El abandono sigue abriendo grietas en la UCV

Tristeza y rabia fue lo que sintió Paulina Villanueva, hija de Carlos Raúl Villanueva, al ver las imágenes del techo desplomado en el corredor número 5 del pasillo de la Ciudad Universitaria de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Patrimonio Mundial de la Humanidad desde el 2 de diciembre del año 2000.

Para Carlos Raúl Villanueva, recuerda Paulina, directora de la fundación que lleva el nombre de su padre y que vela por la difusión y estudio de su obra, la UCV significaba todo. «La Facultad de Arquitectura era como su tercera casa, siempre he dicho eso. No hubo proyecto para mi papá más sentido y que tuviera más significado que esa universidad. Ninguno», afirmó la arquitecto, quien impartió clases durante 25 años en la casa de estudios.

El derrumbe del techo ocurrido en medio de las fuertes lluvias del 17 de junio generó tal indignación que movió a docentes, estudiantes y egresados a emprender campañas de donación. También despertó muchas especulaciones. Todavía no ha sido publicado el diagnóstico preliminar para explicar qué fue lo que sucedió.

En eso trabaja un grupo de expertos bajo la conducción del Consejo de Preservación y Desarrollo de la UCV (Copred), dirección adscrita al rectorado encargada de preservar el desarrollo del patrimonio edificado, artístico y natural de la Ciudad Universitaria desde que la institución fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

El lunes 22 de junio se realizó una primera reunión técnica en la que se presentó un primer informe que señalaba que el colapso no se debía a un problema de mantenimiento sino estructural, explica la arquitecto Aglais Palau, directora del Copred. «Es un problema que hubo con los tensores. Pero no hemos llegado a una conclusión inmediata porque hay que hacer un diagnóstico preliminar. En este momento estamos recolectando toda la información, los antecedentes y lo que se ha hecho en los 50 años que tiene ese corredor», dijo.

La Ciudad Universitaria cuenta con más de 1.400 metros de pasillos techados.

En un comunicado, Copred detalló que el 17 de junio colapsó la viga 13 del techo y los tramos 12-13 y 13-14. Y en la inspección preliminar en el sitio lo más relevante que se observó fue una desviación significativa de la posición de los cables. «Estas desviaciones no parecen reflejar el resultado de un proceso industrializado, como sería la construcción de estas vigas en serie; más bien es consistente con la construcción de un elemento particular con menor rigor», dice el documento. A estas observaciones la dirección añade el testimonio de un colapso ocurrido a finales de la década de 1960, que llevaría a pensar que este tramo pudiera ser una reconstrucción.

Respecto al techo caído hace más de 50 años, el decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Gustavo Izaguirre, explicó que sucedió entre 1969 y 1970, pero en los primeros tramos del pasillo, no en el que colapsó el 17 de junio. «En ese momento los cables de los tensores fallaron y se cayó el techo. Pero fue más sencillo levantarlo, ponerle cables nuevos y tensarlo».

Sin embargo, subraya el comunicado de Copred, es necesario completar estudios forenses y advierte que estos casos no se resuelven solo con una inspección visual.

Los techos de los más de 1.400 metros de pasillos de la UCV tienen características complejas que terminan en una estructura armónica: son voladizos de más de 6 metros de ancho que se apoyan en un solo punto y que luego se tensan, explicó la arquitecto y profesora de la UCV Melin Nava. «Fue muy osada esta estructura en su época, pero el cálculo y la masa está realizado de manera tal que soporte esa carga», agregó.

Sobre si era o no posible evitar el colapso, Palau dice que esto no es algo que se pueda prever con precisión: «Hacemos inspecciones regularmente, tomamos previsiones. Hay factores, como el sismo, que tenemos que tomar en cuenta. No sabes cuándo va a pasar y el sismo pudo haber provocado que la losa cediera. ¿Que pudo haber sido así? No te podría decir, pero hay una serie de elementos que influyen: el medio ambiente, la lluvia, los tensores que van cediendo. Son edificaciones que tienen más de 50 años».

Para Nava, en cambio, sí era posible evitar lo ocurrido. «Si haces limpieza regular y se mantienen destapados los drenajes, y haces lo correcto para hacer mantenimiento, pudo evitarse el colapso del techo. Se hubiese podido dilatar, retrasar», afirmó la profesora, quien considera que el deterioro del patrimonio cultural tanto en la UCV como en el país se debe a que en la sociedad venezolana hay grandes limitaciones para comprender la importancia y los procesos del patrimonio cultural arquitectónico. «Esa es la gran tragedia, desde mi punto de vista, que tiene el patrimonio venezolano», lamentó.

En la década de 1960 hubo derrumbe que fue rápidamente reparado, confirmó el decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo.

Olvido del Estado

Si la estructura de la UCV se ha mantenido en el tiempo ha sido gracias a la rigurosidad con la que fueron construidas sus edificaciones, pues desde 2008 el aporte del Estado a las instituciones autónomas se ha reducido a cantidades ínfimas. En la actualidad, de acuerdo con el decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, el presupuesto apenas cubre 10% de las necesidades de la institución.

