Presidente: sin servicios públicos el país no tendrá progreso alguno, por Morel Rodríguez Ávila

Hay que insistir: todo gobernante, cualquiera su rango y obligaciones, tiene que pensar primordialmente en el bienestar de sus conciudadanos. Fue elegido por quienes le confiaron la búsqueda del camino que los llevase a niveles de una mejor y mayor calidad de vida. Con la obligación también, por supuesto, de enrumbar al país hacia un progreso y desarrollo sustentable, aparte, claro está, del cumplimiento exacto de lo que nuestra carta magna ordena en el manejo propio de todo lo que concierne al Estado, a la República. 

Pero destaca, y es necesario recalcarlo, que ese progreso, ese desarrollo, esa calidad de vida resultará imposible alcanzarlo, aunque sea medianamente si, por ejemplo, los servicios públicos son, en la práctica inexistente s bien porque no funcionan o los rebasan las exigencias, como también porque la ausencia de un adecuado mantenimiento los ha debilitado en extremo.

Que se sepa, sin servicios públicos ningún país tendrá progreso alguno, precisamente porque ellos son piedra angular en el mejoramiento en todo sentido de los pueblos. En especial, los esenciales, como lo son la Electricidad que energiza todo, desde un simple bombillo a una turbina; agua potable, indispensable para la vida, y la que precisa el agro y la cría; transporte para el traslado, por adecuada vialidad extra urbana, interurbana y urbana de personas y toda clase de carga; gas, cuyo yacimiento el gobierno anuncia es tan gigantesco como el petrolífero, del cual se procesa el doméstico que requerimos para cocinar nuestros alimentos.  

Pero, la luz se va a cada rato, quema los aparatos, que el gobierno no paga; el agua tarda hasta cuarenta días sin llegar, y si llega es color tierra; el transporte es un calvario en todo sentido y, de paso, ya son miles y miles los hogares en donde se cocina con leña porque la bombona no llega en meses. 

Aparte, la situación hospitalaria es nada aceptable. Una verdadera lástima y en tiempos de pandemia tan terrible como la que ya ha contagiado a más de 16 millones de personas en los cinco continentes y supera los 700 mil muertos, tan urgente y necesaria de ser atendida sin dilaciones, burocracia y menudeos. Pueden eliminarse las inmensas sumas que el oficialismo invierte en propagar su ideología y su pésimo gobierno, reducir la nómina de tanto ministro y viceministros, guardaespaldas, colectivos y vividores de la cosa pública, para dirigir esos recursos al sector Salud. 

Descuidado igualmente ha sido en estos años de gobierno revolucionario lo atinente al sector Educativo, en todos sus niveles: escuelitas todavía con pozos sépticos y agua, cuando llega; los alumnos sufriendo la carencia de todo, peligrosamente, por ejemplo, de la adecuada alimentación que tampoco en la casa tienen. Liceos asimismo abandonados sin que el gobierno les haya hecho, a la fecha, alguna reparación y, porque no se le pliega ni plegará nunca, se observa el abandono de muchas estructuras de la ilustre UCV, a la cual tampoco a tiempo y requerimientos le llega la obligatoria entrega del dinero presupuestado. 

No hablemos de la protección que está obligado el Ejecutivo a brindarle a la ciudadanía. La milicia, antes que servir de porteros en organismos y objeto de propaganda guerrerista, deberían participar activamente en el cuido de la vida y de los bienes de los venezolanos, ya que las policías municipales y la nacional no se dan abasto combatiendo a tanto delincuente, mientras las muchas policías políticas, incluyendo las militares, se ocupan más de perseguir a quienes no respaldan la ideología gobernante que al cada vez creciente número de bandas criminales. 

Se aplaude, sí, que tengamos dos satélites, pero aquí, en la tierra, el internet en Venezuela es el peor del mundo, por lento y de generación ya superada; que la telefonía también funcione de manera irregular, pero se rechaza que todavía las aguas sucias corran por la calle sin asfalto todavía en las barriadas; que no haya medicinas al alcance de tanto paciente y que la gente siga hurgando en la basura para ver qué pueda comer. 

El gobierno tiene que adquirir conciencia, que visto está sus líderes no la tienen, de la inmensa responsabilidad que les compete en cuanto a garantizarle a Venezuela y a los venezolanos calidad de vida y que de una vez por todas admita que, sin servicios públicos ningún país tendrá progreso alguno. Decir que estamos progresando, entonces, es una mentira, de esas que la revolución, con su gobeliano ardid propagandístico, a cada rato intenta convertir en verdad. 

@MorelRodriguezA

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