rodríguez Avila.

Citar nombres en cuestiones de la gerencial cultura no es conveniente, pero cómo hacemos para no mencionar a Morel Rodríguez Avila y Arturo Millán en los mejores momentos del Museo «Francisco Narváez» una obra de la venezolanidad que hoy muestra la cara de gobiernos arruinados que dejaron de lado la cultura y el arte para realizar solo tareas populistas que en nada se parecen a una gerencia de altos kilates. No se trata de tomar las riendas de una institución para que un empresario solidario alumbre el Museo «Francisco Narváez», pues como todavía están por esos espacios como directivos algunas urracas del pusevismo, pues que usen sus influencias para que la revolución voltee su mirada hacia el mantenimiento de esta joya patrimonial insular.

Todavía se sienten las pisadas del hijo de Sabina en el Museo «Francisco Narváez» que lo dio todo por mantener la majestad patrimonial de esta obra emblemática de la cultura venezolana, pues para Arturo Millán el museo era parte de su vida, era parte de su alma y una joya que defendió con su honor en cada presentación.

Dios quiera que las autoridades regionales se ocupen de esta joya patrimonial porque no hay tiempo que perder en unas instalaciones que se caen a pedazos, No es el museo un espacio para soñar, sino para luchar con magia y coraje en momentos cuando el escaso compromiso de sus autoridades no pueden dejar al Museo Narváez convertido en un espacio de las tinieblas. Por eso el logro del alumbrado es un pañito caliente porque la procesión va por dentro y ese gigante que está a punto de doblar sus piernas es parte de la identidad neoespartana.

Que quede claro que el Museo «Francisco Narváez» viene eclipsado hace rato por la mala gerencia y la falta de magia. De eso no quedan dudas porque los porlamarenses y ciudadanos de todas partes de la isla, veíamos hace rato su desandar arrastras y su quejumbrosa cruzada por sobrevivir a cada embate de la crisis gerencial, pues como dijo Efraín Subero:»También son culpables de esta crisis cultural de Margarita los que han pretendido ser sumos pontífices del quehacer cultural y ni suman, ni pontifican nada útil. También aquellos que abusando de su fácil acceso a los medios de comunicación social, falsean la verdad a su antojo y repiten la misma irrealidad tantas veces que esta le parece real y ellos mismos se engañan».

ManuelAvila

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