Sobre asuntos transcendentes que para muchos ya es pasado, por Morel Rodríguez Ávila

Convencida como una mayoría está, en cuanto a la absoluta ineficacia del gobierno central para enfrentar con decisión y sapiencia, la aguda problemática económica y social del estado Nueva Esparta, manejo en el cual fallaron estrepitosamente tanto el gobernador como el protector, cada vez resulta peligrosamente reducido el grupo de insulares que elevan su protesta por la gravedad de la crisis que en nuestro territorio se triplica dada su condición de insularidad.  

Eso es, sin duda alguna, altamente lamentable y evidencia cómo los ciudadanos se muestran cansados y molestos por ser víctimas, todos los días, de tanto error, siempre en aumento, de los gobernantes que, a la fecha, no han dado pie con bola en apuntar, al  menos, con una solución que de verdad haga diana, es decir dé en el blanco. Esa decepción es muy dañina. Crece y termina atacando todo el cuerpo social sin que el ciudadano encuentre la atención debida cuando plantea el problema y el remedio necesario, valga decir la propuesta más adecuada, a la realidad que en nuestro estado se vive. 

Preocupa, y mucho, que la frustración se esté aceleradamente apoderando de la colectividad insular; que en sus fuerzas vivas se aprecie un desánimo mayoritario, que intentan superar, inútilmente, algunos cuantos empresarios y comerciantes empeñados en servir, mientras que un grueso número, en todos los sectores, prefieren guardar silencio, bien por miedo o quizás por vaya usted a saber qué clase de compromisos. Lo cierto es que los escasos bautistas que predican en el desierto en que están convertidas Margarita y Coche, reclamando, por ejemplo, el rescate del Puerto Libre, el funcionamiento positivo de todos los servicios públicos y las libertades reprimidas, no son escuchados.  

Su tarea ya no resulta, es lo que parece flotar en el ambiente, un asunto donde la solidaridad y la hermandad, estrechamente unidas, están dando el combate a la desidia oficialista. Se palpa y duele, por supuesto, que ambos temas estén fuera de la discusión pública y que, de vez en cuando, algún lidercillo lo grite en una asamblea de su partido recibiendo escaso aplauso pero no compromisos de reclamarlo a viva voz en la calle, en la alcaldía, en la gobernación o en las oficinas regionales de los organismos nacionales, mientras el grueso de los representantes de la sociedad civil, toda, guarda silencio, esconde el bulto, se hace el desentendido y si acaso protesta lo hará en la sala o la cocina de su casa.  

Es decir, reflotar el buque-insignia de lo que ayer fue, en democracia, el instrumento cierto de nuestra economía, ya no interesa, no es importante. Pareciera que, tratar el tema, es perder el tiempo y, lo triste, es que muchos de los que holgadamente sí se beneficiaron del Puerto Libre, están detrás de las columnas escondidos, temerosos de hablar, de apoyar, de discutir, de analizar, de defender su recuperación. 

Lo que fue un mazazo verdadero dado por el gobierno revolucionario del presidente Chávez a lo que era una palanca cierta de nuestro desarrollo, y que el presidente Maduro terminó de hundirlo, resulta ahora inconveniente para muchos, peligroso también, tema tabú, porque estarían ganando mucho más de lo que ayer ganaron beneficiándose de las bondades del Puerto Libre o porque hoy lo hacen a costillas del desespero del pueblo y no quieren perder. Vaya usted a saber cuál la verdad verdadera.  

Pero lo que todo esto sí refleja es que abandonaron la tarea que se les había entregado, la de  defenderlo. A cambio, vergonzosamente se alejaron, se escondieron, callaron y, por supuesto, otorgaron. Los que están todavía clamando en el desierto el rescate y el mejoramiento de la cada vez más pésima calidad de vida del pueblo insular, siguen guapeando. Ellos no son cobardes. Empeñaron su palabra y, como buenos margariteños y cochenses, junto a los buenos y responsables “navegaos, la están honrando con creces. Vaya hasta ellos nuestro aliento, con fe en que el Puerto Libre y los servicios públicos funcionarán, y con la esperanza puesta en que ocurrirá sin duda alguna cuando también arribe de nuevo la democracia a Venezuela. 

@MorelRodríguezA

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