Benesuela: abyección y miseria surrealista, por Roberto Hung Cavalieri

La fábrica de abyección

“Besonovov, que estuvo confinado en el primer campo de concentración soviético, del cual escapó en 1925, escribió: “Los bolcheviques han organizado con astucia e inteligencia el presidio de las islas Solovki…, como por otra parte, el gran presidio que es Rusia. Después de privar a la gente de lo más necesario, es decir, del alimento y de un techo para resguardarse, le dieron acto seguido una salida. Si queréis vivir, es decir, si en vez de una plancha de madera de medio metro queréis tener una cama de tablas aparte y una alimentación mejor en detrimento de los demás, entonces convertidlos en jefes. Aplastad a la gente, ya de por sí bastante desgraciada, convertidlos en canallas, denunciad a vuestro hermano, hacedle ir al trabajo completamente desnudo. Sino aplastáis a los demás, estos os aplastareis a vosotros. No tendréis ni una cama de tablas, ni un pedazo de pescado extra, y os moriréis de hambre. Y la gente acepta estos compromisos. Y es muy difícil resistirse, porque se trata de una cuestión de vida o muerte.

(…)

La victoria del torturador es convertir a al víctima en su abyecta réplica

(…)

El propósito de la organización del Mal se cumple cuando el torturado se identifica con su atormentador a un punto en que busca convertirse en él. Rousset, desde su propia experiencia, anota: ¨La víctima y el ejecutor son igualmente innobles: la lección de los campos es la hermandad de la abyección.”

El opositor convertido en chequista, el judío devenido en nazi, el guerrillero argentino vuelto agente de un servicios de inteligencia oficial, ese es el ‘milagro’ que opera la tortura: la verdadera transformación del hombre en lo que no es, en lo que nunca imaginó, más aún, en lo que aborrece ser”.

El mal y los malditos de la historia de Marcelo A. Moreno

Imagínese una persona que haya estado en coma el 31 de diciembre de 1999 y despierta hoy 25 de septiembre de 2020 y te pide que lo pongas al día con lo acontecido mundialmente y en Venezuela en las últimas dos décadas. Llamemos a nuestro personaje José Cristóbal.

Obviemos el tema global, en especial el asunto del COVID. ¿Por dónde empezamos a explicar el caso venezolano? ¿La economía? ¿La política? ¿La seguridad personal? ¿La jurídica? ¿La diáspora?

Vaya tema complejo…

¿Cómo llegamos aquí? Reto a quien sea que argumente y trate de justificar que estamos en democracia y no en un Estado fallido, ante un totalitarismo. Claro que no faltará aquel que siempre atribuya la actual situación a factores externos, que si la injerencia, que las sanciones, y cuanto otro discurso falaz que tratará distraer la atención del centro del asunto.

Nunca antes en lo que un día fue un país, lo que era Venezuela, estuvo a merced de tanta maldad y tanto crimen generalizo, frente a tanta cutrez y tanta miseria, tanta delincuencia, tanto terror.

Otra vez nos preguntamos: ¿cómo llegamos aquí? Recientemente recordaba una adaptación que vi de la obra de Bertolt Brecht, Terror y miseria del Tercer Reich en la que se evocaba cómo al amparo de los ideales del nacional socialismo, este flagelo invadió a la República de Weimar desde adentro, desde el propio Poder Legislativo contralor, con promesas de un gran Tercer Reich que duraría al menos 1.000 años, mientras invadía y parasitaba todas las instituciones políticas y sociales convirtiéndolas en meros instrumentos de ejercicio del poder despótico.

Para sus fines, movimientos como este y tantos otros de vocación despótica hacen uso de técnicas muy similares, las de utilizar las estructuras, las instituciones, los sistemas, para que desde adentro, de modo absolutamente parasitoide, exterminándolas y vaciándolas de todo contenido, quedando nada más que una carcasa dispuesta a recibir cuanta espuria justificación de las acciones quieran acometer los tiranos de turno.

Las ideas de economía y servicios financieros y hasta el propio dinero, no son más que etiquetas para los botines de las cleptocracias, pleonocracias, o será mejor señalar, hezocracias[1]; la administración de justicia, el Poder Judicial, en todos sus ámbitos instancias e instituciones, viles instrumentos de expolio, la participación ciudadana y procesos electorales, solo vulgares fachadas, las ideas de seguridad de Estado y seguridad ciudadana se confunde en la macabra imagen de esbirros que no tienen reparo alguno en la violación de cualquier derecho fundamental o en la comisión de crímenes de lesa humanidad, cuya atrocidad solo puede ser superada por el cinismo por parte de la tiranía y sus acólitos  de señalar mediante el uso de practicados eufemismos y estudiadas falacias (el lenguaje también ha quedado absolutamente vaciado y es utilizado para ocultar la impostura), que actúan inspirados en la paz, la inclusión, la igualdad y la justicia social, temas que bien merecen ser analizados con mayor detalle de como un han sido envilecidos y secos de cualquier valor, incluso los que eran países y sociedades con identidad y cultura pasan a ser meros caparazones sin ciudadanos sino esclavos, sin derecho sino órdenes despóticas publicadas en los medios de divulgación “oficial” y que no sirven sino para oprimir aún más a los otrora ciudadanos que día a día su genuflexión  es más “voluntaria”  y abyecta.

¿Podemos hablar de 1933 a 1945 sobre Weimar o Alemania, o del nacional socialismo o de la Alemania nazi? Pudieran algunos decir que eso no era verdaderamente Alemania sino una impostura. ¿Qué decir de lo que era Cuba desde 1959 hasta hoy? ¿O China desde 1949? Pero no nos distraigamos.

RobertoHungCavalieri

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