«Siempre digo que en la antesala del despacho del rectorado hay un diploma de la Asamblea Nacional del año 2001 en el que se comprometió con que no faltarían recursos para la universidad para el mantenimiento de sus edificaciones y el campus. Ese papel quedó ahí, letra muerta», ilustró el arquitecto.

El presupuesto apenas alcanza para tres meses y solo para hacer limpieza de pasillos y salones. El resto se cubre gracias a donaciones de estudiantes, profesores y empresas.

Izaguirre explica que de las 87 edificaciones de Ciudad Univesitaria se les debería aplicar impermeabilizaciones a 9 cada 6 o 7 años. Pero desde hace mucho tiempo, afirmó, no se han podido hacer de manera programada al no contar con asignación presupuestaria. De hecho, aseguró que para 2020 la Oficina Nacional de Presupuesto (Onapre) no permitió a las universidades incluir en su solicitud recursos para construcción ni mantenimiento, y para 2021, subrayó, se espera lo mismo.

Paulina Villanueva da cuenta del deterioro: «Las últimas veces que he ido a la Facultad de Arquitectura se me ha roto el corazón al ver las escaleras sucias, los ascensores dañados. No funcionan los baños, hay filtraciones en las oficinas administrativas. El panorama es complejo. Los profesores y alumnos deben recoger para comprar los bombillos. Las condiciones son dantescas».

«No hubo proyecto para mi papá más sentido y que tuviera más significado que esa universidad», afirma Paulina Villanueva, hija de Carlos Raúl Villanueva.

La profesora Melin Nava recuerda que después de la declaratoria como Patrimonio Mundial, la UCV vivió un buen momento que duró siete u ocho años. Se logró, comentó, un consenso entre todos los actores institucionales, técnicos, sociales para mejorar las condiciones de mantenimiento, lo que permitió actualizar las redes eléctricas o las de suministro de agua en algunos sectores.

Luego comenzó un debilitamiento que terminó en el deterioro del patrimonio. «Pasas por el pasillo de Ingeniería hoy día y es evidente el colapso. Paredes y murales rayados, vandalizados, grietas, vegetación. Es preocupante».

Luis Bergolla, gestor cultural e impulsor de CCSen365, un programa de reinterpretación patrimonial que impulsa el recorrido peatonal urbano y el disfrute del patriomonio para la reconciliación con la ciudad, considera que lo ocurrido debe despertar a estudiantes, profesores y autoridades del Estado.

«El colapso parcial del techo en el corredor número 5 demuestra lo que vivimos en materia de conservación, pero también es un síntoma de lo que vivimos como sociedad en crisis. La gran pregunta que hago como una persona que impulsa a ejercer el derecho a la ciudad: ¿esto es lo que tenemos que pagar los venezolanos para activarnos y hacer una movilización en favor del patrimonio?», expresó Bergolla, quien recalcó que no son simples techos los que recubren el pasillo de la UCV, sino una trama que conecta las facultades y que funciona como espacio de estancia y contemplación.

«Eso es exactamente lo que se logra en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía con el trabajo de Carlos Cruz-Diez: ¿por qué hay tantas personas tomándose fotos allí? ¿Y por qué hay tantas personas en los pasillos cubiertos con sillas, estudiando, hablando, compartiendo, jugando? Porque la calidad espacial de estos pasillos es tan noble que te invitan a quedarte allí. Y si le pones un pizarrón se transforma en aula de clase. Yo no he visto eso en ningún campus universitario, y me he preocupado por visitar varios», agregó.

Considera que debe haber voluntad política en los ámbitos nacional, regional y local para ejecutar planes en favor del patrimonio. «No le puedes echar la culpa a uno. Si tienes tres niveles cómo es posible que nadie haya asumido una voluntad desde los recursos disponibles, en el actual panorama, que es bien agudo. Crisis económica, de migración, pero no puedes, con todos esos problemas, decir que el patrimonio vale menos porque el patrimonio, en este momento de crisis, lleva el sentido de identidad y orgullo que te va a permitir un proceso de resiliencia».

El gestor cultural Luis Bergolla destaca que los pasillos cubiertos de la UCV son espacios para la estancia y la contemplación.

La directora de Copred indicó que por ahora no han recibido ningún tipo de ayuda económica. Destaca donaciones, como una realizada por el Banco Mercantil para restaurar el mural de Oswaldo Vigas del rectorado. «Son donaciones que vienen por medio de empresas para restauraciones de ciertas obras de arte, pero ahorita no nos ha llegado ningún tipo de ayuda económica».

Apoyo a la UCV

El siniestro del 17 de junio movilizó a estudiantes y egresados para buscar fondos destinados a la universidad.

La Asociación de Egresados y Amigos de la UCV puso a disposición una cuenta bancaria para hacer transferencias en bolívares a la universidad.

La campaña ha sido publicada tanto en Twitter como en Instagram. Para ayudas en dólares hay una cuenta en Zelle y otra en Paypal. Después de realizar el aporte la persona debe escribir a la organización vía correo para notificarlo.

Notiespartano/ElNacional

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