Que los sabios de la política respondan sí habrá otra salida que no sea la del voto, por Morel Rodríguez Ávila

Pareciera que vivimos en una Torre de Babel, dado los variados y complicados lenguajes empleados por los líderes de los partidos políticos opositores, a la hora de plantear sus opiniones respecto a la severa crisis que hoy en día sufre Venezuela en todos los sentidos del acontecer nacional. 

Unos y otros compiten por ser lo menos claros posible en materia de definiciones, y lo único que medio se les entiende es que, todos, la gran mayoría de venezolanos también, quieren ponerle punto final al régimen que de manera totalitaria comandan Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello Rondón y Vladimir Padrino López. Pero no aciertan en sus recomendaciones. Por el contrario, divagan en exceso. 

Critican y hasta ofenden de palabra y obra, a quienes les llevan la contraria y se atreven a discutirles, con sustanciales razones, que la abstención planteada por ellos, en la práctica no tiene asidero alguno. 

Así las cosas, el país va de asombro en asombro observando cómo el liderazgo opositor cada vez más se contradice y proclamando a voz en cuello que no se debe ir a votar, olvidan a propósito que su llamado es una violación flagrante del sagrado derecho al voto que los venezolanos tenemos consagrado en la Constitución de la República. 

Nadie en el mundo entero desconoce que la democracia fue defenestrada por el totalitarismo. Y hay coincidencia igualmente en cuanto a la existencia en este punto del planeta tierra de un gobierno en acelerada carrera por imponer el comunismo; propósito que no lo disimulan y, para lograrlo emplean toda clase de represión, amén de implantar su ley y su justicia “revolucionaria”, a través de las írritas asambleas constituyente y su particular bufete, el TSJ. Lo que les faltó, pero tuvieron miedo finalmente, fue quitarle a la dama ciega la balanza para colocarle la hoz y el martillo como arietes. 

Lo que en el país sucede es una situación intolerable, irresponsable y dañina. En ello estamos de acuerdo: hay que ponerle su punto final a la lamentable y vergonzosa historia que están escribiendo los que dirigen “la roja revolución bonita”. La inmensa mayoría de venezolanos responsables y demócratas probados, quieren una Venezuela libre de imperialistas rusos, chinos, estadounidenses, iraníes y de los vividores de nuestro tesoro público, los cubanos del régimen castrista. 

Pero esa probada mayoría notoriamente discrepa de quienes, llaman a la abstención. No entiende por qué, si se quiere una salida pronta, legal y constitucional, una minoría del liderazgo opositor se opone tercamente al voto siendo, como en efecto lo es, el único instrumento válido, natural, pacífico y democrático que facilita colocar donde se debe el punto final que tan urgente y necesario para la paz de la nación resulta. 

Con la abstención nada se gana, todo se pierde, está confirmado. Si esa mayoría sigue el equivocado camino que la minoría dirigente le quiere obligar a transitar, el comunismo terminará de asentarse y el país se irá muy, pero muy lejos a donde todo el mundo sabe. Otra vez, entonces, Maduro y su claque tendrán la mesa servida, campo abierto para “ganar” tan pública y legal como impúdicamente la piedra angular que es la Asamblea Nacional. De suceder así, la culpa no será del pueblo, por no votar, sino de quienes lo obligaron a abstenerse de votar. A cambio tendrán, como recompensa, seis nuevos años de calvario y de hambre de libertad. Ese será el precio a pagar. 

Pero el pueblo, que ya no cree en pajaritos preñados, está claro en esta oportunidad y desoyendo a los que quieren prohibirle su derecho al sufragio, irán a votar contra lo malo, pésimo y corrupto de un gobierno que quiere finalmente someterlo a punta de mazazos. 

El deseo de votar es creciente. Perfectamente lo saben los abstencionistas. Los militantes de los viejos partidos, de las dos AD y de los dos Copei, por ejemplo, lo harán. Pasarán por encima de sus dirigentes buscando ganar la AN, que es ganar la primera batalla. Después ganará, en fila india, la de alcaldes, concejos municipales y gobernaciones. Ya lo verán. 

Votar es la solución. Hacerlo no es traicionar a nada ni a nadie. No hacerlo sí porque se estaría colaborando con la entrega al comunismo de una patria que nació y quiere seguir siendo para siempre democrática, que significa ser verdaderamente libre y soberana. 

Por cierto, en la Torre de Babel en que vivimos, algunas desaforadas lideresas y algunos desaforados líderes opositores, les ha dado por “condenar” a la jerarquía Eclesiástica, porque sus dos cardenales, sus obispos y sacerdotes católicos han convocado al pueblo a ejercer su derecho al voto. Tamaño atrevimiento e irrespeto resulta muestra evidente de hasta dónde ha llegado la diatriba. Se les recuerda que la Iglesia es sabia, y que sus detractores a lo largo de 21 siglos de existencia, sigue siendo de piedra, y sus atacantes siempre han sido derrotados. 

@MorelRodríguezA

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