La importancia del voto en la Venezuela de hoy, por Morel Rodríguez Ávila

La importancia del voto. Sufragar es un derecho inalienable y los venezolanos, en su inmensa mayoría, así lo han entendido, aceptado y ejercido. Está probado. Podría decirse que entre nosotros es una costumbre. Los que somos responsables con el futuro inmediato del país, estamos convencidos que votando el pueblo se traza el mejor de los caminos Al distinguir entre los liderazgos a quienes considera capaces para conducirlo, sin lugar a dudas reitera su indiscutible apego al sistema democrático. Votando se ratifica a un gobernante o se le reemplaza por otro que el votante cree desde honesto y sincero a inteligente y verdaderamente capaz de conducir la nación hacia niveles de grandeza.

La importancia del voto. Legalmente, un acto muy sencillo, pero de altísimo grado de civismo y para la paz nacional altamente importante y en estos tiempos prioritario,

Claro, en una democracia auténtica sucede de este modo. En la nuestra, tan golpeada, violentada y abiertamente debilitada, el sufragio tiene un alto número de ciudadanos que lo aprecian y, por supuesto, del otro lado el rechazo no es nada ajeno. Para este último porcentaje sobran las razones: manipulación, desconfianza, desconocimiento de resultados, abuso de poder y peculado, entre otros males, que los rectores salientes no se molestaron en investigar ni menos en condenar.

Los que, a pesar de tantas anomalías insisten en votar, también son muchas y fundamentales sus opiniones. Sostienen que, votando, se le abre a la democracia la oportunidad de encontrarle salida a la crisis política que, a su vez, gravita y pesa en contra del natural interés que tiene el país de mejorar la crisis económica y la crisis social.

Si la mayoría no vota, la crisis política no podrá resolverse.

Por el contrario, habrá de empeorar, pues, absteniéndose esa mayoría, el gobierno tendrá el camino expedito para su atrincheramiento en Miraflores.

Si la mayoría no vota, tampoco lo económico tendrá final feliz.

El gobierno continuará en su perniciosa tarea de empobrecerlo todo con sus medidas en gran modo inconvenientes que, a la fecha, antes que buscar el progreso lo que han generado es impedirlo, dado su enfermizo anticapitalismo. A propósito, o porque no son inteligentes, obvian que sus mayores aliados, Rusia y China, aunque siguen siendo comunistas, sin embargo, han derivado al capitalismo en el manejo de sus economías, conscientes como están de que su decimonónico estatismo, sus ataques contra la libre empresa y su perjudicial centralismo, no les generaron beneficio alguno sino puras perdidas.

Votar en esta encrucijada en que hoy en día se encuentra la república constituye una obligación. Su explicación es muy sencilla: si se vota masivamente la democracia gana. De lo contrario, pierde. Y si pierde la culpa, una vez más, será de quienes llaman a la abstención y, aunque sus razones se respetan, pero la gran mayoría no comparte, en esta hora en que Venezuela quiere paz, votar es asegurarle al país un claro y mejor futuro. No hacerlo, se reitera, es ensombrecer mucho más el horizonte nacional para que el país siga su acelerada carrera hacia el barranco.

Hay en la calle un sentimiento favorable al voto. Las autoridades partidistas bien lo saben. Un deseo creciente cada día que se palpa, se siente, se comprueba. La gente quiere votar. Y lo hará. Aunque las directivas decreten la abstención, la militancia acudirá a cumplir su compromiso con Venezuela.

Y en cuanto a si es legal o no el nuevo CNE, la omisión legislativa en que incurrió la AN actual, por su incomprensible retardo en designar los nuevos rectores, es la culpable. Lamentablemente, tan grave error y tardanza reprobable, de la cual aún no hay explicaciones válidas por parte de quienes tenían en sus manos esta tarea constitucional, fue la que permitió que el TSJ, porque así lo estipula la Carta Magna, procediera como en efecto procedió

Desde luego, si en las mesas electorales la oposición no hace lo que debe hacer, vigilar, vigila, vigilar y hacerse respetar defendiendo los votos, pues pasará lo que en los últimos comicios ha pasado. Para evitar cualquier trampa o trampita, hay que comenzar, desde ya, a demandar que los observadores internacionales, por ejemplo, no sean todos de la misma camada, es decir sordos, mancos y mudos a la hora de hacerse los locos a una, cientos o miles de potenciales denuncias antes, durante y después del venidero 6 de diciembre. Guerra avisada, no mata a votante. Por el contrario, lo fortalece al advertirle dónde está el peligro.

@MorelRodríguezA

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