El Río Moldava y el histórico Puente Carlos de Praga

La capital de la República Checa es una de las ciudades más bellas de Europa. Uno de los puntos fuertes de esta urbe es el puente que cruza el formidable río Moldava, considerado el más antiguo y bonito de la ciudad.

Toda población con río tiene puentes que permiten integrar las dos orillas. Algunos son robustos y medievales, y otros, modernas construcciones o verdaderas obras de arte. Uno de ellos es el Puente Carlos, que cruza el Río Moldava en su paso por la ciudad de Praga.

Dada la importancia de contar con fuentes de abastecimiento de agua, los ríos son grandes protagonistas de muchas ciudades importantes. A su vez, estos cursos de agua son barreras naturales, y los puentes son la mejor manera de sortearlas.

Te proponemos hacer un breve recorrido por este majestuoso río. Posteriormente, también hablaremos un poco de este famoso puente praguense.

En la Selva de Bohemia nace el curso de agua más largo de la República Checa, el Moldava. A lo largo de sus 430 kilómetros de longitud, este río baña las tierras de la Bohemia meridional y central. También acaricia distintas ciudades, la más importante de ellas es, sin lugar a dudas, la capital checa, Praga.

Las aguas de este río, cuya cuenca fluvial es de unos 28 000 kilómetros cuadrados, se juntan con las del Elba en su paso por la ciudad de Mělník. De este modo, quien lo deseara podría tomar una embarcación en Praga e ir navegando hasta la ciudad alemana de Hamburgo o, incluso hasta el Mar del Norte y más allá.

Durante siglos, una de las principales actividades que se desarrollaban en el río era la del transporte. A raíz de la construcción del embalse de Slapy, a mediados del siglo XX, esta actividad fue en retroceso por la imposibilidad de que las embarcaciones sortearan la presa.

Como no hay mal que por bien no venga, a través de esta obra de ingeniería se logró ofrecer un constante suministro de agua a la ciudad de Praga, y también se aseguró el suministro eléctrico gracias a la central hidroeléctrica allí instalada.

El Río Moldava atravesado por diversos puentes de Praga.

El Puente de Carlos: un poco de historia

La ciudad de Praga fue levantada a orillas del Moldava y, como sucede en cualquier núcleo urbano ribereño, los habitantes se apresuraron a encontrar el modo de integrar ambas orillas del río. Como te imaginarás, el Puente de Carlos no fue el primero de la ciudad.

Antes existieron otros, todos ellos de madera, por lo menos hasta el año 1172. Antes de esa fecha, en el lugar que hoy admiramos el Puente de Carlos, existía uno de madera.

Sin embargo, en el siglo XI una riada lo demolió. Por ello, Wenceslao I ordenó levantar uno de piedra. Este fue llamado puente Judith, por su mujer. Posteriormente, en el año 1342 y tras una trágica inundación, la estructura de piedra se derrumbó.

El puente tal como lo podemos ver hoy en día fue mandado a construir por el rey Carlos IV; de ahí precisamente proviene su nombre, aunque hasta el año 1870 se lo conocía como la Piedra o el Puente de Praga. La construcción de esta estructura está envuelta de leyendas. Una de ellas apunta que el rey tenía totalmente planeada y pensada su construcción.

Destaca la peculiaridad de la fecha en la que se empezó a construir. Fue el 9 de julio del año 1357, a las 5:31 de la mañana. Como ves, todos números impares. También se dice que uno de los elementos que se utilizaba para fortalecer la pasta empleada para unir los bloques de piedra era la yema de huevo.

Sea como sea, la construcción de este puente ha generado una mitología propia y no es de extrañar, pues si para nosotros es una obra maravillosa, para los habitantes de la Praga del siglo XV debe haber significado mucho más.

Algunos detalles y curiosidades del puente

La obra fue llevada a cabo en primer lugar por el maestro Otto, y continuada por el arquitecto favorito del rey Carlos, Peter Parler. Otras obras de este arquitecto son la Capilla de San Wenceslao en la Catedral de San Vito y la torre del puente de la Ciudad Vieja. Finalmente, el puente se terminó en el año 1402.

Esta magia de la ingeniería del momento tiene una longitud de 516 metros por 10 metros de ancho. Esta sostenido por 16 arcos y protegido por 3 torres. Dos de estas torres están en el extremo del barrio de Mala Strana, y la otra, en el extremo de la ciudad vieja de Praga.

Las torres que vigilan el puente

Las dos torres del lado oeste son conocidas como las torres de Mala Strana, y de ellas sorprende su asimetría. Esto se debe a que fueron construidas en épocas distintas.

Una, conocida como la torre de Judith, formaba parte del antiguo puente levantado por Wenceslao I. Tiene una altura de 29 metros y, aunque es de estilo románico, en el año 1591 se le puso un tejado de estilo renacentista. La torre que le hace compañía fue construida en el 1464, es de estilo gótico y tiene una altura de 43 metros.

Por otro lado, la torre de la ciudad vieja, en la parte este, cuyo diseñador fue Peter Parler, también es de estilo gótico; su altura también es de 43 metros. Si quieres tener unas vistas impresionantes del puente de Carlos, del Moldava y de la ciudad, es recomendable subirse a ella.

El Puente Carlos iluminado en la noche de Praga.

Las estatuas no podían faltar en el Puente de Carlos

Los más de 500 metros de longitud están custodiados por diferentes estatuas, la mayoría de estilo barroco y esculpidas alrededor del año 1700. Actualmente, las estatuas que podemos ver son réplicas, pues las originales fueron trasladadas al Museo Nacional de Praga.

La primera estatua que se incorporó al puente fue la de San Juan Nepomuceno, en el año 1683. Es interesante destacar que este personaje fue condenado a muerte y arrojado al río en el año 1393.

Posteriormente, en el siglo XVIII, fue santificado. Se dice que a quien pida un deseo posando la mano izquierda sobre la estatua de San Juan Nepomuceno, se le cumplirá. ¡Habría que probarlo!

Atravesar el Río Moldava por este puente es una experiencia única

En un primer momento, se pensó que en el puente se celebrarían torneos medievales. Desde luego, había lugar para ello. Aunque durante mucho tiempo el puente constaba de cuatro carriles para el tráfico rodado, hoy en día es un paso exclusivamente para peatones.

A pesar de ello, el acto de cruzar el puente puede suponer para el viandante una verdadera carrera de obstáculos. De hecho, las embestidas entre turistas son más frecuentes que los choques entre caballeros durante los torneos medievales que se pudieron llegar a festejar. De todos modos, se trata de un paseo sumamente recomendable para quien visite Praga.

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