Hojarasca política, por Manuel Avila

Cuando el TSJ y su Sala Constitucional decidieron sacar del juego a los partidos políticos tenían bien claro que en la ruta electoral no pueden tener opositores votando en los centros electorales. Es que el voto es el crucifijo contra una revolución que no tiene argumentos para controlar el voto porque la gente quiere cambios después de 22 años en el mando. Eso está bien claro y por eso la partición de las tarjetas de los partidos es parte de la estrategia maquiavélica para redondear de nuevo otro triunfo electoral.

Claro está que el cecenamiento de las cúpulas partidistas no es  una jugada aberrante porque desde la misma oposición los partidos minoritarios y la sociedad civil entera querían hace rato descabezar a una autoridades partidistas que llegaron a creer que el mundo lo tenían en sus manos. Por eso sopla una brisita a quienes hemos combatido a los anclados en las cúpulas partidistas por secula seculorum. De esa manera con el mismo modelo de la muerte a COPEI, PPT,MEP y PODEMOS le llegó la hora a AD, PJ y VP que nunca pensaron que venían a arrebatarle las siglas y las tarjetas.

Llegó ese día con AD matando a su propio hijo al entregar el cuchillo a Bernabé Gutiérrez para que dejará en el camino el mito Henry Ramos y lo condenara a una muerte política lenta, pues al final del cuento los adecos se cuadrarán con El Piaroa y dejaron sin armas políticas al Henry que se creyó dueño y señor del juego político en Venezuela. Es ahora cuando El Piaroa se alzó contra el liderazgo del Presidente de AD dejando a los blancos en la incertidumbre de decidir que camino tomar, pues a los que les gusta el voto como arma electoral se irán con Bernabé y los románticos del adeismo se quedaran con Henry Ramos su eterno jefe.

En PJ hace rato Julio Borges le dejó el pelero a los amarillos y se fue a Nueva York a jefear desde el exterior a un partido que se empezó a quedar sin líderes y en luchas sin rumbo que terminaron con la mayoría de sus figuras tratando de hacer política desde el exterior en una pelea invisible por mantener el poder. Eso pasó en casi todos los estados donde PJ tenía fuerzas y condenó al partido amarillo a la atomización de su rada de acción.

Y a VP fue el último que le dieron un astazo al quitarle su tarjeta y sus símbolos para condenarlo a vegetar entre consignas y sueños de volver a tener el poder ocasional. Solo les quedó Guaidó como comodín que sin franela está unido umbilicalmente a la tolda naranja y es su única esperanza en estos tiempos de turbulencia política.

Solo queda UNT y Avanzada Progresista como partidos nacionales, pero son los partidos de Rosales y Falcón, figuras cuestionadas por su cercanía con el régimen los únicos qe de manera extraña no han sido tocados por la Sala Constitucional del TSJ, planteamiento que es observada como extraña por los analistas políticos del país.

Ante esa realidad política nacional solo queda la sociedad civil como instrumento para luchar contra el régimen y empujar el voto para salir de un gobierno con 22 años de pésima gestión que los pone en la picota ante la decisión del soberano.

Aquí se presenta la disyuntiva de ¿Votar o no votar? que se convierte en la panacea electoral del momento y manzana de la discordia entre los venezolanos. Los argumentos son válidos de lado y lado, pero terminan siendo ideas sueltas que no concretan posibilidad de construir la unidad nacional porque los ciudadanos se debaten entre las dos posiciones. Si partimos del principio de las declaraciones del General Padrino López donde sostiene que el gobierno seguiría en el poder por siempre es una clara muestra que el voto es el crucifijo que pone a temblar al régimen, pues ni un solo argumento tiene el gobierno para ganar algún proceso electoral.

Por otra parte la tesis contraria sostiene que ir a elecciones con un CNE formado por 5 chavistas es un suicidio y que se repetirá la misma película con votos a favor del régimen en todas las entidades del país. Nadie ha tocado el tema del voto manual que es aplicado en casi todos los países del planeta y con grandes resultados que evitan la trampa electoral como materia. Por supuesto veremos de que material está hecho el bocazas Rafael Simón Jiménez que habla hasta por los codos y no sabemos que hará a la hora de enfrentar los colmillos de los otros 4 rectores cuadrados con el régimen.

Lo cierto del caso es que «La hojarasca electoral» envuelve a una nación quebrada en lo económico con un modelo fracasado con grandes costras sociales y en un escenario volatil en lo político y lo militar. Esa es la realidad que presencian los venezolanos en medio de una pandemia que se lleva en sus alas miles de vidas y mantiene arrinconados a millones de almas que carecen de recursos para su alimentación y no tienen los ingresos para atender a sus familiares en las clínicas del país donde  el sistema de salud colapsó hace buen rato.

Ante esa panorámica compleja que se le presenta a Venezuela son los venezolanos los encargados de elegir entre votar o no votar, pues es evidente que todo el mundo está claro en un 90% que hay la necesidad de cambiar el gobierno. Con unos partidos marruñecos por obra y gracia de las decisiones judiciales y unos líderes que salieron espavoridos huyendo ante la amenaza de cárcel, no quedan dudas que estamos atravesando el peor momento de la historia política nacional. Si tomamos en cuenta que no tenemos instituciones confiables y que todas esas dependencias están a los pies del régimen, es evidente que le corresponde a la sociedad el reto de enfrentar con su coraje el cambio que necesita la República.

En estos 22 años de gobierno revolucionario se fueron deteriorando las instituciones y el manejo del poder quedó en manos de un grupo selecto de revolucionarios que ya probaron que no le interesa la suerte del país, sino llenar sus arcas. Ese es el viento que tiene en contra el proceso, pues carecen de líderes y solo apuestan a mantenerse en el poder. Por su parte la oposición no termina de cuajar la Unidad por ninguna parte y saben que ese es el antídoto para salir de la revolución y aún así no cristalizan la propuesta.

En Nueva Esparta la falta de gobierno tanto del Gobernador como del Protector genera una estado de desolación que mantiene en ascuas a los insulares y apuestan a la aparición de alguien que le saque las castañas del fuego a los que no han podido resolverle los problemas a la gente. Esa inceridumbre hizo aparacer desde ya la figura mesiánica de Morel Rodríguez que se asoma con su gestión con los argumentos para resolverle la papeleta de la gobernabilidad a una región huérfana de gerencia pública.

En esa hojarasca electoral la gente opina libremente en las calles y busca las figuras que más allá del fanatismo partidista le ofrezca soluciones a un pueblo que se muere a menguas en medio de la pandemia y con una crisis de grandes proporciones que convierte al país en tierra de nadie. Así andamos en un país sin rumbo que ve el paso de 22 años de pérdida de tiempo y donde solo aferrarse al poder es la única consigna.

De todas maneras los líderes locales que se fueron al exterior perdieron el saco y los cangrejos porque ya no regresarán  porque sin tarjetas y sin posibilidad alguna de ser electos no pueden regresar a nadar contra la corriente. En esa calamitosa situación están muchos seudo líderes que solo tuvieron poder por estar en la juntilla de los 4 compadres, pero se les acabó su tiempo de parranda.

Esta realidad política cambió en medio de la hojarasca política y solo se espera la aparición de nuevos líderes que muestren la gestión como consigna para que el pueblo tenga esperanzas en nuevas figuras que apunten a los cambios de estilo en la forma de gobernar.

Encíclica/ManuelAvila

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