Los pozos de nieve, un atractivo turístico con mucha historia

¿Se imaginan cómo se las arreglaban nuestros antepasados para disponer de hielo y nieve durante el verano? Para conocer más sobre el tema, vamos a explicar en qué consistían los primitivos pozos de nieve.

Son muchas las interrogantes que surgen al pensar en estas construcciones: ¿cómo se elaboraban? ¿Cómo eran capaces de mantener el hielo en estado sólido durante los meses más calurosos del año? A propósito, estos curiosos pozos están hoy más de moda que nunca, eso sí, como reclamo turístico.

Breve historia de los pozos de nieve

El pozo de nieve es una excavación seca, revestida de piedra o ladrillo y provista de desaguaderos donde se almacenaba y conservaba la nieve para su uso en los meses de verano. Generalmente, se trata de estructuras de piedra de diversos tamaños y formas, aunque habitualmente se construían redondos.

Estos pozos servían para almacenar la nieve que caía durante los meses de invierno. Esta se guardaba y prensaba allí para usarla durante los cálidos meses de verano. Más allá de este, los pozos tenían varios usos, que van desde los tradicionales para conservar alimentos, hasta médicos, culinarios y lúdicos.

Los pozos de nieve constaban de dos partes fundamentalmente. La interna es un agujero de profundidad variable excavado en la tierra cuyo suelo estaba totalmente liso y seco.

Estaba provisto de un armazón para que la nieve no tocara directamente el suelo y para facilitar así que el agua derretida escapase por unos desagües para poder eliminar la humedad. Las paredes y el suelo se solían cubrir con materia vegetal, que actuaba como aislante.

La parte externa de los neveros artificiales es una construcción de piedra de forma cónica recubierta por varios anillos de piedra cada vez más pequeños que, al cerrarse, crean una estructura abovedada.

Fabricación y utilización de hielo

Los pozos de nieve servían para fabricar hielo.

Habitualmente, los pozos de nieve se ubicaban en cotas elevadas y en las umbrías de zonas montañosas, y en general en todos los lugares donde las nevadas eran frecuentes. Se utilizaban principalmente para la fabricación de hielo.

Su proceso era muy laborioso y en este intervenían varios operarios, tales como los boleros o peones de fuera, y los empozadores o prisioneros, que se encargaban de aplastar y apelmazar la nieve para que ocupara menos espacio en el interior del pozo.

En su interior, los paleros distribuían la nieve con palas dentro del pozo. De este modo, una vez que se alcanzaba un grosor determinado, se cubrían con ramas, helechos, agujas de pino y pajas que servían de aislante.

Con la llegada del verano, el hielo prensado se extraía, se cortaba y los arrieros, aprovechando el frescor de la noche, lo transportaban en carros hasta las neverías, donde los neveros, también llamados aguadores, lo vendían.

Los pozos de nieve en España

Aunque los pozos de nieve están localizados y repartidos por toda España, hay una gran cantidad de ellos en el litoral mediterráneo, Baleares y en ciudades grandes e importantes, como Madrid, Barcelona, Sevilla o Salamanca. A continuación, os hablamos de algunos de ellos y por supuesto, os recomendamos su visita.

Baleares

En Galileu se encuentra las cases de neu, un depósito excavado a finales del siglo XVII donde los nevaters se introducían para pisotear la nieve y comprimirla con la finalidad de convertirla en hielo.

Desde allí, los jornaleros bajaban las barras de hielo hasta Palma de Mallorca para su posterior utilización con usos medicinales, gastronómicos o simplemente para la conservación de alimentos.

La capital era el principal destino de hielo, hasta tal punto que se promulgó un edicto en 1656 que establecía penas para los que comercializaran hielo en el exterior mientras Palma estuviera desabastecida.

Ruinas de lo que fuera un pozo de nieve en La Serrella, en Alicante.

Castellón

La comarca del Alto Palancia (Castellón) es probablemente el lugar de mayor concentración de pozos de nieve en España. Aquí estaban destinados al abastecimiento de la cercana Valencia, a la que llegaban carros de hielo por la mañana, tras un recorrido nocturno huyendo de las horas de calor extremo.

El Ventisquero de los Frailes es uno de los más grandes y mejor conservados de este conjunto. Está fechado en una inscripción en la roca en 1769 y, además, sus grandes dimensiones recuerdan el poder de su propietario, la Cartoixa de Portaceli.

Salamanca

Salamanca también posee una asombrosa construcción en la que nuestros antepasados almacenaban y conservaban la nieve que traían sobre mulos desde las sierras de Francia y Béjar para convertirla en hielo. Así, luego lo aprovechaban para fabricar helados o sorbetes, como conservante o con fines terapéuticos.

Adosado a la antigua muralla salmantina encontramos un espectacular pozo de más de siete metros de profundidad cubierto por una bóveda de pizarra. Su buen estado de conservación y sus grandes dimensiones atestiguan el poderío de la capital charra siglos atrás. El ayuntamiento de la ciudad organiza visitas guiadas para mostrar esta sorprendente estructura.

Los pozos de nieve, una experiencia refrescante

Indudablemente, nuestros antepasados se las ingeniaron más que bien para combatir las altas temperaturas que azotan cada verano el sur de Europa. En España se sabe mucho del calor, por eso, todo el territorio está plagado de pozos de nieve que hacían más llevadera la vida durante los meses más rigurosos del año.

Visitarlos es una experiencia que te aconsejamos, pues, estés donde estés, seguro que muy cerca puedes hallar un pozo de nieve. De esta manera, podrás hacer en tu viaje un refrescante paréntesis para trasladarte y disfrutar de estas imponentes estructuras de tiempos pasados.

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