Entre voto y voto, por Manuel Avila

La crisis política venezolana ha generado una hecatombe en el mundo electoral nacional. Con esa crisis se vino el descrédito de figuras templarias del liderazgo nacional hasta el punto que muchas leyendas de la política venezolana han entrado en un proceso de difuminación al enterrarse vivos ante la sociedad venezolana, es el caso que hombres como Eduardo Fernández, Claudio Fermín, Manuel Rosales, Felipe Mujica y tantos otros en su afán de ayudar a salvar la democracia han dado pasos cruzados que los han dejado malparados ante una sociedad radical que ha terminado odiando mellizalmente a su propios idolos de ayer.

El paso cruzado de Eduardo Fernández al unirse al régimen de Maduro al entregar Copei a figuras desteñidas que nada tienen que ver con la salvación del país y que solo se han dedicado al mecenazgo, a la conchupancia y al tráfico de influencias que han convertido a Copei en una especie de bazar de pueblo sin liderazgo y sin la formación política para conducir un `partido con tanta historia.

Ese error de Eduardo lo llevó a descabezar a hombres de cultura copeyana y humanista como Luís Ignacio Planas y Roberto Henríquez que se la jugaron completa por preservar la historia de un partido verde que ahora está en manos de figuras perversas que nada pueden aportar a la reconstrucción del país y que se convirtieron en instrumentos del proceso para perpetuarse en el poder.

Con ese giro equivocado de la tolda verde se sembró un modelo de la picardía criolla que solo recoge frutos goteados con tufo putrido que en nada contribuirán a la salvación del país.

Por eso con el verdadero líder de la tolda verde encerrado en la Embajada de Chile en Caracas se puso tras las rejas a la verdadera historia de un partido con tradición partidista y por eso es triste ver los rostros de muñecos de cera que solo sirven de espantapájaros a un proceso que le dobló las rodillas y las muñecas a los seudo líderes que mantienen a la tolda verde a los pies del mecenas de turno.

En ese proceso de trasmutación cayó Eduardo Fernández al montar en el poder a un maniquí que solo sabe negociar canongías de todo tipo para mantenerse a los pies del régimen y es triste relatarlo, pero Copei paso a convertirse en un pàrtido de cortesanos que solo saben sonreirle al régimen. Da lástima que existan figuras relevantes de la política nacional que hayan permitido este saqueo a la historia del Copei de Mounier y Chateaubriand, al humanismo de Rodríguez Iturbe y a las potencialidades de una tolda con historia que perdió su norte en medio de un festival del cinismo de la política.

A Copei lo cremaron en una vasinilla y sus militantes no lanzaron ni un solo suspiro meintras ardían en la hogueras los pinos verdes, las hojas de olivo y la lanza usada para orientar el rumbo de la tolda verde.

Uso este relato para ejemplificar lo que vienen haciendo en el país Eduardo Fernández, Felipe Mujica, Bernabé Gutiérrez y Claudio Fermín para intentar entregar la democracia a los salteadores de caminos que han convertido los actos electorales en simples festivales de pueblo.

Tratar de convencer a la gente de que con el voto se salvara al país es una comedia bufa de la mentira electoral nacional y aferrarse al principio del sufragio como sostén filosófico de la demiocracia es un pobre argumento para continuar la ola de robos al voto ciudadano.

Pero ese mundo de locura encuentra a la clase política navegando en un mar de desesperanzas que mantienen en jaque a una sociedad que ha dejado de creer en sus políticos por esas jugadas controversiales de cuadrarse tras bastidores con este régimen nefasto. Esas son las consecuencias de los saltos olímpicos de los jefes de algunos partidos que han comprometido el capital político de la que fue la democracia más sólida del Continente.

Ahora cuando el alacranazgo se puso en boga como consecuencia de la jugada maestra del TSJ al conjugar con la Sala Electoral la división de los partidos del estatus como AD, VP, PJ y Copei, se vino una avalancha en cadena que puso en jaque a los partidos emblemáticos de la sociedad política venezolana. Por eso ahora vemos a figuras desauciadas de la política venezolana sirviendo de mediadores y tratando de fungir como líderes de un alacranazgo infertil, que solo deja huellas de la sangre electoral en las calles del país.

Por eso las jugadas perniciosas de elementos sin credibilidad que aparecen como mesías de la política nacional muestran caricaturescas imágenes que en nada ayudan a la consolidación del voto como instrumento de la democracia, pues es evidente que el ciudadano sabe como se están moviendo los hilos de la política y no es fácil meterle strikes a quienes desde hace rato vienen estudiando el devenir político de la Venezuela atrapada en medio del fuego comunista.

El salto con garrocha de Rafael Simón Jiménez que al ver ardiendo en el fuego de la peridición electoral se vio precisado a eyectarse de la rectoria del CNE porque estaba haciendo el papel de tonto útil a la trampa electoral nacional

Y es que el equivocado hombre del verbo fluido que estaba montado en el asador entendió que su pellejo estaba hirviendo en medio de una descomunal tropelía electorera. Pero quedó muy mal Rafael Simón y ese paso cruzado lo dejó con el pecho pelado ante una sociedad que vio su jugada cantinflérica como un tropezón que malpuso al político e historiador una vez más al quedar como un conejillo de indias del proceso.

Ya Rafael Simón volvió a caer en las redes del régimen porque ya había probado su sabor a hiel en la ANC cuando fue electo por el voto chavista y estuvo comiendo en el mismo plato con la cúpula revolucionaria. Por eso la credibilidad de los políticos se esfuma como pompas de jabón al moverse de lado y lado en ese afán por hacer creer al pueblo que estamos en presencia de figuras iluminadas del contexto político nacional.

En ese mar de confusiones navega una clase política atarantada que se mueve al compás de los hilos siquicos de unos cerebros del régimen que mueven el muñeco de lado y lado al realizar jugadas acrobáticas dirigidas a convertir a los jefes de los partidos en celestinas que imiten a los jefes de Copei que llaman descaradamente a votar porque ese fue el convenio que firmaron para entregar la tolda verde a los brazos del mal. Con tanto limo en el mar le corresponde a los grandes capitanes guiarse por la luz del sol y usando los cerros y la estrella del Oriente como norte de sus pasos en la ruta a la salvación democrática. Así andamos en medio de la oscuridad y corresponde a los políticos respetar la voluntad de 60 países que apuestan desde afuera a la salvación de Venezuela y que verán a quienes se lancen al ruedo como enemigos del mundo democático.

Es necesario evaluar los episodios que vienen para el país y apostar a la grandeza de la historia, pues es evidente que jugar a la ventaja creyendo que de las trampas de la revolución saldrá el rumbo correcto de la historia es un error de soñadores de la política.

Encíclica/ManuelAvila

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