La Fábrica de cerveza Guinness en Dublín

Es una de las visitas obligadas si se viaja a Dublín y no sin razón, ya que hasta la fecha la fábrica de esta cerveza es tan extravagante como los premios que el bueno de Guinness propuso llevar a cabo. Actualmente, puedes visitar esta fábrica que, en sí misma, es un récord Guinness al albergar «la pinta más grande del mundo». ¿No entiendes nada? ¡Pues nosotros te lo contamos todo!

Fábrica de cerveza Guinness

Antes de iniciar nuestra visita a la fábrica Guinness te damos algunas claves para que sepas más acerca de las tarifas y horarios de uno de los lugares de interés de la ciudad dublinesa que mayor interés despierta entre los viajeros.

  • Cómo llegar: hay varios autobuses que te dejarán en la fábrica, aunque desde el centro de la urbe apenas se tarda 25 minutos.
  • Gravity Bar o dónde conseguir un vaso de pinta Guinness «por la cara»: es tradición llevarse el vaso. Un souvenir muy recomendable para esa persona especial.

Un recorrido por el edificio principal de Guinness Storehouse

Fábrica de cerveza Guinness

Este edificio se compone de seis plantas que tienen forma de cerveza. Está dentro del Libro Guinness de los Récords, por supuesto, ya que este libro tiene que ver mucho con la empresa.

En la planta baja podrás ver el contrato de arrendamiento firmado por 9000 años por Arthur Guinness en 1759. También, en esta planta hay una pequeña exposición.

En la primera planta descubrirás más acerca del proceso de elaboración y conocerás la sala de la antigua maquinaria, incluyendo un alambique y un tostadero.

En la segunda planta conocerás las campañas publicitarias de la marca. Una de ellas llevada a cabo en 1916 consistió en tirar botellas con mensajes al mar. No sabemos si ahora esto estaría permitido pero, desde luego, fue una revolución en su momento.

La tercera planta está dedicada a los juegos interactivos. 

Fábrica de cerveza Guinness

En la cuarta planta te encontrarás con una exposición sobre la historia del edificio.

En la quinta planta vivirás una de las experiencias que más recuerdan los visitantes, ya que pueden aprender a tirar su propia pinta.

En la sexta planta, el Gravity Bar es el punto final de esta mágica visita. Y, por supuesto, culmina con una pinta y unas vistas espectaculares de la ciudad irlandesa.

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