Pugnas internas marcan proceso de renovación del Partido de AMLO

Medio año después de lo esperado, sin un padrón ‘confiable’ y dejando al descubierto las grietas que separan a su militancia, el partido fundado por López Obrador, Morena, inicia el proceso de renovación de su cúpula directiva. La formación política con más cuota de poder de América Latina busca, entre más de 100 candidatos, un nuevo presidente y un nuevo secretario general que den continuidad al proceso de transformación iniciado por el presidente mexicano.

El resultado de esta contienda electoral marcará el rumbo de la formación política en los próximos años, con la mira puesta en las elecciones intermedias del 2021 y las presidenciales del 2024. López Obrador, absorto en tareas de gobierno y sin ningún cargo de responsabilidad dentro del partido, ha evitado por el momento inmiscuirse a sabiendas de que podría salir perjudicado.

La abrumadora victoria electoral de Morena en el 2018 cambió para siempre la vida de la formación política. En pocos meses pasó de ser una asociación civil con dos millones de afiliados a conquistar 30 millones de votos en las presidenciales, casi el doble de lo conseguido por Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto. La ilusión entre la militancia pronto se tornó en envidias, egos y luchas de poder ante la posibilidad de hacerse con alguno de los puestos de responsabilidad que quedaron vacantes. Lo único que mantuvo unido a Morena fue el amor incondicional por su líder moral, pero, ante la ausencia de éste, las distintas corrientes del partido han vuelto a cavar sus trincheras.

La falta de consenso obligó a retrasar la votación seis meses y, en última instancia, a solicitar al Instituto Nacional Electoral que estableciera las normas y actuara como árbitro. Otro de los asuntos que más debate interno generó fue delimitar quién tendría derecho a participar en los comicios. Unos, los más conservadores, consideraron que solo deberían votar aquellos militantes que estuvieran inscritos antes de noviembre de 2017, lo que dejaba fuera al medio millón que llegó después. Finalmente, el proceso será una encuesta abierta para militantes y simpatizantes y constará de dos fases. En la primera, que finalizó el lunes, se definieron las doce candidaturas (seis a la Presidencia y seis a la Secretaría General) que cuentan con más respaldo para, posteriormente, del 2 al 8 de octubre, escoger a los dos ganadores.

Una de las peculiaridades del proceso es que se rige bajo estrictos principios de paridad de género: si una mujer gana la Presidencia, la Secretaría General la ocupará forzosamente un varón, aunque alguna candidata consiga más votos que él. El ruido mediático y la tensión entre los contendientes se ha intensificado en las últimas semanas. En juego no solo está la dirección de Morena, sino también la posibilidad de ganar favores incluyendo a los fieles en las listas de las elecciones del próximo año (las más grandes de la historia del país por número de puestos vacantes), así como capacidad para influir en la elección del sucesor de López Obrador.

Para José Ignacio Martínez Cortés, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de México, estos comicios se presentan como «el elefante debajo de la alfombra que nadie quería ver» y, a pesar de ser una formación política relativamente joven, considera que «lo que estamos viendo es lo mismo de siempre, el resultado de la historia política partidista de México: partidos liderados por un gran cacique y una lucha intestina, una auténtica pelea de tribus por conquistar el poder». Un total de 105 candidatos se apuntaron a esta batalla, aunque solo cuatro tienen opciones reales de hacerse con la presidencia de Morena.

CUATRO FAVORITOS PARA PRESIDIR MORENA

El más veterano de todos, y el último en inscribirse, es Porfirio Muñoz Ledo. Tiene 87 años y, como López Obrador, también sufrió una curiosa metamorfosis ideológica: después de militar media vida en el PRI, partido que incluso llegó a presidir, aspira ahora a liderar Morena. Su enemistad con Marcelo Ebrard, canciller de Exteriores, es notoria; de ahí que muchos hayan interpretado esta candidatura como un intento por entorpecer las aspiraciones políticas del jefe de la diplomacia mexicana, a quien muchos sitúan como favorito para representar a Morena en las próximas presidenciales. A Muñoz Ledo le gustaría que esa persona fuera Claudia Sheinbaum, actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Ebrard también gobernó la capital mexicana cuando aún se llamaba Distrito Federal, en el 2006. Allí coincidió con Mario Delgado, entonces su jefe de Finanzas y hoy candidato a presidir Morena. Otros dos aspirantes buscan hacer malas las encuestas que dan como favoritos a Delgado y Muñoz Ledo: Yeidckol Polevnsky, empresaria de éxito y ex presidenta de Morena, y Gibrán Delgado, un joven politólogo, con gran respaldo en redes sociales y mucha conexión con las bases del partido.

Las cartas ya están sobre la mesa para estas elecciones que podían parecer irrelevantes, pero que serán clave para conocer la deriva que toma Morena cuando su mesías abandone el Palacio Nacional.

Notiespartano/El Mundo

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